El mercado laboral chileno cerró el trimestre mayo-julio con un nuevo deterioro, marcado por una menor generación de empleo, un aumento del desempleo y una pérdida de calidad en los puestos existentes.
Los datos recopilados por el think tank Horizontal muestran que, frente al mismo período del año anterior, había 16.292 empleos menos. Se trata de un resultado particularmente significativo dentro de la serie histórica: al excluir los años afectados por los confinamientos por coronavirus, es la primera vez en 15 años que se registra una destrucción interanual de puestos de trabajo.
La evolución de las tasas laborales confirma el empeoramiento del escenario. La proporción de personas ocupadas sobre la población en edad de trabajar se redujo 0,59 puntos porcentuales en doce meses, hasta 55,9%. Al mismo tiempo, la tasa de desocupación aumentó 0,83 puntos porcentuales, hasta 9,5%. La participación laboral, en tanto, prácticamente no varió y se ubicó en 61,7%.
El deterioro, además, no se limita al número de puestos disponibles. También empeoraron las condiciones de quienes permanecen empleados. El Indicador de Calidad del Empleo (ICE) de Horizontal se situó en 68,4%, 1,2 puntos porcentuales por debajo del nivel registrado un año antes. En términos absolutos, 127.800 trabajadores que anteriormente cumplían las cuatro condiciones utilizadas por el indicador para identificar un empleo de calidad dejaron de hacerlo.
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Entre los factores detrás de esta caída aparece una mayor necesidad de buscar un segundo trabajo entre quienes ya tienen una ocupación. El ICE incorpora, además, variables vinculadas con la formalidad laboral, como las cotizaciones previsionales y de salud, la existencia de un contrato y la ausencia de subempleo. El retroceso fue transversal: el índice cayó 0,5 puntos porcentuales entre los hombres y 2,2 puntos entre las mujeres.
La composición del mercado laboral también muestra un cambio desfavorable. En un año, el número de trabajadores formales se redujo en 54.100, mientras que los informales aumentaron en 37.800. De esta manera, la pérdida neta de empleos se concentró en el segmento formal, mientras que el crecimiento de la informalidad permitió contener parcialmente el descenso de la ocupación.
Otro indicador que refleja la presión sobre el mercado laboral es la tasa de subutilización de la fuerza de trabajo, que alcanzó el 23,1%, con un incremento de 1,2 puntos porcentuales respecto de un año atrás. El principal factor detrás de este aumento fue el crecimiento del desempleo: la cantidad de personas desocupadas aumentó 10,4%, lo que equivale a 92.071 personas más en búsqueda de trabajo.
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En conjunto, las cifras describen un mercado laboral que enfrenta una combinación poco favorable: menos puestos de trabajo, una mayor proporción de personas sin empleo y un deterioro de las condiciones de quienes continúan ocupados.
La propuesta de Horizontal
A partir de este escenario, los analistas de Horizontal señalaron en la cuenta de X del think tank: “Los datos muestran que necesitamos medidas estructurales para enfrentar esta crisis. Tenemos un sistema laboral que se debe adaptar a las nuevas formas de trabajo del siglo XXI”.
Según Horizontal, entre las medidas que se deberían adoptar están “aprobar el proyecto de sala cuna universal y avanzar en políticas de cuidados para el ciclo de vida de hijos; promover la adaptabilidad laboral, protegiendo los derechos de los trabajadores; modernizar la indemnización por años de servicio; y promover la inserción temprana de jóvenes”.













