Inestabilidad política de Perú erosiona su atractivo minero antes de las elecciones

El momento es crítico para la industria del cobre. Mientras se espera que la demanda aumente por la electrificación y la construcción de centros de datos, los mineros luchan por traer suficiente oferta nueva.

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Un camión descarga mineral de cobre en una planta de procesamiento en Nazca, Perú. Fotógrafo: Musuk Nolte/Bloomberg
Por James Attwood - Carla Samon Ros

Bloomberg — Los ricos yacimientos y los bajos costos han convertido a Perú en una superpotencia minera. Pero mientras los peruanos se preparan para elegir a su noveno presidente en una década, la industria está perdiendo competitividad justo cuando se acelera la demanda de minerales críticos.

La agitación política está exacerbando los retrasos en la concesión de permisos y la propagación de la minería ilegal, incluso cuando la producción y la inversión van en aumento. Perú ya ha cedido su posición de segundo mayor productor de cobre a la República Democrática del Congo y, aunque los funcionarios han identificado más de US$60.000 millones en posibles inversiones, el valor de los proyectos programados para iniciar su construcción en los próximos años está a punto de caer.

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“Lo estamos perdiendo”, dijo el veterano ejecutivo minero Víctor Gobitz, director de la empresa de cobre Quilla Resources Inc. “Si el Estado quiere que esto se desarrolle, lo primero que tiene que hacer es acelerar todo el tema de los permisos. Los proyectos mineros no son ciencia nuclear”.

El momento es crítico para la industria del cobre. Mientras se espera que la demanda aumente por la electrificación y la construcción de centros de datos, los mineros luchan por traer suficiente oferta nueva. Perú, que posee las terceras mayores reservas de cobre del mundo y una cartera de grandes proyectos sin desarrollar, se considera una fuente clave del futuro crecimiento de la producción.

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Valor total de los proyectos mineros cuya construcción está prevista que comience.

El telón de fondo ha dejado a la industria frustrada - y nerviosa - ante una segunda vuelta presidencial el 7 de junio que enfrenta a dos candidatos de extremos opuestos del espectro ideológico. Keiko Fujimori, la conservadora hija del expresidente Alberto Fujimori, se enfrenta al izquierdista Roberto Sánchez, ministro en el efímero gobierno de Pedro Castillo.

Los ejecutivos mineros reunidos en una conferencia en Lima la semana pasada declinaron respaldar abiertamente a ninguno de los dos candidatos, pidiendo en cambio mayor claridad política y estabilidad independientemente de quién gane.

Rotación vertiginosa

No solo la rotación a nivel presidencial es motivo de preocupación. Perú también está a punto de tener su vigésimo ministro de minería en una década, con una rotación que se ha acelerado en los últimos años. Eso ha hecho que su proceso de concesión de permisos sea aún más difícil de navegar.

“Discutes cómo vas a resolver un asunto con las autoridades, dicen que están de acuerdo, e inmediatamente después vuelven a sustituir a la persona”, dijo Raúl Jacob, director financiero de Southern Copper Corp. “Está claro que toda esta inestabilidad política no ayuda”.

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La empresa de Jacob lleva más de dos décadas esforzándose por desarrollar la mina Tía María en el desierto costero del sur de Perú en medio de la oposición de la comunidad y del gobierno. Mientras Tía María avanza por fin, otro proyecto del sur se enfrenta a la minería ilegal en su zona de concesión.

Los ejecutivos mineros dicen estar preocupados por las propuestas de Sánchez de ampliar el papel del Estado en la economía, reescribir la Constitución favorable al mercado y eliminar gradualmente los tajos a cielo abierto. Ha intentado emplear un tono más moderado de cara a la segunda vuelta, prometiendo mantener los impuestos, reducir la burocracia de los proyectos, luchar contra los mineros ilegales y respetar la propiedad privada, las inversiones y los contratos.

Roberto Sánchez.

La etapa de Castillo en el cargo estuvo marcada por un repunte de los conflictos sociales relacionados con la minería, como los bloqueos de carreteras por parte de las comunidades que interrumpen las operaciones. Es posible que Sánchez adopte un enfoque igualmente blando ante los conflictos y podría influir en los organismos reguladores de los que dependen las minas para obtener permisos, dijeron los ejecutivos. Su equipo no respondió a las solicitudes de comentarios.

Una victoria de Sánchez podría desencadenar el tipo de fuga de capitales que Perú experimentó en 2021, cuando el ahora encarcelado Castillo se encaminó inesperadamente hacia la victoria, según los participantes en la conferencia. “Habría un retroceso”, dijo Roque Benavides, presidente de la productora de metales preciosos y cobre Cia. de Minas Buenaventura SAA. “Incluso podría ser peor”.

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Sobre el papel, la postura proempresarial de Fujimori es mucho más atractiva para la industria minera formal que la de Sánchez, pero no es la panacea. Miembros de su partido han votado a favor de ampliar un sistema que otorga un estatus legal temporal a los mineros informales, que según la industria no hace más que servir de resquicio para la minería ilegal.

Los mineros informales han invadido las concesiones de algunas empresas, impidiendo el desarrollo de Perú. Es el caso de la extensa mina de Las Bambas, explotada por la empresa china MMG Ltd., donde miles de mineros comunitarios excavan en el lugar que MMG ha destinado a un tercer tajo abierto.

Keiko Fujimori.

Si Fujimori gana pero no aborda las desigualdades percibidas en la forma en que se distribuyen los ingresos mineros, el sentimiento antiminero en las regiones rurales más pobres podría intensificarse, según los ejecutivos mineros. El equipo de Fujimori no respondió a una solicitud de comentarios.

Aún así, señalan la resistencia de la industria durante anteriores episodios de agitación política. Algunos restan importancia al riesgo de que las elecciones puedan descarrilar las inversiones a largo plazo, dado que los proyectos se desarrollan a lo largo de décadas. Además, las propuestas radicales serían probablemente anuladas por el Congreso, que está a punto de volver al bicameralismo y se inclinará más hacia la derecha.

“No veo un riesgo inminente de que esto se convierta en una nueva Cuba”, dijo Gobitz.

Aún así, existe un amplio consenso en que, a menos que Perú aborde sus cuellos de botella estructurales, el país seguirá descendiendo en la lista de destinos mineros preferidos.

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“Hay gente que preferiría ir a invertir a países donde la geología no es tan rica como en Perú si pueden ofrecer estabilidad y un Estado de derecho”, dijo Julia Torreblanca, ejecutiva de una filial de Freeport-McMoRan Inc., que dirige el principal grupo industrial de Perú, la SNMPE.

En el último índice de atractivo para la inversión del Instituto Fraser, Perú cayó un puesto hasta el 41 de 68 jurisdicciones mineras, muy por debajo de destinos de crecimiento más rápido como San Juan, en Argentina. La última vez que una nueva mina empezó a producir en Perú fue hace cuatro años, aunque la lista de proyectos teóricos sigue creciendo.

“¿Qué sentido tiene simplemente añadir más ceros sobre el papel?”, dijo Jorge Benavides, máximo ejecutivo de First Quantum Minerals Ltd. en Perú. “Necesitamos que esos proyectos se construyan realmente”.

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