Bloomberg Línea — El repunte del petróleo causado por el conflicto en Medio Oriente abre un escenario con implicaciones para América Latina. La región figura entre los proveedores relevantes de crudo y un salto en los precios internacionales altera el balance comercial, las cuentas fiscales y la inflación. Sin embargo, el efecto agregado sobre las principales economías sería menor que el que sugieren los movimientos del mercado energético.
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Jimena Zúñiga, Felipe Hernández y Adriana Dupita, analistas de Bloomberg Economics, sostienen que el efecto externo total sería reducido al señalar que “la ganancia neta de exportaciones en sus seis economías más grandes sería bastante modesta, solo US$13.000 millones, o 0,2% del PIB”.
El análisis parte de la tensión geopolítica que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán, un factor que elevó las cotizaciones del crudo y que introduce incertidumbre sobre la evolución del mercado energético global.
A partir de ese contexto, el informe examina cómo reaccionarían las economías latinoamericanas ante distintos niveles de precios del petróleo, con atención en comercio exterior, inflación, cuentas fiscales y política monetaria.

Los analistas plantean tres trayectorias posibles para el mercado petrolero según el desarrollo del conflicto. Zúñiga, Hernández y Dupita exploraron “tres escenarios para los precios del petróleo según evolucione el conflicto: hay un alto al fuego y el petróleo vuelve a su nivel previo de escalada de US$65; la guerra continúa sin grandes interrupciones a las instalaciones petroleras y al Estrecho de Ormuz, con el petróleo alrededor de US$80; y el estrecho se cierra y el petróleo se dispara a US$108”.
Impacto desigual en las cuentas externas
El aumento del precio del crudo modifica la posición externa de las economías latinoamericanas debido a la relación entre exportaciones de petróleo e importaciones de combustibles. La región incluye países exportadores relevantes como Colombia y México, junto a economías con fuerte dependencia de importaciones energéticas como Chile y Perú.
El informe estima que el aumento del precio del petróleo eleva las exportaciones regionales, aunque gran parte de ese ingreso adicional se diluye por el encarecimiento de las importaciones de energía. Zúñiga, Hernández y Dupita indican que “en promedio, sus exportaciones podrían aumentar en US$18.000 millones y US$59.000 millones con el petróleo en US$80 y US$108, respectivamente, hasta 1% del PIB en el último caso, pero importaciones más costosas erosionarían la mayor parte de la ganancia”.
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El resultado final es un incremento limitado del saldo externo. Los analistas concluyen que “el aumento de las exportaciones netas ascendería a sólo US$4.000 millones a US$13.000 millones, como máximo una mejora de 0,2 puntos porcentuales del PIB en promedio”.
Esa cifra regional esconde diferencias amplias entre países. Colombia destaca como el principal beneficiario debido a su posición como exportador de crudo. Los analistas señalan que “Colombia sería el mayor ganador, con una mejora potencial de hasta 1% del PIB en sus cuentas externas”.
En contraste, Chile enfrentaría el mayor deterioro comercial debido a su dependencia energética. El informe indica que “la factura de importación de petróleo de Chile podría aumentar hasta 1,6% del PIB, aunque un balance comercial saludable amortiguaría el impacto”.
El análisis específico para Chile, Colombia, México y Perú muestra una divergencia similar. Hernández coincide en que “Colombia destaca como el principal beneficiario”, mientras que Chile soportaría el mayor impacto externo debido a su estructura energética.
El economista también subraya el caso chileno al explicar que ese país “enfrenta el mayor desafío, con un impacto de casi 1,3% del PIB en el escenario de precios altos”.
A pesar de estas diferencias, el impacto directo sobre el comercio con Medio Oriente es reducido. Hernández explica que, para cada uno esa región “representa menos de 1% de las exportaciones e importaciones totales”.
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Ingresos fiscales y subsidios energéticos
El alza del petróleo también influye en los ingresos fiscales debido al peso de la industria energética en las finanzas públicas de algunos países. Colombia y México obtienen recursos importantes a través de impuestos, regalías y dividendos de empresas estatales como Ecopetrol (ECOPETL) y Pemex.
Hernández indica que “estimaciones de ambos gobiernos sugieren que cada aumento de US$1 en el precio promedio por barril eleva los ingresos fiscales aproximadamente 0,03% del PIB”.
Ese vínculo implica un aumento relevante de los ingresos públicos cuando el petróleo supera los niveles previos al conflicto. Según el análisis, “con el petróleo en US$85 por barril, los ingresos petroleros para cada uno podrían crecer cerca de 0,4% del PIB, potencialmente hasta 1,2% bajo nuestro escenario de precios más altos”.

La magnitud final del efecto fiscal depende de la política energética de cada país, en particular del uso de subsidios a combustibles. En muchos casos, los gobiernos aplican mecanismos que suavizan el traslado de los precios internacionales hacia el mercado interno.
El informe señala que “si los aumentos de precios internacionales no se trasladan a los consumidores, los gobiernos deben absorber el costo mediante mayores subsidios”.
Colombia representa un caso relevante dentro de ese debate debido al peso de las transferencias al consumo de combustibles. Hernández recuerda que el país “mantiene un apoyo significativo al diésel”.
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La situación fiscal colombiana también influye en la importancia de los ingresos petroleros. Según el informe, el país registró un déficit fiscal cercano a 6,3% del PIB en 2025, por lo que un aumento de ingresos energéticos podría aliviar las cuentas públicas aunque el impacto depende de la evolución de los subsidios.
En México el efecto es distinto debido a la estructura fiscal y al tamaño de la economía. El informe señala que el aumento de ingresos petroleros podría contribuir a reducir el déficit presupuestario, que cerró 2025 cerca de 4,9% del PIB.
Perú enfrenta un escenario distinto. El informe indica que el alza del petróleo genera presión financiera sobre Petroperú, lo que podría requerir transferencias adicionales del gobierno aunque las cuentas públicas tienen margen para absorber el impacto.

Chile presenta una dinámica diferente debido a su sistema de estabilización de precios internos. El análisis sostiene que el efecto fiscal dependerá de la decisión del gobierno respecto al uso de mecanismos de compensación que suavizan el traslado del precio internacional hacia el consumidor.
Inflación, tasas y monedas bajo presión
El encarecimiento del petróleo influye también en la inflación debido al peso de los combustibles dentro del índice de precios al consumidor y a los efectos indirectos sobre transporte y producción. El grado de transmisión depende del diseño de subsidios y del peso de la energía en la canasta de consumo.
Hernández calcula el efecto directo sobre los precios en el caso mexicano al señalar que “suponiendo una transmisión completa, el petróleo en US$85 por barril añadiría aproximadamente 75 puntos básicos a la inflación en México”.
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El impacto sería mayor en un escenario de precios más elevados. El mismo análisis señala que “en el escenario de precios altos esto podría subir a 258 puntos básicos”.
Las respuestas de los bancos centrales no serían uniformes. El informe plantea que las autoridades monetarias evaluarán si el aumento de la inflación responde a un choque de oferta temporal o si altera las expectativas inflacionarias.
En Chile y Perú el panorama sugiere estabilidad en la política monetaria. Hernández explica que “las autoridades probablemente considerarán el choque como transitorio y no verán necesidad de reaccionar”.

La situación es distinta en Colombia y México debido al comportamiento reciente de la inflación. El informe indica que las expectativas de precios en esas economías muestran presión al alza, lo que podría llevar a los bancos centrales a mantener tasas elevadas durante más tiempo o incluso considerar nuevos incrementos.
En el caso colombiano la tensión inflacionaria ya se reflejó en decisiones recientes de política monetaria. El banco central elevó la tasa en 100 puntos básicos en enero en respuesta a la persistencia de la inflación, un contexto que podría intensificar la presión si los combustibles suben.
Las monedas latinoamericanas reflejan además el cambio en el entorno financiero global. El analista de Bloomberg Economics sostiene que “el sentimiento de aversión al riesgo parece estar dominando sobre cualquier ganancia externa esperada o alzas de tasas de interés”.
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Ese comportamiento se vincula con el aumento de la incertidumbre internacional y con la posibilidad de que los bancos centrales de las economías avanzadas ajusten la política monetaria en respuesta a presiones inflacionarias globales.
Dentro de la región, el peso colombiano (USDCOP) ha mostrado un desempeño superior al de otras monedas latinoamericanas, mientras el peso chileno (USDCLP) ha quedado rezagado. El sol peruano (USDPEN) mantiene un comportamiento distinto debido a su menor correlación con episodios de aversión al riesgo en los mercados financieros internacionales.
El análisis de Bloomberg Economics concluye que un petróleo cercano a US$100 produciría efectos divergentes dentro de América Latina. Algunos países obtendrían ingresos adicionales por exportaciones y recursos fiscales, mientras otros enfrentarían un aumento de los costos energéticos y presiones inflacionarias. El balance agregado de la región, sin embargo, se mantendría acotado incluso bajo el escenario más extremo considerado en el informe.













