Bloomberg — Los cubanos que desean abandonar su país tienen cada vez menos opciones para hacerlo, ya que la campaña de Donald Trump para restringir el suministro de combustible a la isla está impactando directamente los servicios aéreos y los procesos administrativos.
Mientras que los aproximadamente 10 millones de habitantes de Cuba sufren apagones en todo el país y una grave crisis económica, los traficantes de migrantes y las agencias de viajes ofrecen paquetes turísticos a otros destinos de América Latina. Pero las aerolíneas están cancelando rutas porque no pueden repostar, y el precio de los boletos en las compañías regionales está aumentando.
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Al mismo tiempo, el papeleo avanza a paso de tortuga, ya que las oficinas del gobierno reducen su horario para ahorrar energía. Incluso aliados de larga data, como Nicaragua, están cerrando sus puertas en medio de una campaña estadounidense para evitar la acumulación de personas en su frontera.
“Los que no se van son los que no tienen la posibilidad”, dijo Ángel Fernández Hernández, de 36 años, un cocinero que buscó boletos de avión a Guyana, pero se encontró con que no podía pagarlos. “Yo mismo tengo una grave situación con mi mujer y mi hija, me haría falta poder irme, pero no me alcanza el dinero para los tres”.
Aunque históricamente EE.UU. ha acogido a los solicitantes de asilo cubanos, Trump endureció agresivamente la política migratoria tras las medidas de administraciones anteriores. Además de reforzar su base electoral, reducir las opciones de salida de la población también aumenta la presión sobre el gobierno de La Habana, al que el presidente estadounidense espera derrocar tras 67 años de régimen de partido único.

La captura por parte de EE.UU. de Nicolás Maduro, el principal aliado de Cuba en Venezuela, a principios de año cortó su principal fuente de importaciones energéticas. Luego, Trump amenazó con aranceles punitivos a cualquier país que enviara petróleo a la isla, lo que llevó a México a detener los envíos.
Además de eliminar opciones de vuelo y alargar los tiempos burocráticos, la crisis de combustible también ha paralizado el transporte público. Esto dificulta aún más que quienes desean emigrar puedan reunir el dinero suficiente, ya que muchos venden sus pertenencias más valiosas para financiar su salida.
“La mayoría de esos trámites son manuales. El atraso tecnológico en Cuba y la falta de energía, muchas veces dificulta a las personas reunir el dinero”, dijo Rafael Cristo, de 37 años, un podcaster cubano que lleva dos años viviendo en Brasil.
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A menudo, los paquetes —que pueden incluir el boleto de avión, transporte, alojamiento e incluso empleo en el destino final— cuestan más de US$1.000 por persona. Mientras tanto, el salario promedio en Cuba ronda los US$20 al mes al tipo de cambio no oficial.
Desde enero, el padre de Cristo espera un certificado de nacimiento y otros documentos oficiales requeridos por la embajada brasileña, con la esperanza de reunirse con él en São Paulo. Cristo trabaja para la agencia de viajes de su hermano, que también ha ayudado a más de dos docenas de cubanos a reservar vuelos para salir del país este año.
La mayoría de esos clientes voló a Guyana, el país rico en petróleo ubicado en la costa norte de Sudamérica, que permite a los cubanos ingresar sin visa. Esto lo convierte en un punto de partida clave hacia otros destinos y en un lugar cada vez más demandado. “Son vuelos pequeños que se llenan muy rápido”, dijo Cristo. “Anteriormente las personas tenían más calma, buscaban cuando estaba más económico el boleto. La percepción ahora es que están queriendo comprar de inmediato la primera opción que exista”.
Yosbel Reyes, de 49 años, voló a Guyana a principios de este mes, con escala en Trinidad y Tobago. Dejó atrás a una hija de 15 años y a un hijo de 16 que esperaba iniciar el servicio militar, asegurándoles que volvería pronto.
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Reyes calculó que le tomaría al menos cuatro meses pagar los US$1.500 que pidió prestados a un amigo. Sin embargo, las ofertas salariales en Guyana rondaban los US$40 al día en construcción. Intentó encontrar un empleo mejor pagado como optometrista, pero enfrentó la barrera del idioma.
“Uno está buscando una vía de escape, pero cuando uno llega a estos lugares, te das cuenta de que la situación no es tampoco lo que uno espera”, dijo.
Mientras tanto, conseguir boletos hacia otros destinos se vuelve cada vez más difícil. Varias aerolíneas estadounidenses redujeron sus servicios a Cuba el año pasado, mientras que compañías canadienses y europeas suspendieron vuelos en febrero debido a la crisis de combustible. Iberia, de España, siguió ese camino con un anuncio este mes.
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Las disrupciones en la aviación global por la guerra en Irán tampoco ayudan, y las cancelaciones siguen aumentando. Casi una cuarta parte de los vuelos programados desde Cuba a principios de abril no despegaron, frente al 14% en enero, según datos de Cirium, una firma de análisis aeronáutico.
España ha sido durante mucho tiempo el principal destino en Europa, debido a los vínculos históricos. Sin embargo, el padre Bladimir Navarro, sacerdote que recibe a migrantes cubanos, afirma que está viendo una leve disminución en las llegadas.
En abril, su organización sin fines de lucro, Asociación Cobijo Cubano, alojaba a casi 200 personas en viviendas alquiladas. Muchos calificaban para migrar por descendencia española, gracias a un programa del gobierno que otorga ciudadanía a quienes cumplen ciertos requisitos.
Muchos otros isleños quedan fuera de esos programas. “Es un goteo constante, pero evidentemente está siendo más difícil salir por el tema económico”, dijo Navarro. “No hay combustible, pero los vuelos están haciendo escala en República Dominicana u otros países del Caribe. No se han parado, la gente busca rutas en América Latina”.

Una pareja que buscó su ayuda, y que habló bajo condición de anonimato por temor a represalias al volver a Cuba, tomaron la decisión de salir de La Habana en 24 horas tras ver publicaciones en redes sociales sobre la falta de combustible en febrero. Ya tenían pasaportes españoles, pero solo los habían usado como turistas. El riesgo de un cierre similar al de la pandemia cambió sus planes.
Volaron a Miami con sus tres hijos porque tenían familia allí, explicó la esposa. Luego decidieron viajar a España por temor a ser deportados de EE.UU. si se quedaban más tiempo. Reconoció que pocos en Cuba tienen los medios para salir así, y que la combinación de apagones e incertidumbre los empujó a Europa.
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Ante el deterioro de las condiciones, políticos afines a Trump en Florida advierten que los migrantes no son bienvenidos en EE.UU. “No queremos ver llegar una armada masiva de gente”, dijo el gobernador Ron DeSantis el mes pasado.
Aunque el presidente estadounidense ejerce presión económica sobre el gobierno cubano, también rechaza una crisis humanitaria. Al explicar por qué permitió la llegada de un cargamento de petróleo ruso, Trump dijo que prefería “dejarlo entrar”, porque la población necesita energía para sobrevivir.

Sin embargo, a medida que los migrantes cambian sus rutas, las vías tradicionales se están cerrando.
Nicaragua, que antes funcionaba como punto de tránsito, eliminó en febrero la exención de visa para cubanos. El mes pasado, Costa Rica cerró su embajada en La Habana, mientras que Ecuador retiró a su embajador y expulsó al personal cubano. México es una excepción, ya que mantiene ayuda humanitaria y permite solicitar asilo.
Brasil, en cambio, se ha convertido en el principal destino en América Latina, con un aumento de solicitudes de asilo de casi 90% el año pasado, hasta unas 42.000, según la agencia de migración de la ONU. Sin embargo, los datos del gobierno brasileño muestran que las llegadas de cubanos cayeron en los primeros meses de este año.
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En enero y febrero, unos 2.400 cubanos ingresaron al país, frente a los 4.400 del mismo periodo de 2025.
Es probable que el aumento de costos sea un factor clave. Alejandro Martí, un peluquero de 24 años, dijo que pagó unos US$1.000 para llegar a Surinam hace más de un año. Ahora, viajes similares superan los US$1.500.
Uno de estos operadores, conocido como El Zurdo, que se negó a revelar su identidad, advirtió que quienes retrasen su decisión podrían quedarse sin opciones. El número de vuelos podría reducirse aún más, debido tanto a la crisis de combustible como a la política de EE.UU.
Más allá del monto en dólares, el mecanismo de pago también es complejo. Los cubanos tienen acceso limitado al sistema bancario internacional por las sanciones de EE.UU., y la economía depende del efectivo. Muchos dependen de familiares en el exterior que pagan mediante plataformas como Pix en Brasil o Zelle en EE.UU.
La isla ha perdido más de 2,75 millones de personas desde 2020, según el demógrafo Juan Carlos Albizu-Campos. Sin embargo, el endurecimiento del bloqueo y los cambios diplomáticos en la región están comenzando a frenar el flujo migratorio. “Pienso que, aunque la emigración no se va a terminar, sí se ralentizará”, afirmó.
Martí coincidió: “Todo el mundo migra para Estados Unidos., ahora con Donald Trump, muchas personas vienen para Surinam, para Guyana, para Brasil, Uruguay o México. Los jóvenes en Cuba nunca van a tener un buen futuro”.
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