Opinión

EE.UU. no tiene un plan B para las armas nucleares iraníes. Israel sí

Presidente de Irán
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Bloomberg — Parece que la administración del presidente Joe Biden finalmente está aceptando un “no” como respuesta de Irán. Desde el verano del hemisferio norte, el Secretario de Estado Antony Blinken ha indicado que su paciencia no es infinita en lo que respecta a su oferta de reingreso al acuerdo nuclear de 2015. Esta semana, Blinken fue un poco más allá y dijo: “Estudiaremos todas las opciones para hacer frente al desafío que plantea Irán”.

Esta formulación es un eufemismo clásico de Washington para posibilidad de una acción militar. El expresidente Barack Obama utilizaba la versión “todas las opciones están sobre la mesa” durante las negociaciones de su administración con Irán. La intención es aplacar a aliados como Israel y Arabia Saudí, a quienes les preocupa que Estados Unidos no esté dispuesto a respaldar su guerra económica contra Teherán con misiles de crucero y ciberataques si Irán se acerca a convertirse en una potencia nuclear. Y pretende recordar al régimen de Irán que Estados Unidos está dispuesto a utilizar su poderío militar para impedir que obtenga armas nucleares.

Esa es la intención del cambio retórico de la administración Biden. La realidad, sin embargo, es más preocupante.

Los aliados y adversarios prestan más atención a los hechos de EE.UU. que a sus palabras. El hecho más evidente a este respecto es la retirada y la rendición de Biden ante el Talibán en Afganistán. En ese acto irresponsable, el mundo vio a una superpotencia humillada por una pandilla de fundamentalistas, porque sus dos últimos presidentes no querían dejar unos pocos miles de soldados en un país para defender un gobierno electo que su sangre y dinero hicieron posible.

Si EE.UU. no usara sus fuerzas armadas para evitar tal humillación, ¿se arriesgaría a una nueva guerra para evitar que Irán obtenga armas nucleares?

La segunda razón por la que el discurso de Blinken sobre “todas las opciones” no funcionará es porque la administración todavía cree que el acuerdo nuclear de 2015 frustró las ambiciones nucleares de Irán. Vale la pena escuchar una conversación de esta semana entre Aaron David Miller, miembro principal de Carnegie Endowment for International Peace y Rob Malley, el enviado especial de la Casa Blanca para Irán. “Por supuesto, tenemos que prepararnos para un mundo, y lo estamos haciendo ahora, donde Irán no tiene restricciones en su programa nuclear y tenemos que considerar opciones para lidiar con eso”, dijo Malley.

El comentario de Malley es revelador. Al igual que Obama, a quien Malley sirvió en su segundo mandato presidencial, el enviado presenta al acuerdo nuclear de 2015 como un control significativo de las ambiciones nucleares de Irán. Y aunque ese acuerdo puso límites estrictos a la cantidad y calidad del uranio que Irán podía enriquecer, la mayoría de estos límites hubieran expirado entre 2025 y 2030. Y lo que es más importante, una biblioteca de planes nucleares robada en 2018 por la agencia de inteligencia israelí, el Mossad, reveló hasta qué punto Irán había ocultado elementos militares de su programa durante las negociaciones con la administración Obama y otras cinco naciones.

En consecuencia, el acuerdo nuclear de 2015 sólo tiene en cuenta los emplazamientos nucleares que Irán había declarado, y no los que ocultó durante años a la comunidad internacional. El Organismo Internacional de Energía Atómica está solicitando ahora el acceso de sus inspectores a tres emplazamientos revelados por la operación israelí. Los iraníes han puesto trabas.

Así que, en el mejor de los casos, el acuerdo de 2015 es una restricción parcial y temporal del programa nuclear de Irán. Teniendo en cuenta que el líder supremo de Irán ha dicho que no habrá un acuerdo de seguimiento para abordar las debilidades de ese acuerdo, erosiona la credibilidad de Estados Unidos pretender que un retorno al acuerdo de 2015 restringiría el programa nuclear de Irán.

La buena noticia para Blinken, Biden y Malley es que hay otra forma de limitar las ambiciones nucleares de Irán. De hecho, ha estado en vigor durante varios años. El Mossad de Israel ha librado una guerra de inteligencia notablemente exitosa de sabotajes y asesinatos contra el programa nuclear de Irán con verdadero éxito. Yossi Cohen, quien renunció como jefe del Mossad en el verano, fue inusualmente franco en una conferencia organizada por el Jerusalem Post esta semana, diciendo que Irán “ni siquiera está cerca de adquirir un arma nuclear” debido a lo que llamó “esfuerzos de larga data de algunas fuerzas en el mundo.”

Lo que Cohen quiere decir es que aunque Irán ha demostrado la capacidad de enriquecer uranio a una concentración lo suficientemente alta para un arma, Israel ha degradado su capacidad para colocar ese combustible en una ojiva. Parte de este éxito se debe a la estrecha coordinación de la CIA con el Mossad bajo la administración Trump. Si Biden se toma en serio un plan B si falla la diplomacia con Irán, debería instruir a sus espías para que mejoren esa asociación.

El sabotaje y los asesinatos no son, por supuesto, la panacea. Incluso las mejores operaciones de inteligencia son propensas al error humano. Pero son una opción mejor que esperar que un régimen de fanáticos se acobarde por comentarios vagos sobre nuevas opciones y la nostalgia de un débil acuerdo nuclear.