De las guerras a la pandemia, ¿cómo reaccionó el petróleo a choques globales desde los años 80?

El petróleo pasó de estabilidad a alta volatilidad desde el año 2000 por crisis y choques globales. ¿Cómo han reaccionado los precios a estos eventos globales?

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Petróleo

Bloomberg Línea — Los precios del petróleo han registrado una elevada volatilidad a partir de los años 2000 frente a la relativa estabilidad de las dos décadas anteriores y su comportamiento ha estado estrechamente ligado al ciclo económico global.

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Desde esa década, el petróleo ha reaccionado a diversos eventos globales que van desde las tensiones geopolíticas, variaciones en la demanda global, decisiones de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), la crisis financiera de 2008 y la pandemia de COVID-19.

Entre mediados de los 80 y 2000 el petróleo promedió US$20 por barril, según un artículo publicado por el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés). Desde 2005 subió con fuerza por baja capacidad de reserva global, hasta superar los US$140 antes de la crisis financiera de 2008.

El petróleo ha actuado históricamente como un barómetro de la economía", dijo a Bloomberg Línea Ignacio Mieres, director de Investigación de la app de inversiones XTB. Los conflictos geopolíticos y las tensiones internacionales tienden a empujar los precios al alza, mientras que las recesiones y los shocks financieros los empujan a la baja”.

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Explica que los picos de los precios del petróleo tienden a coincidir con los momentos de máxima incertidumbre y no necesariamente con el mayor daño real para la economía.

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“Al analizar las variables históricas, se observa que lo verdaderamente determinante no es el pico que alcanza el precio del petróleo, sino la duración del conflicto que lo origina”, dice Mieres.

Los shocks geopolíticos no han desaparecido, pero sí están más amortiguados en términos estructurales con respecto a décadas anteriores.

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En episodios normales, Mieres dice que esa capacidad de amortiguación frente a los shocks es mayor debido a que se cuenta con las reservas estratégicas de los países de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) y la coordinación de la OPEP+, “mecanismos que no siempre existieron”.

También inciden la diversificación de la producción, el desarrollo del shale en Estados Unidos y una menor intensidad energética de la economía global, que ha reducido la dependencia directa del petróleo.

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Por ejemplo, los ataques con drones a las instalaciones petroleras estatales sauditas de Aramco en Abqaiq y Khurais en 2019 “eliminaron 5,7 mb/d en un día y el mercado lo absorbió en 48 horas”.

“Pero el conflicto actual es la excepción, ya que este shock implica el cierre del estrecho de Ormuz y ningún mecanismo de amortiguación tiene capacidad de reemplazo a corto plazo”, dice Mieres. Por ejemplo, “el máximo actual es comparable al de la invasión de Ucrania en 2022. La diferencia es que el suministro ruso tenía sustitutos y el del Golfo, que pasa por Ormuz, no los tiene”.

Paula Chaves, analista de mercados de Greyhound Trading, manifestó a Bloomberg Línea que la principal lección que han dejado los acontecimientos mundiales —incluyendo conflictos bélicos— es que los shocks geopolíticos actúan como detonantes, pero no como motores permanentes de tendencia.

A lo largo de las últimas décadas, “cada gran episodio ha confirmado que el petróleo puede subir con fuerza ante el riesgo de interrupciones en el suministro, pero también puede corregir rápidamente si esas mismas tensiones terminan afectando el crecimiento global”.

Detalló que esto se evidenció en crisis como la de 2008, cuando el colapso económico desplomó la demanda; en 2014, cuando el exceso de oferta impulsado por el shale cambió la estructura del mercado; y en 2020, cuando la pandemia generó una destrucción de demanda sin precedentes.

“En 2026, la dinámica parece más equilibrada, pero con un matiz importante: en el corto plazo pesan más los riesgos de suministro, mientras que en el mediano plazo las expectativas de crecimiento global siguen siendo el factor dominante”, indicó Chaves.

Es decir, la geopolítica mueve el precio de forma inmediata, pero es la macroeconomía la que define si ese movimiento se sostiene o se revierte.

Shock petrolero en Medio Oriente

Oil Jumps Most In Four Years As Markets React to Conflict In Iran

Con el estrecho de Ormuz efectivamente cerrado y millones de barriles diarios eliminados del mercado en el punto máximo del conflicto, el catalizador a corto plazo es físico.

Si el conflicto continúa, probablemente los riesgos se trasladarían al crecimiento global.

La analista Paula Chaves, de Greyhound Trading, considera que el crudo ha evolucionado de ser un activo dominado por choques geopolíticos a uno cada vez más condicionado por el ciclo económico global.

Argumenta que, si bien las guerras y tensiones internacionales siguen generando reacciones inmediatas en los precios, su impacto sostenido depende, en última instancia, de cómo afecten la oferta y, sobre todo, la demanda.

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Cuando las tensiones afectan puntos críticos de suministro o rutas clave, la reacción sigue siendo fuerte, aunque más transitoria.

Globalmente, el Fondo Monetario Internacional recortó su previsión de crecimiento global a 3,1% para este año frente al 3,3% pronosticado en enero ante el impacto de la guerra en Medio Oriente y la crisis petrolera.

Esto se basa en la suposición de un conflicto relativamente breve y un aumento moderado de los precios de la energía este año.

“El impacto del conflicto en Medio Oriente será heterogéneo en la región, con efectos más negativos en las economías más pequeñas”, dice el Informe sobre las Perspectivas de la Economía Mundial (WEO, por sus siglas en inglés).

Recuperación tardaría meses

Una bomba de balancín en un yacimiento petrolífero conectado a la refinería de Petróleos del Perú S.A. en Talara, Piura, Perú.

Del lado del suministro, el analista Ignacio Mieres dice que la normalización física del estrecho de Ormuz tomará meses, incluso con un acuerdo político, debido a que hay minas activas en el estrecho, tanqueros atrapados en el Golfo y daños a la infraestructura de producción que no se reparan en semanas.

“Eso mantiene un piso del petróleo estructuralmente más alto que los US$73 preguerra en el corto plazo. Del lado de la demanda, el shock energético ya podría estar afectando el crecimiento global. Proyectamos que el rango probable para 2026-2027 en el escenario base es de US$75-US$100″, indicó Mieres.

De cara a 2026, el escenario más probable es un mercado caracterizado por volatilidad dentro de rangos relativamente acotados, apuntó Paula Chaves.

La combinación de riesgos geopolíticos, una demanda que empieza a moderarse y una transición energética que ha limitado la inversión en nueva oferta genera un entorno sensible, en el que los precios pueden moverse con fuerza, pero sin una tendencia sostenida clara en el corto plazo.

No obstante, hay un factor que podría cambiar este equilibrio.

Si se logra una resolución del conflicto geopolítico actual, Chaves ve “razonable esperar un repunte en el optimismo de los mercados globales”, lo que podría fortalecer las expectativas de crecimiento y, con ello, la demanda de energía.

En ese contexto, “el petróleo podría encontrar un sesgo más alcista, no necesariamente impulsado por restricciones de oferta, sino por una mejora en la percepción del ciclo económico global”, concluyó Paula Chaves.

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