Bloomberg Línea — En medio de la crisis petrolera en Medio Oriente, Bloomberg Línea se dio a la tarea de identificar cuál es el mejor crudo de América Latina. En esa carrera, Guyana, Argentina y algunos desarrollos costa afuera de Brasil llevan la delantera, con mezclas de petróleos más fáciles de refinar.
Sin embargo, los analistas coinciden en que no existe un único país con el “mejor crudo” en la región, ya que depende del campo específico o de la mezcla que se comercialice. Es decir, la calidad es una variable técnica determinada por su composición y por la capacidad de procesamiento disponible, más no es un atributo uniforme asignable a un país en términos absolutos.
La calidad del crudo se mide principalmente por su densidad y contenido de azufre. Eso determina su valor en el mercado internacional, ya que los petróleos más ligeros y dulces son más fáciles y baratos de refinar en combustibles como gasolina y diésel.
En un contexto de volatilidad en los precios del petróleo y tensiones geopolíticas, estas diferencias cobran mayor relevancia para productores y refinadores.
“En definitiva, la respuesta depende del campo y de la mezcla específica, así como de la arquitectura de la refinería de destino. La calidad del crudo es una variable técnica determinada por su composición y por la capacidad de procesamiento disponible”, dijo a Bloomberg Línea Angie Tatiana Ortega Ramírez, analistas y profesora de Ingeniería de Petróleos de la Universidad de América, en Bogotá.
Desde el punto de vista técnico, indicó que “cuando se pregunta qué país tiene el ‘mejor crudo’ en América Latina, la respuesta no puede ser política ni geológica en abstracto, sino fisicoquímica y dependiente del tipo de refinería que lo procese”.
En todo caso, los expertos consultados señalan que algunos desarrollos recientes en la región sí presentan características favorables de calidad.
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Las variables que cuentan
La Organización Latinoamericana y Caribeña de la Energía (Olacde) explicó a Bloomberg Línea que la calidad del petróleo puede medirse principalmente por API o densidad (mientras más alto, más ligero y fácil de refinar) y contenido de azufre (mientras más bajo, es más dulce y menos costoso de procesar).
En otras palabras, a mayor API y menor azufre, mayor facilidad de refinación y mejor valorización en refinerías convencionales
En términos operativos, un mejor petróleo es aquel que, reuniendo estas características, sirve para producir gasolinas, jet y diésel con “menor requerimiento de conversión profunda”, explica Angie Tatiana Ortega Ramírez.
Estas características reducen la necesidad de procesos intensivos, (la conversión profunda de la que habla Ortega), como 1) la coquización retardada (convertir residuos pesados en productos ligeros), 2) craqueo catalítico fluidizado (proceso de la refinación del petróleo) o 3) hidrodesulfuración extensiva (eliminar el azufre), lo que se traduce en menores costos operativos y mayor flexibilidad comercial.
Si se sintetiza la comparación bajo el criterio de facilidad promedio de refinación y perfil fisicoquímico favorable, el petróleo de Guyana y algunos crudos offshore de Brasil destacan en la región en términos de calidad, en visión de la especialista.
Otras fuentes también sitúan a Argentina como unos de los países de América Latina con mejores cualidades en el crudo de referencia.
Ortega Ramírez explica que la gravedad API permite clasificar los crudos en ligeros (más de 31° API), medios (22–31° API) y pesados (menos de 22° API).
Paralelamente, el contenido de azufre distingue entre crudos dulces (menos de 0,5%) y agrios o sour (más de 0,5%).
Especialistas de la Cámara Colombiana de Petróleo, Gas y Energía (Campetrol) dicen que los crudos livianos y dulces (light sweet crude) tienen mayor valor en el mercado porque generan mayores rendimientos de productos de alto valor como gasolina, diésel y jet fuel.
En general, requieren procesos de refinación menos complejos, implican menor consumo de energía y menores costos operativos en refinería.
Estas características permiten mayores rendimientos en los combustibles ligeros.
La calidad se relaciona no sólo del campo y de la mezcla específica, sino también de la arquitectura de la refinería de destino.
“Una refinería simple tipo hydroskimming prefiere crudos ligeros y dulces, mientras que una refinería compleja con unidades de conversión profunda puede procesar crudos pesados y obtener márgenes atractivos si el diferencial de precio lo compensa”, explica Ortega Ramírez.
El panorama es heterogéneo

Olacde expone que no existe un único tipo de crudo por país, ya que cada uno produce varias mezclas con características distintas.
Las diferencias entre campos o mezclas dentro de un mismo territorio pueden ser incluso mayores que las que existen entre países.
La región combina algunos de los crudos más pesados del mundo con mezclas ligeras altamente competitivas.
El gerente técnico y académico de la Asociación Colombiana de Ingenieros de Petróleos (Acipet), Juan Carlos Rodríguez, coincide en que entre los principales crudos de referencia en América Latina destacan variedades en Guyana, Brasil y Argentina, pero también de Colombia y México.
Cada uno de estos con perfiles técnicos muy distintos.
En Argentina, el desarrollo de Vaca Muerta, en la Cuenca Neuquina, produce un crudo tipo shale oil "extremadamente ligero".

Su calidad ronda los 40,8° API y un contenido de azufre de apenas 0,15%, lo que lo convierte en uno de los crudos más livianos y dulces de la región.
Según Juan Carlos Rodríguez, ese petróleo es ideal para producir gasolinas y naftas de alto valor, aunque su ligereza puede requerir mezclas con crudos más pesados para equilibrar los procesos en refinería.
En Guyana, la mezcla Liza se ha consolidado como uno de los referentes regionales.
Con aproximadamente 32° API y 0,58% de azufre, se clasifica como un crudo mediano-dulce muy versátil.
Ofrece buenos rendimientos en diésel y combustible de aviación, lo que explica su alta demanda en los mercados internacionales.
Brasil destaca con los crudos del presal, una reserva de petróleo y gas natural de alta calidad ubicada bajo el lecho marino brasileño.
El crudo Tupi presenta alrededor de 31° API y bajo contenido de azufre, cercano al 0,35%.
Aunque es más denso que el de Vaca Muerta (Argentina), su bajo nivel de contaminantes facilita procesos como el craqueo catalítico.
La diversidad en Colombia

En Colombia, la mezcla Vasconia se clasifica como un crudo mediano-agrio.
Tiene una densidad cercana a 24,5° API y alrededor de 0,9% de azufre.
Desde la Acipet señalaron que es versátil y con buen rendimiento en diésel y jet fuel, aunque su refinación requiere mayores tratamientos frente a crudos más ligeros como Liza o Vaca Muerta.
En Colombia, crudos como Caño Limón, con aproximadamente 29–30° API y cerca de 0,5% de azufre, se ubican en la categoría de medios relativamente dulces, lo que les confiere una buena facilidad de refinación
No obstante, el país también produce mezclas pesadas como Castilla Blend con un 17,7° API y aproximadamente 2% de azufre.
Requiere diluyentes para su transporte (se le agrega nafta virgen) y procesos más complejos de coquización e hidrodesulfuración para obtener combustibles más limpios.
Del crudo “amargo” de México al “complejo” de Venezuela

En México, el crudo de referencia Maya es denso y viscoso, con alrededor de 21,5° API y 3,4% de azufre. Juan Carlos Rodríguez dice que es un crudo “amargo y difícil de refinar”.
Ecuador, con su crudo Oriente (alrededor de 23–24° API y 1,5% de azufre), se ubica en un segmento medio-pesado con mayores exigencias de tratamiento respecto a los crudos ligeros regionales, según la académica Tatiana Ortega Ramírez.
En contraste, expone que, si bien Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, gran parte corresponde a crudos extrapesados de la faja petrolífera del Orinoco.
Expone que la mezcla Merey 16, por ejemplo, presenta alrededor de 16° API y cerca de 2,5% de azufre. “Desde la perspectiva de la refinería convencional, se trata de un crudo complejo que requiere dilución, mejoramiento o refinerías de alta conversión con unidades de coquización y severa hidrodesulfuración”.
Técnicamente, añade, “no es el más fácil de procesar”, aunque su abundancia le otorga relevancia estratégica.
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