Buenos Aires — Edenor (EDN) cerró el primer semestre de 2026 con mejores márgenes, costos en baja y un negocio que empieza a recoger con mayor claridad los efectos de la normalización tarifaria. Pero los números llegaron acompañados de una señal que terminó siendo casi tan relevante como el propio balance: la compañía ya estaba preparando el terreno financiero para dar su mayor salto fuera de la distribución eléctrica.
En su presentación a inversores, Edenor había hecho explícito que parte de los fondos obtenidos con sus últimas emisiones de deuda podían utilizarse para adquirir aproximadamente el 70% de MetroGAS. La referencia aparecía entre los posibles destinos del dinero captado en el mercado y anticipaba el movimiento que terminaría concretándose con la compra de la participación que estaba en manos de YPF.
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La operación cambia la escala de la apuesta de Edenor. La empresa ya había modificado su objeto social en 2024 para abrirse a negocios como la distribución de gas, generación, almacenamiento e infraestructura energética.
Así se mueven las acciones de Edenor
La distribuidora eléctrica terminó los primeros seis meses del año con una ganancia neta de ARS$157.132 millones, un 10% menos que los ARS$174.953 millones obtenidos durante el mismo período de 2025.
Si bien la comparación muestra un retroceso, tiene una explicación que distorsiona la comparación del EBITDA entre ambos períodos. El resultado de 2025 había quedado beneficiado por un efecto extraordinario de ARS$224.654 millones asociado al acuerdo de regularización con CAMMESA.
El EBITDA de Edenor alcanzó ARS$313.747 millones en el primer semestre, contra ARS$386.473 millones un año atrás. En términos nominales comparables, representa una baja del 19%. Sin embargo, cuando se elimina aquel efecto extraordinario de CAMMESA, la compañía calcula que el EBITDA habría crecido 94% interanual.
Es probablemente uno de los números que mejor resume lo ocurrido en el semestre: detrás de una comparación interanual afectada por un ingreso excepcional aparece un negocio operativo que prácticamente duplicó su EBITDA ajustado por ese efecto.
Las tarifas empiezan a jugar a favor
Parte de esa mejora tiene una explicación regulatoria. Después de años en los que el atraso tarifario condicionó las cuentas de las distribuidoras eléctricas, Edenor atraviesa una etapa diferente. A junio, el Valor Agregado de Distribución (VAD) —la porción de la tarifa que remunera directamente a la distribuidora— había aumentado 20% en el año, frente a una inflación acumulada del 17% informada por la compañía.
Ese diferencial comenzó a trasladarse a los márgenes. El margen de distribución llegó a ARS$747.669 millones durante el primer semestre, 7% más que un año atrás.
Y hay otro dato que vuelve más relevante esa mejora: no estuvo impulsada por un boom del consumo eléctrico. Las ventas de energía crecieron apenas 0,1% durante los primeros seis meses del año.
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En el segundo trimestre mostraron algo más de dinamismo, con un avance de 1,9% hasta 5.776 GWh, mientras que la cantidad de clientes aumentó 1,3%, hasta 3,41 millones.
Es decir que el avance del negocio estuvo mucho más asociado a la recuperación del valor de la distribución y a la eficiencia operativa que a una mayor demanda de electricidad.
La mejora tarifaria encontró además a Edenor con una estructura de costos más liviana. Los gastos operativos se redujeron 8% durante el primer semestre, hasta ARS$603.312 millones. La compañía viene ejecutando desde 2025 un programa de revisión de OPEX que incluyó cambios en su estructura laboral, una administración más eficiente de los stocks y una reducción de las sanciones regulatorias.

La empresa desembolsó ARS$162.904 millones en inversiones durante el semestre, de los cuales ARS$92.068 millones correspondieron al segundo trimestre.
Los indicadores de calidad acompañaron ese esfuerzo. A junio, el SAIDI —las horas promedio que un usuario permanece sin electricidad— se ubicó en 5,6 horas anuales, mientras que el SAIFI —cantidad promedio de interrupciones— cayó a 2,7 cortes por cliente. Ambos se ubicaron en sus mejores niveles desde 2021.
Casi US$1.000 millones en nuevas emisiones de ON
Ese fortalecimiento del negocio eléctrico coincide ahora con una estrategia financiera mucho más agresiva. En cuestión de semanas, Edenor salió al mercado por montos que resultan relevantes incluso frente al tamaño de su balance.
El 3 de julio colocó US$213,5 millones en obligaciones negociables Clase 11, con una tasa anual de 7,5% y vencimiento en julio de 2029. La emisión recibió órdenes por unos US$216,6 millones.
Después sumó una operación todavía mayor: la compañía amplió las ON Clase 10 hasta alcanzar un valor nominal de US$750 millones, con una tasa del 9,5% y vencimientos escalonados entre 2031 y 2033.
Entre ambas operaciones, Edenor captó más de US$960 millones.
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Eso explicó finalmente la noticia de que Edenor toma el control de MetroGas. Al explicar el uso de los fondos, la compañía no se limitó a la habitual referencia a refinanciación de pasivos o necesidades corporativas sino que escribió expresamente que podrían utilizarse para “adquisiciones de nuevos negocios”, incluyendo aproximadamente el 70% del capital accionario de MetroGAS.
Edenor y Andina Energies habían presentado el 23 de julio una oferta irrevocable a YPF para quedarse con el 70% del capital y los derechos de voto de MetroGAS, además del 5% de MetroEnergía.
De una distribuidora eléctrica a un jugador energético más amplio
La compra también ayuda a entender por qué Edenor viene ampliando sus alternativas de financiamiento.
Al 30 de junio, la compañía registraba US$1.159 millones de deuda financiera, entre obligaciones negociables y préstamos, aunque la deuda neta era sustancialmente inferior: US$303 millones.
Tras las colocaciones posteriores al cierre del trimestre, el stock pro forma de obligaciones negociables ascendió a US$1.415 millones en agosto.
La mayor deuda tiene ahora como contrapartida una compañía que busca dejar de depender exclusivamente de un único negocio regulado.
Edenor ya había anticipado ese camino cuando modificó su objeto social. En su presentación volvió a identificar como áreas de crecimiento la distribución y comercialización de gas natural y electricidad, la generación y el almacenamiento, la infraestructura energética e incluso oportunidades vinculadas al downstream de petróleo y gas.













