Buenos Aires — El presidente Javier Milei respondió este jueves a las críticas del historiador Yuval Noah Harari sobre la posibilidad de otorgar personalidad jurídica a empresas gestionadas íntegramente por inteligencia artificial (IA), continuando así un debate que ambos habían mantenido recientemente en las páginas del Financial Times sobre los desafíos regulatorios de esa tecnología.
La carta, difundida por la Oficina del Presidente de la República Argentina, llegó días después de que Harari cuestionara una columna previa firmada por Milei y el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, en la que ambos proponían explorar marcos legales que permitan el desarrollo de empresas gestionadas por sistemas de IA.
El texto también se conoció el mismo día en el que Bloomberg Línea publicó una entrevista con Sturzenegger, donde el funcionario había respondido a las críticas esbozadas por Harari.
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“Los temores de Harari son, en mi opinión, un argumento a favor de la personalidad jurídica y no en contra”, escribió Milei.
El historiador israelí había advertido que las empresas gestionadas por inteligencia artificial podrían generar riesgos superiores a los de las compañías tradicionales y dificultar la asignación de responsabilidades ante eventuales daños.
Según Milei, precisamente porque estas organizaciones podrían presentar desafíos inéditos, resulta más importante que operen bajo una estructura jurídica claramente definida. A su juicio, la personalidad jurídica permite identificar un patrimonio propio sobre el cual hacer valer reclamos, imponer sanciones o ejecutar compensaciones.
“La personalidad jurídica cumple una función precisa y ampliamente comprendida: permite que una organización tenga patrimonio propio y centraliza las relaciones jurídicas derivadas de sus actividades”, sostuvo.
El mandatario argumentó que negar esa herramienta legal a empresas gestionadas por IA no eliminaría los riesgos señalados por Harari, sino que podría dificultar la protección de terceros frente a eventuales perjuicios.
“Preferiría contar con un patrimonio contra el cual reclamar si una IA me perjudica, antes que no tener protección alguna”, escribió.
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El debate sobre incentivos y castigos
Otro de los puntos de desacuerdo con Harari gira en torno a la rendición de cuentas.
El historiador había argumentado que una inteligencia artificial no puede ser enviada a prisión, lo que podría dificultar la aplicación de sanciones efectivas frente a conductas indebidas.
Milei respondió que existe una contradicción en ese razonamiento. Según sostuvo, Harari también plantea que una IA haría todo lo posible para evitar la quiebra o el cierre de su empresa, algo que el presidente describió como el equivalente a la muerte para una entidad autónoma.
“¿A las IA les preocupa el castigo o no?”, planteó Milei. “Parecería que una IA tendría más en juego que un ejecutivo humano —la muerte en lugar de la prisión—, lo que sugiere que preferiría mantenerse estrictamente dentro de la ley y minimizar riesgos”.
La argumentación coincide con la visión expresada por Sturzenegger en su entrevista con Bloomberg Línea este jueves. Allí, el ministro sostuvo que una inteligencia artificial tendría fuertes incentivos para cumplir la ley porque la quiebra o disolución de la empresa que controla equivaldría a su propia desaparición.
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Una apuesta por el futuro
Milei también cuestionó lo que describió como una visión excesivamente pesimista sobre los riesgos futuros de la inteligencia artificial.
Si bien reconoció que el desarrollo de estas tecnologías requerirá ajustes regulatorios, sostuvo que la historia económica muestra que los avances tecnológicos suelen generar transformaciones difíciles de anticipar y que las regulaciones deberían responder a problemas concretos y no a escenarios hipotéticos.
El mandatario argumentó además que la personalidad jurídica no constituye una excepción para las empresas gestionadas por IA, sino precisamente el mecanismo mediante el cual la sociedad canaliza las actividades económicas dentro del Estado de derecho.
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“Una empresa gestionada por IA estará sujeta al Estado de derecho exactamente igual que cualquier empresa convencional”, escribió.
Hacia el final de la carta, Milei rechazó una comparación realizada por Harari entre las futuras empresas gestionadas por inteligencia artificial y entidades históricas como la Compañía Holandesa de las Indias Orientales.
Según el presidente, la analogía omite una diferencia fundamental: mientras aquella organización operaba en muchos aspectos por encima de la ley, una empresa autónoma moderna existiría dentro de un marco jurídico que puede modificar sus derechos, imponer sanciones e incluso disolverla.
La respuesta presidencial concluye con una referencia a Yo, robot, de Isaac Asimov. Milei recordó una historia en la que un candidato político sospechado de ser un robot termina siendo valorado por su honestidad y racionalidad.
“Nadie lo sabe con certeza”, escribió el mandatario, “pero considero probable que las empresas gestionadas por IA sean más adversas al riesgo que los seres humanos”.












