Buenos Aires — “Un alumno de la Universidad de Córdoba (UNC), a quien le tutoreó la tesis mi queridísimo amigo Enrique Neder, probó que el rezago de la política monetaria en Argentina es de 26 meses“, había señalado Javier Milei en septiembre de 2025. Seis meses después, esa declaración cobra especial relevancia dado el repunte reciente de la inflación, que marcó un pico de 3,4% en marzo.
En una entrevista con La Estrategia del Día, el podcast de Bloomberg Línea, el mencionado Enrique Neder, economista y titular plenario de Economía Monetaria y Macroeconomía en la Universidad Nacional de Córdoba, analizó sobre cómo viene la macro del país y, entre otras cuestiones, abordó la tesis.

El rezago de la política monetaria
Neder explicó que en el trabajo de su alumno se planteaba la disyuntiva que existe acerca de la longitud de los rezagos en el impacto sobre los precios, tras un shock de política monetaria. Y lo que hacía el mismo era tratar de dilucidar si este fenómeno podría estar causado por retrasos largos y variables en la política monetaria. “A la (Milton) Friedman”, detalló.
Por otro lado, según indicó Neder, la tesis analizaba algunas de sus implicancias en el debate entre reglas y discrecionalidad y el problema de la inconsistencia temporal, tratando de arrojar luz sobre los mecanismos de transmisión de la política monetaria hacia el lado real de la economía, mediante el análisis de cómo las perturbaciones de la política monetaria afectan a los diferentes componentes del índice de precios. “Así fue que las estimaciones dieron un rezago de veintiséis meses”, reseñó.
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Dicho esto, Neder amplió: “Como dijo el Presidente, esto es en condiciones normales de temperatura y humedad, que es una forma de decir sin tomar en cuenta otras cuestiones que no están modeladas, como, por ejemplo, los impactos de riesgo que se pueden generar por incertidumbre".
Además, recordó Neder, "existen precios regulados que no están permitiendo ese afloje final de la inflación, amén de los conflictos bélicos en el mundo, muy relacionados con nuestros recursos productivos".
“Jugada maestra” del equipo económico
Neder recordó que el Banco Central avanzó hacia un esquema de control de agregados monetarios, dejando atrás la fijación explícita de una tasa de política. Según detalló, la autoridad monetaria “cerró la ventanilla de las LeFIs” y permitió que la tasa de interés “se endogeneice”. En términos más simples, resumió: “Se pasó de un régimen basado en metas de tasa a uno basado en cantidad de dinero”.
En esa línea, señaló que la postura monetaria adoptada fue marcadamente contractiva, algo que —indicó— se observa en la implementación del ancla fiscal y en la eliminación del financiamiento monetario al Tesoro por parte del Banco Central. “El saneamiento del balance del Banco Central fue una jugada maestra”, consideró, al tiempo que remarcó que esto contribuyó al control de la cantidad de dinero.
Respecto a la dinámica más reciente, Neder sostuvo que no necesariamente se está abandonando ese sesgo contractivo, sino que la política se ajusta en función de las condiciones macroeconómicas.
“Más bien diría que la van recalibrando en función de la recuperación de la demanda de dinero y atendiendo a la recomposición de reservas internacionales”, afirmó, y agregó que estas últimas también se utilizan como “una fuente de reconstitución de demanda monetaria”.
Por último, explicó que las intervenciones posteriores estuvieron orientadas a administrar la liquidez y a acompañar la demanda de dinero, con el objetivo de evitar movimientos bruscos en el mercado cambiario.
Dólar calmo
Ante la pregunta de por qué el dólar sigue calmo y el carry trade continúa funcionando pese a la baja de tasas, respondió: “El carry no depende solamente de la tasa; también influye lo que se haga respecto al déficit fiscal, las compras de divisas e incluso la administración del régimen cambiario”.
Bajo ese enfoque, consideró que no existen incentivos claros para desarmar posiciones en moneda local. “No hay fuertes incentivos a desarmar posiciones, porque las ganancias tampoco serían extraordinarias”, señaló, aunque aclaró que se trata de su visión general y no de un análisis estrictamente financiero.
A su vez, vinculó esta dinámica con la ausencia de expansiones fiscales o monetarias que alteren la liquidez. “Hoy, no hay planes específicos que impliquen que los individuos dispongan de mayor liquidez a la esperada”, explicó, y ejemplificó con la falta de iniciativas similares a programas de estímulo al consumo. “Un ‘plan platita’, por ejemplo, hoy es difícil de visualizar”, graficó.
En ese contexto, concluyó que el canal cambiario pierde relevancia como vía de cobertura. “No me van a estar sobrando pesos para huir de ellos”, resumió, al explicar por qué el tipo de cambio se mantiene relativamente estable pese a los cambios en la tasa de interés.
¿Fin del cepo?
Ante la pregunta de cuándo Argentina puede dejar atrás, definitivamente, el cepo al dólar, Neder planteó que la consolidación de un régimen cambiario más flexible depende de varios factores macroeconómicos. “Para que perdamos el miedo a flotar, deberemos tener consistencia fiscal, lo cual se está logrando, y cuasifiscal”, señaló.
Asimismo, sostuvo que otro elemento central es la credibilidad frente al mercado. “Tendríamos que alcanzar credibilidad para que el mercado de capitales nos siga permitiendo los rollovers y una mayor estabilidad de la demanda de dinero”, explicó, al referirse a la necesidad de sostener el financiamiento y evitar tensiones sobre las variables nominales.
De acuerdo con su análisis, la combinación de estos factores contribuiría tanto a la acumulación de reservas como a una mayor estabilidad cambiaria. “Todo esto va a ayudar a que exista acumulación de reservas y también a lo que podamos hacer con el tipo de cambio”, indicó.
No obstante, advirtió sobre un componente más difícil de modificar, vinculado a la experiencia histórica. “Sigo teniendo el miedo de que mi generación no cambie su visión”, expresó, y utilizó una metáfora para ilustrarlo: “Siguen llorando al ver una vaca por haberse quemado con leche”.
Sostenibilidad del superávit
Al abordar la sostenibilidad del resultado fiscal, Neder señaló que la Argentina arrastra históricamente un déficit estructural, aunque consideró que esa dinámica comenzó a revertirse. “Al menos, ahora, se lo está cambiando”, afirmó, y descartó que el superávit sea un fenómeno transitorio por definición. “No creo que sea algo autoinmune, a menos que las decisiones de los votantes así lo pidan”, planteó.
Consultado sobre las críticas de que el superávit se apoya en gasto reprimido, contestó: ”Hay gastos más sensibles, como las jubilaciones, donde resulta más complejo avanzar”, indicó. No obstante, agregó que también hay margen de acción en otras áreas del sector público. “Existen muchas otras en las que se pueden cambiar costumbres y realizar los ajustes necesarios”, concluyó.
Deuda y riesgo país
Neder subrayó que la mejora en el frente fiscal y en el perfil macroeconómico contribuye a la sostenibilidad de la deuda. Desde su perspectiva, esto configura una dinámica dual: por un lado, los flujos muestran una evolución más favorable; por otro, el stock de deuda sigue siendo significativo y no desaparece como condicionante.
En ese marco, consideró que los pasivos son manejables, aunque bajo ciertas condiciones. Entre ellas, mencionó la necesidad de sostener el equilibrio fiscal, mantener una refinanciación doméstica razonable, continuar acumulando reservas y preservar el acceso al financiamiento de organismos multilaterales.
Respecto de los riesgos, señaló que un eventual revés electoral podría generar tensiones financieras, aunque no implicaría automáticamente un escenario de insolvencia. En cambio, advirtió que podría reabrir una prima de riesgo político, encarecer el rollover y presionar a la baja el precio de los bonos, especialmente en los tramos más largos.
En síntesis, sostuvo que no observa un problema inmediato de solvencia, sino más bien un desafío vinculado a la coordinación financiera y a la formación de expectativas, en un contexto donde la credibilidad intertemporal sigue siendo un factor central para la Argentina.
Por último, evaluó la estrategia de financiamiento externo y consideró que no hacer una emisión acelerada de deuda en los mercados internacionales fue una decisión prudente. A su entender, una mayor oferta de bonos podría haber presionado a la baja sus precios y elevado las tasas de interés, enviando una señal negativa al mercado. En ese sentido, concluyó que no salir “alocadamente” a colocar deuda no resultó una mala decisión.
Riesgo país y economía real
En cuanto al riesgo país, el economista consignó que no debe leerse únicamente como un diferencial técnico sobre la tasa de interés. “El riesgo país no es solamente un porcentaje agregado a una tasa de interés para descontar flujos”, afirmó, y agregó: “Actúa como un elemento que contempla riesgos, que yo los llamaría más bien institucionales”.
En ese sentido, explicó que ese componente refleja la prima que exige el inversor para cubrirse frente a ese tipo de incertidumbre. “Es lo que un inversor desearía agregar a su rentabilidad, justamente para no correr esos riesgos”, señaló.
A su vez, introdujo una distinción en función del tipo de inversión. “En las inversiones reales es bueno diferenciar entre aquellas destinadas a exportaciones, donde el riesgo país incidiría menos, y otras, particularmente en sectores emergentes, como la minería, donde además dependen de cuestiones políticas y legales”, sostuvo.
En ese marco, vinculó esta lógica con el comportamiento reciente del mercado de deuda corporativa. “Por ello, algunos bonos corporativos se desacoplaron un poco del spread soberano”, concluyó.
Situación de la educación en Argentina
Al referirse al nivel de los estudiantes universitarios, Neder advirtió sobre un deterioro en la formación con la que ingresan a la facultad. “Observo que hay un serio deterioro en el punto de partida”, afirmó, y detalló que las principales dificultades aparecen en áreas clave como la comprensión lectora, la capacidad de abstracción, la escritura y el manejo matemático básico. “Ni que hablar del manejo algebraico”, agregó.
Según explicó, estas falencias no responden a problemas individuales, sino a un arrastre del sistema educativo previo. “No lo presentaría como una falla de los estudiantes, sino como el resultado acumulado de problemas previos”, sostuvo, y remarcó que estas diferencias se hacen visibles desde los primeros años de la carrera. “Se notan mucho según la escuela secundaria de la que provienen”, indicó.
En ese contexto, señaló que el fenómeno no es uniforme. “No es una caída homogénea del talento, sino una mayor dispersión”, planteó. Y concluyó: “Conviven estudiantes muy bien formados con otros que llegan con brechas más grandes, lo que nos obliga a revisar métodos y acompañamiento sin resignar los estándares de calidad”.













