Bolivia confirmó ciclo de recesión y en 2025 acumuló una contracción de 1,58%

En el cuarto trimestre de 2025, la actividad económica de Bolivia reportó una disminución de 1,14%.

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Bloomberg Línea — La economía boliviana tuvo una contracción acumulada de 1,58% en 2025, en medio de los choques económicos que afrontó el país por cuenta de la escasez de divisas y de bienes básicos, la escalada de la inflación y tensiones sociales.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) informó que esta cifra muestra una leve moderación respecto a la caída del 1,72% acumulada hasta el tercer trimestre del año pasado.

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En el cuarto trimestre de 2025, la actividad económica de Bolivia reportó una disminución de 1,14%.

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“El dato del cuarto trimestre confirma una desaceleración que ya venía gestándose, pero todavía no refleja completamente el ajuste que tiene por delante la economía boliviana”, dijo a Bloomberg Línea Jonathan Fortun, economista del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF). “Es apenas una estación intermedia en un deterioro que todavía tiene varios capítulos por delante”.

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En la variación interanual del último trimestre, las mayores caídas las registraron el sector de la construcción, con un descenso del 17,66%.

Después de este sector, las mayores caídas se registraron en comercio (-6,05%); actividades comunales, sociales, personales, doméstico, educación y salud de mercado (-3,71%) y administración pública, salud y educación de no mercado (-1,47%).

Luego figuran transporte y comunicaciones (-1,37%) y suministro de electricidad, agua y recolección de desechos sólidos (-0,75%).

En 2025, construcción sufrió la caída acumulada más pronunciada de la gestión con un descenso del 13,57%, seguida por la actividad extractiva que disminuyó un 4,32% y las actividades financieras y de seguros que se contrajeron un 3,45%, según INE.

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Motores tradicionales pierden tracción

Por el lado de la composición, Fortun dice que lo más relevante es que los motores tradicionales de crecimiento en Bolivia comienzan a perder tracción de forma simultánea.

El sector público, que históricamente ha actuado como sostén de la actividad, ya muestra una contribución negativa en el margen.

Según Fortun, esto es consistente con un contexto de menor espacio fiscal, mayores restricciones de financiamiento y la necesidad de contener desequilibrios acumulados.

“Es difícil ver una reversión de esta dinámica en el corto plazo. El viejo modelo todavía aparece en las cuentas, pero cada vez se parece más a un motor fundido que sigue encendido solo por costumbre”, indicó.

El agro sigue siendo el sector más volátil, condicionado por el clima y posibles efectos de El Niño.

Asimismo, el sector hidrocarburífero enfrenta problemas estructurales en producción e inversión, lo que le impide seguir siendo un factor de estabilidad.

Bolivia

Para el economista del IIF, “los recientes cambios en el Ministerio de Hidrocarburos y las reiteradas modificaciones en la presidencia de YPFB (Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos) no son episodios aislados, sino una señal bastante elocuente del deterioro en el principal motor histórico de crecimiento del país”.

“Cuando un sector estratégico entra en esta rotación de nombres, normalmente no es porque sobren soluciones, sino porque escasean”, opinó Fortun.

En paralelo, señaló que parte del ajuste ya se está canalizando a través de la compresión de importaciones.

Si bien esto podría ofrecer un soporte marginal en las cuentas externas, “es un alivio de mala calidad, porque se consigue a costa de menor disponibilidad de insumos y bienes intermedios”.

En otras palabras, añadió Fortun, “mejora un poco el margen externo mientras se deteriora la capacidad de producir. Ese mecanismo termina golpeando a manufactura, comercio y transporte”.

Choques por encarecimiento de combustibles

Gasolina en Bolivia

A estos desafíos se suman los choques generados por la guerra en Medio Oriente.

El encarecimiento reciente del petróleo y de los combustibles refinados en el mercado internacional eleva el costo de abastecer gasolina y diésel, incluso sin un aumento significativo en cantidades importadas.

Para Bolivia eso es especialmente delicado, porque agrava la presión fiscal asociada al esquema de subsidios y encarece toda discusión sobre su corrección.

“No se trata de importar mucho más. Se trata de importar caro en un momento en que el país ya no tiene espalda para absorber ese costo sin consecuencias”, afirmó Fortun. “Y cuando la energía se encarece en una economía con este nivel de fragilidad, el ajuste deja de ser contable y empieza a volverse recesivo”.

En línea con proyecciones recientes de los multilaterales, en el IIF ven una contracción cercana al -4% en 2026.

“Ese escenario responde sobre todo a la gravedad de la situación fiscal, al encarecimiento del frente energético y al hecho de que las políticas necesarias para corregir el desequilibrio van a golpear la actividad de manera inevitable”, apuntó Fortun.

La reducción del financiamiento estatal a empresas públicas y un ajuste en el tamaño del sector público “pueden ser económicamente necesarios, pero no serán inocuos. La aritmética fiscal podrá mejorar, pero el costo en actividad será difícil de esquivar”, remató.

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