Bloomberg — Donald Trump espera cerrar acuerdos económicos y recibir una bienvenida efusiva esta semana en China. Llegará ante un Xi Jinping envalentonado, justo cuando su propia capacidad de acción se ve limitada por el conflicto en Irán.
Cuando el presidente estadounidense aterrice en Pekín el miércoles por la noche para una cumbre de 36 horas, será su primer viaje al extranjero desde que inició la guerra en Medio Oriente. Durante las conversaciones en el Gran Salón del Pueblo y una cena de Estado, seguida de un té matutino, los líderes discutirán sobre comercio, aranceles y la isla autónoma de Taiwán. Otro punto de la agenda, por supuesto, es Irán.
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A medida que la guerra se extiende hacia su tercer mes, China parece tener una influencia única como mayor comprador del petróleo de la República Islámica y socio estratégico de Teherán. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, lo reconoció la semana pasada cuando pidió a Pekín que ayudara a reabrir el estrecho de Ormuz, cuyo cierre ha desencadenado la mayor crisis de suministro de petróleo de la historia moderna.
EE. UU. ha puesto en la mira a las refinerías de petróleo chinas y a las empresas que proveen imágenes satelitales a Irán antes de la reunión, mientras Trump intensifica su campaña para presionar a Teherán a aceptar un acuerdo. Washington debe equilibrar estas acciones frente a la carta ganadora de Beijing: las tierras raras, los “tornillos dorados” de la manufactura global, que China utilizó el año pasado para plantar cara a los aranceles estadounidenses.
“Xi llega a la cumbre con la confianza de haber resuelto el problema de Trump”, dijo Jeremy Chan, analista principal de Eurasia Group y antiguo diplomático estadounidense, citando la ventaja de los minerales críticos de China. Las elecciones de mitad de mandato de noviembre, en las que el aumento de los precios de los combustibles amenaza el control republicano del Congreso, también implican que el líder estadounidense busca victorias favorables al electorado en materia de compras agrícolas.
“Trump necesita más de esta cumbre que Xi”, añadió Chan. “Y Xi lo sabe”.
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El conflicto no resuelto de Medio Oriente podría convertir la reunión en una prueba de la voluntad de ayuda de China sobre Irán en lugar de una sesión en profundidad sobre las diferencias comerciales y económicas.
“Irán podría eclipsar” la reunión, dijo Craig Singleton, exdiplomático estadounidense y miembro sénior de la Fundación para la Defensa de las Democracias. “Complica la imagen pública y aumenta la tensión”.
Trump ha afirmado repetidamente que se considera en ventaja en las negociaciones con adversarios y aliados de Estados Unidos, y su equipo ha insistido en que el presidente inicia las conversaciones desde una posición de fuerza. Como mayor importador de petróleo del mundo, China se enfrenta a riesgos económicos derivados de un cierre prolongado del estrecho, especialmente si esto afecta la demanda mundial de su principal producto de exportación.

Antes de la reunión, Bessent está haciendo escala en Japón y Corea del Sur, enviando un mensaje público de que EE.UU. tiene aliados en la región. También se reunirá con su homólogo chino, He Lifeng. Por su parte, se espera que China reciba al presidente ruso Vladimir Putin en Pekín a finales de este mes, mientras Xi equilibra sus propias relaciones diplomáticas.
Tanto Estados Unidos como China buscan la estabilidad, a pesar de sus diferencias. El martes, el yuan chino registró su racha alcista más larga en casi 11 semanas, un hecho que Estados Unidos podría interpretar como un gesto de buena voluntad. China también anunció el lunes el desmantelamiento de una red transfronteriza de narcotráfico con Estados Unidos, un avance en un tema clave por el que Trump impuso aranceles a Pekín el año pasado.
Al partir de la Casa Blanca hacia Pekín el martes, Trump alabó lo que dijo que sería una gran reunión con Xi, calificando su relación de “fantástica”. Pekín también ha aclamado esa diplomacia de jefes de Estado como el ancla de las relaciones entre China y EE.UU.

Es probable que las dos partes discutan una prórroga de su tregua comercial, las compras chinas de productos agrícolas y aviones estadounidenses y el seguimiento de los envíos de fentanilo. Funcionarios estadounidenses dijeron el domingo a los periodistas que los líderes revisarían propuestas para formar una junta de comercio, que regiría el comercio de productos no sensibles, y una junta de inversión.
Pero aunque Trump lleva un séquito de ejecutivos de las principales empresas financieras, tecnológicas, aeroespaciales y agrícolas, las expectativas de grandes avances son escasas.

“No esperen demasiados acuerdos”, dijo Wang Yiwei, exdiplomático chino y director del Instituto de Asuntos Internacionales de la Universidad Renmin. “La visita de Trump ya es un éxito y sentará las bases para la visita de Xi a Estados Unidos a finales de este año”.
Para Xi, según múltiples analistas chinos, la prioridad será Taiwán, una isla democrática que el Partido Comunista considera suya a pesar de no haberla gobernado nunca. Xi advirtió a Trump de que procediera con cautela en la venta de armas a principios de este año, después de que EE.UU. presentara un paquete de armamento récord de US$11.000 millones. Los funcionarios de Pekín han utilizado en las últimas semanas formas poco ortodoxas para aislar aún más al líder de la isla.
“China presionará a Trump para que cambie su política respecto a Taiwán, incluyendo, aunque no exclusivamente, la venta de armas”, dijo Zhu Feng , decano ejecutivo de la Facultad de Estudios Internacionales de la Universidad de Nanjing, y agregó que el tema es “el más delicado y fundamental para los intereses de China”.
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Según Zhou Bo, coronel retirado del Ejército Popular de Liberación, Pekín dispone de herramientas para tomar represalias, incluyendo maniobras militares más sofisticadas y sanciones, si Estados Unidos presiona a Taiwán. Para subrayar los riesgos para el comercio estadounidense, se espera que Sanjay Mehrotra, director ejecutivo de Micron Technology Inc. (MU), viaje con Trump esta semana; su empresa fue objeto de sanciones chinas en 2023.
Trump ha dicho que discutirá con Xi la venta de armas estadounidenses a Taiwán, mientras que el secretario de Estado Marco Rubio -que ha sido sancionado dos veces por China- dejó claro que “nuestra política no ha cambiado” en este asunto. Aún así, algunos exfuncionarios estadounidenses expresaron su preocupación de que Trump pudiera suavizar la posición de Washington sobre la isla durante las conversaciones.
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Presten atención a las “tres B”: las compras chinas de soja, carne de res y aviones Boeing estadounidenses. En conjunto, representan aproximadamente el 12% de las exportaciones estadounidenses a China, y es probable que Trump quiera que China compre más. Junto con los controles chinos a las exportaciones de tierras raras, esto constituye una poderosa herramienta de presión para Xi.
Es un momento crucial para Trump, que se ha pasado la última década acusando a China de aprovecharse de EE.UU. y prometiendo vengarse. Ahora, cada vez se tiene más la sensación de que le resultará más difícil reordenar la relación, dada la mayor disposición de Pekín a contraatacar.
Xi ha desempolvado dos herramientas comerciales inactivas en el último mes. Primero, Pekín canceló la adquisición por US$2.000 millones de la startup de IA Manus por parte de Meta Platforms Inc. (META), en un uso sin precedentes de un arma reguladora creada en 2020 por la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma. Días después, China ordenó por primera vez a sus empresas que desafiaran las sanciones estadounidenses contra las compañías que comercian con petróleo iraní.

Dina Powell McCormick, de Meta, formará parte de la delegación de Trump, lo que sugiere que esa polémica podría ser objeto de conversaciones.
“La tardía orden de deshacer la adquisición de Manus por parte de Meta muestra hasta qué punto Pekín siente que la pelota está en su tejado”, dijo Dexter Roberts, investigador principal no residente en el Global China Hub del Atlantic Council.
Roberts espera que China establezca un vínculo más explícito entre el acceso a los chips estadounidenses y a las tierras raras, donde Pekín tiene una influencia económica por valor de US$1,2 billones, según Bloomberg Economics.

Cuando Xi y Trump se reunieron por última vez hace seis meses en Corea del Sur para alcanzar una tregua comercial de un año, los aranceles eran una de las principales preocupaciones. Desde entonces, la capacidad de Trump para utilizar dichos aranceles como arma se ha visto mermada por un fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos, y su mensaje de poderío económico se ha visto debilitado por el aumento del precio del combustible.
Mientras tanto, China se enfrenta a sus propios problemas económicos y sigue lastrada por las restricciones estadounidenses al acceso a los chips avanzados necesarios para competir en la era de la IA. Aún queda por ver hasta qué punto Pekín tiene influencia sobre Irán para poner fin a la guerra.
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Lo que quedará claro cuando Trump y Xi se den la mano en Pekín es que el equilibrio de poder entre las dos superpotencias está cambiando.
“Estamos entrando en una nueva normalidad”, afirmó Henry Wang Huiyao, fundador del grupo de investigación Centro para China y la Globalización en Pekín. “Esto significa que tanto Estados Unidos como China reconocen que China es diferente a como era hace unos 10 años, durante la primera visita de Trump”.
--Con la colaboración de Jing Li y Fran Wang.
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