Bloomberg — Donald Trump obtuvo la pompa que tanto anhelaba durante su viaje a China. Sin embargo, el presidente estadounidense concluyó la cumbre prácticamente donde la empezó, recibiendo poca ayuda de su autoproclamado “amigo” Xi Jinping para lidiar con la caótica guerra en Irán y el difícil clima político interno.
Los dos presidentes mostraron cordialidad y respeto durante su cumbre de dos días en Pekín. Trump elogió a China como un lugar hermoso y calificó a su homólogo como un gran líder. Xi, por su parte, recibió a Trump con honores militares, niños ondeando banderas, un obsequio de semillas de rosa y un brindis por su salud.
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Las escenas de cordialidad y la demostración de estabilidad podrían ser la principal conclusión de la visita, que tuvo lugar en medio de la creciente preocupación por las repercusiones económicas del conflicto en Medio Oriente, que está impulsando la inflación mundial, así como por la creciente tensión pública en torno a Taiwán.
A su regreso a Estados Unidos el viernes, los escasos resultados obtenidos pusieron de manifiesto la planificación apresurada y caótica previa al viaje, mientras Trump y su equipo lidiaban con la guerra y diversos problemas internos.
Sin embargo, Trump presentó el viaje como un éxito, y lo fue, para algunos. Aquí hay una lista de los primeros ganadores y perdedores:
LOS GANADORES
Xi Jinping
El presidente chino parecía desear una cumbre tranquila, sin polémicas ni controversias, y lo consiguió. La presencia de Trump en Pekín y sus elogiosas palabras hacia el gobierno chino le brindaron al líder del Partido Comunista una victoria propagandística, evidenciada en parte por el silencio de Trump ante la afirmación de Xi de que habían establecido una nueva “relación constructiva, estratégica y estable“.
El equipo de Xi también logró superar a la Casa Blanca en cuanto a la comunicación: sus declaraciones sobre Taiwán a Trump antes de la conclusión de su primera reunión bilateral generaron una cobertura mediática centrada en la postura de Pekín sobre la isla autónoma.
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Durante su vuelo de regreso a bordo del Air Force One, Trump declaró a la prensa que no había asumido ningún compromiso con Xi respecto a Taiwán y que pronto decidiría sobre una venta de armas a la isla por valor de 14.000 millones de dólares. Cuando Xi le preguntó si Estados Unidos defendería a Taiwán en caso de conflicto, Trump afirmó haber respondido: “No hablo de eso”.

Jensen Huang
El CEO de Nvidia Corp. (NVDA) parecía un posible perdedor a principios de esta semana cuando su nombre no apareció en la lista de ejecutivos que la Casa Blanca invitó a acompañar al presidente en Pekín.
Avancemos hasta el miércoles, ¿y adivinen quién apareció en la pista de aterrizaje en Alaska durante una escala para repostar? El mismísimo Huang, quien se dirigió tranquilamente al Air Force One para unirse a Trump y Elon Musk en el vuelo que los llevaría a Pekín.
Trump declaró el viernes que los chips H200 de Nvidia surgieron durante la reunión y que China no había aprobado su compra porque desea desarrollar los suyos propios. La presencia de Huang en Pekín y su inclusión en la delegación mantuvieron a su empresa en el punto de mira de China, mientras busca obtener mayor acceso a sus mercados.
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Visa Inc.
Trump respaldó la iniciativa del gigante estadounidense de tarjetas de crédito para ingresar al enorme mercado de pagos de China continental. El CEO, Ryan McInerney, se encontraba entre el grupo de aproximadamente 30 líderes empresariales estadounidenses que formaban parte de la delegación de Trump, y el presidente estadounidense declaró a Fox News que presionó personalmente a Xi para que abriera el acceso a un mercado que, según el Banco Popular de China, contaba con 10.200 millones de tarjetas bancarias en circulación a finales de 2025 y un valor total de transacciones de 963,6 billones de yuanes (US$142 billones) el año pasado.
“Visa (V) es un asunto importante. Pregunté: ¿Qué hay de usar Visa en China? Por alguna razón, los vetaron, y tal vez eso cambie”, dijo Trump.
Irán
Se preveía que la guerra dominaría —si no eclipsaría— la cumbre, y funcionarios estadounidenses habían expresado antes de llegar a Pekín su esperanza de que Xi aceptara presionar al régimen iraní para lograr un acuerdo de paz, que hasta ahora se ha mostrado inalcanzable. Al final, Trump celebró públicamente las posturas que China ya había adoptado: que el estrecho de Ormuz debía permanecer abierto, que Teherán no debía poseer armas nucleares y que Pekín no vendería equipo militar a Irán.
Trump afirmó no haber pedido favores a Xi, pero creía que este presionaría a Irán para reabrir el canal. China podría tomar medidas enérgicas contra la tecnología de doble uso o presionar a Irán discretamente. Sin embargo, Pekín, principal comprador de petróleo iraní, ni siquiera mencionó a Irán por su nombre en sus declaraciones públicas sobre la cumbre.
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Mientras tanto, Trump restó importancia a una de sus principales peticiones —la recuperación de uranio altamente enriquecido—, calificándola principalmente de estrategia de relaciones públicas. El statu quo podría beneficiar a Irán, que se ha resistido a la presión de Trump para lograr un acuerdo de paz, incluso mientras amenaza con nuevas acciones militares tras semanas de un frágil alto el fuego.
LOS PERDEDORES
Taiwán
Trump no quería hablar mucho de Taiwán antes de su viaje a Pekín. Xi sí.
China estrenó un nuevo y contundente discurso advirtiendo sobre un posible conflicto con Estados Unidos, que suministra armas a la isla democrática que China considera propia. Un comunicado de la Casa Blanca sobre la reunión no mencionó a Taiwán en absoluto, aunque el secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó en una entrevista televisiva posterior que la política estadounidense no había cambiado.
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Trump declaró el viernes que había escuchado a Xi sobre el tema, aunque sin comprometerse oficialmente. “Creo que lo último que necesitamos ahora mismo es una guerra a 9.500 millas de distancia”, dijo a los periodistas durante el vuelo de regreso.

Boeing
Aviones, aviones, aviones. El gigante aeroespacial estadounidense figuraba entre los principales beneficiarios de la cumbre, y se especulaba con que Pekín realizaría un pedido de hasta 500 aviones nuevos. Finalmente, Trump anunció que se habían comprometido a comprar 200.
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Lo presentó como una victoria, afirmando que Boeing esperaba 150, pero la cifra no se ajustó a las expectativas previas a la cumbre, y las acciones de la compañía sufrieron un revés. Posteriormente, declaró que China había prometido comprar hasta 750 aviones si Boeing cumplía satisfactoriamente con el pedido inicial.
Republicanos del Congreso
Los importantes acuerdos agrícolas o comerciales podrían haber proporcionado a los aliados de Trump un impulso de cara a las elecciones de mitad de mandato de noviembre.
Pero los acuerdos presentados por la Casa Blanca parecían más una ilusión que una promesa firme. Los funcionarios indicaron que un plan que podría reducir los aranceles a unos US$30.000 millones en productos chinos de industrias no críticas probablemente requeriría meses de trámites administrativos antes de su finalización. Trump alardeó de que Xi estaba interesado en comprar petróleo a Estados Unidos, pero también indicó que aún no se había cerrado ningún acuerdo.
Y si bien Jamieson Greer, representante comercial de Trump, sugirió que China realizaría compras de productos agrícolas por valor de miles de millones de dólares en los próximos tres años, también admitió que el calendario agrícola implicaba que algunas compras clave, como la de soja, no se concluirían hasta el otoño. Los futuros cayeron.
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Mientras tanto, el acuerdo que permite la reapertura de China a la carne de vacuno estadounidense se produce en un momento en que los precios de la carne en el mercado interno siguen siendo una preocupación para los votantes.
Trump declaró a los periodistas que él y Xi no hablaron sobre una posible prórroga de su tregua arancelaria durante sus conversaciones.
Servicio Secreto y la Prensa
Si bien la mayor parte de la atención en la cumbre se centró en los líderes de las economías más grandes del mundo, un espectáculo secundario inesperado tuvo lugar entre los protagonistas que acompañan a Trump a dondequiera que vaya: periodistas y agentes del Servicio Secreto.
El jueves, en el Gran Salón del Pueblo, periodistas chinos irrumpieron en la reunión bilateral entre Trump y Xi, pisoteando a un funcionario estadounidense, quien terminó con el pie hinchado. Más tarde, en el Templo del Cielo, que Xi mostró a Trump como parte de un encuentro cultural, funcionarios chinos impidieron la entrada al recinto a un agente del Servicio Secreto que acompañaba a los periodistas porque portaba un arma.
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Más tarde, mientras los dos líderes contemplaban el monumento, funcionarios chinos condujeron a la prensa a un edificio cercano y no les permitieron salir. Los periodistas y sus acompañantes estadounidenses salieron corriendo para unirse a la caravana de Trump, pasando junto a los funcionarios chinos que intentaban detenerlos. El incidente generó una gran cobertura mediática en Estados Unidos, amenazando con eclipsar otros aspectos del viaje.
Trump, un crítico frecuente de los medios, declaró a la prensa que había hablado con Xi sobre Jimmy Lai, fundador del antiguo periódico hongkonés Apple Daily, quien fue condenado en febrero a 20 años de prisión por cargos de conspiración y sedición. El presidente, que ha pedido la liberación de Lai, afirmó que Xi le había dicho que sería muy difícil lograrlo.
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