Latinoamérica corre riesgo de no capitalizar el alza del petróleo y tener mayor riesgo fiscal: IIF

En América Latina, Chile, México y Colombia aparecen entre los más vulnerables al shock energético porque el encarecimiento de la energía tiene más capacidad de filtrarse a la cuenta externa, la inflación y las condiciones financieras.

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En la foto una planta de Ecopetrol, en Colombia.
20 de marzo, 2026 | 09:00 AM

Bloomberg Línea — El encarecimiento de la energía podría transformarse en un riesgo fiscal para América Latina si los gobiernos optan por subsidios generalizados o mayores déficits para amortiguar el impacto, advirtió el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF).

El economista sénior del IIF, Jonathan Fortún, dijo a Bloomberg Línea que, históricamente, la respuesta política en América Latina a los shocks energéticos ha sido tratar de amortiguar el impacto sobre combustibles, transporte o alimentos mediante subsidios, controles o algún esquema de contención de precios.

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“Eso puede suavizar el golpe inicial, pero también puede deteriorar rápidamente las cuentas públicas”, dijo Fortun, coautor junto a Marcello Estevão del reporte titulado Las crisis energéticas y los mercados emergentes: un nuevo mapa de vulnerabilidades.

En ese sentido, advirtió que “una mala respuesta al shock puede convertir un problema externo e inflacionario en un problema fiscal también”.

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El riesgo es que, si el mercado interpreta que la estrategia oficial implica más gasto, mayor déficit o subsidios difíciles de desmontar políticamente, el castigo puede trasladarse a mayores primas de riesgo, presión cambiaria y menor acceso a financiamiento.

En ese sentido, Fortun dijo que la amenaza fiscal no proviene solo del petróleo, sino del intento de neutralizar su impacto a costa del balance público.

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“La respuesta sensata, entonces, no es esconder el shock, sino administrarlo sin romper la macro”, dijo Fortun.

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En su opinión, eso implica dejar que parte del ajuste ocurra en precios relativos, usar apoyo focalizado y temporal en vez de subsidios generalizados, y evitar que una medida de alivio de corto plazo abra una discusión más grande sobre solvencia fiscal.

“En varios países latinoamericanos, esa puede ser la verdadera línea divisoria entre absorber un shock de energía y convertirlo en un problema macro mucho más amplio”, anotó el economista.

Impactos previstos

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Según Fortun, este no es un shock que deba leerse solo en clave de petróleo.

“La pregunta no es únicamente quién importa energía y quién exporta. La pregunta es dónde el encarecimiento de la energía se cruza con fragilidad externa, inflación todavía incómoda y menor margen de política”, apuntó.

El reporte del IIF explica que las crisis energéticas no afectan a los mercados emergentes de manera uniforme.

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El informe advierte que el impacto puede ampliarse desde la energía hacia los alimentos, el mercado cambiario y el financiamiento soberano.

En general, “su impacto depende de cómo se combinan la exposición energética, la sensibilidad a la inflación y la fragilidad financiera”, de acuerdo con el reporte.

El primer canal de transmisión es la factura de las importaciones de energía, que afecta directamente a las balanzas externas.

El segundo canal pasa por la inflación derivada de mayores precios de alimentos y la energía, especialmente en los casos en que los que tienen un peso elevado en el IPC.

Y el tercer canal es la vulnerabilidad financiera, “sobre todo cuando los mercados de deuda nacionales dependen de inversores externos”, agrega el documento.

En ese momento deja de ser un shock sectorial para convertirse en un problema macroeconómico más amplio.

Esto dado que reduce el margen para bajar tasas, presiona el tipo de cambio y obliga a los mercados a diferenciar con mayor severidad entre países.

Efectos diferenciados

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El encarecimiento de la energía ante la disparada del petróleo vuelve a presionar a las principales economías latinoamericanas, con efectos diferenciados.

“A diferencia de Asia emergente, donde la concentración de economías altamente expuestas es mucho más clara, en Latinoamérica lo que domina es la heterogeneidad”, según Fortun.

Explica que Chile sobresale como uno de los casos de mayor vulnerabilidad dentro de la región, porque combina una posición energética menos favorable con sensibilidad a costos importados y sin un gran amortiguador petrolero propio.

“México y Colombia también quedan en la zona elevada, aunque por mecanismos distintos”, dijo el economista.

En México, indicó que la vulnerabilidad tiene que ver con la interacción entre el shock energético y un marco macro que puede perder flexibilidad si la presión inflacionaria se prolonga.

En Colombia, el petróleo “da un colchón parcial por el lado externo, pero no elimina el riesgo de transmisión hacia inflación, tipo de cambio y condiciones financieras”, señaló el economista.

Ya en el caso de Brasil dijo que estaría en una mejor posición precisamente porque el alza de los precios de las materias primas le permite compensar parte del impacto del shock energético, aunque incluso ahí el canal de fertilizantes y costos agrícolas sigue siendo relevante.

Ignacio Mieres, líder de Investigación de la plataforma de inversiones XTB, dijo que el petróleo mantiene una presión alcista sostenida, con el WTI aproximándose a US$100 por barril, mientras que el Brent se disparó a US$114 por barril. “Este movimiento responde principalmente a factores geopolíticos, que siguen siendo el catalizador dominante del mercado”.

En particular, se refirió a la intensificación del conflicto con Irán y los recientes ataques a infraestructura energética en el Golfo Pérsico que han elevado significativamente la prima por riesgo. “Este tipo de eventos no solo impacta las expectativas, sino que también introduce un mayor riesgo para la continuidad del suministro”, apuntó.

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