Exdirector del FMI ve acceso al mercado como llave para resolver la deuda argentina con el organismo

Alejandro Werner, exdirector del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, espera que una vez que Argentina recupere el acceso fluido al mercado y se supere la barrera electoral se vaya sustituyendo el crédito del Fondo con crédito privado

En la imagen, Alejandro Werner, exdirector para el hemisferio occidental del Fondo Monetario Internacional, habla durante una entrevista con Bloomberg Television en Nueva York, EE. UU., el miércoles 20 de noviembre de 2019.

Buenos Aires — Como director del Departamento del Hemisferio Occidental, Alejandro Werner estuvo en el centro de la negociación del programa que el FMI firmó con Argentina en 2018. Ese acuerdo, que selló el reencuentro de las partes tras el traumático divorcio de principios de siglo, continúa marcando el pulso de la economía argentina y trazando su rumbo hasta hoy.

De visita por Buenos Aires para presentar ‘Argentina en el Fondo’ (editorial Edhasa) en la Feria del Libro 2026, Werner recordó en una entrevista con Bloomberg Línea aquellos frenéticos días en los que se gestó el programa de US$45.000 millones entre Argentina y el Fondo (luego se ampliaría hasta US$57.000 millones), convirtiendo al organismo en el principal acreedor del país y al país en su principal deudor.

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Además, Werner analizó por qué naufragó ese acuerdo y el “efecto catalítico” que no fue, relató cómo fue la relación del organismo con Argentina durante el gobierno de Alberto Fernández (2019-2023) y explicó por qué por entonces se perdió “una gran oportunidad”, y examinó el programa actual, con las diferencias que cree retrasaron la última revisión.

Mirando hacia adelante, consideró que debería haber un retoque en el programa con miras a los desembolsos en 2027 y señaló qué condiciones deberían darse para que el país vaya sustituyendo el crédito del Fondo con crédito privado.

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Argentina en el Fondo y la influencia de Estados Unidos

Werner llegó el miércoles a Buenos Aires para presentar ‘Argentina en el Fondo’, el libro que escribió junto al periodista Martín Kanenguiser. Allí, los autores repasan la compleja relación entre el país y el organismo en los últimos 70 años, en los que las partes firmaron más de 20 programas que no lograron estabilizar la atribulada economía del país.

La motivación de escribir el libro, explica Werner, radica en la intención de derribar mitos respecto de la relación entre Argentina y el Fondo y generar un mejor entendimiento de cómo opera el organismo. También busca ofrecer claridad sobre cómo interactúan las decisiones técnicas y las decisiones políticas. “Creímos con Martín que tenía valor hablar de estas cosas, mezclarlo con la historia del Fondo Monetario con otros países de América Latina y poner la relación de Argentina con el Fondo en perspectiva”, dijo.

Una de esas nociones instaladas en Argentina que Werner considera necesario rebalancear es el peso entre lo político y lo técnico. “Muchas veces en Argentina se percibe que la relación que Argentina pueda tener con Estados Unidos es fundamental en determinar las acciones que toma el Fondo. Mi opinión, habiéndolo visto desde adentro, es que la política pesa menos de lo que piensan los argentinos pero más de lo que pensamos los funcionados del Fondo”.

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Días de vértigo en 2018 y el “efecto catalítico” que no fue

El programa firmado entre Argentina y el FMI en mayo de 2018 tuvo en Alejandro Werner a uno sus principales protagonistas. Como director del Departamento del Hemisferio Occidental, cargo que ejerció desde 2013 hasta 2021, Werner reportaba de forma directa a la exdirectora gerente del Fondo Christine Largarde y llevó adelante negociaciones con el exministro de Hacienda Nicolás Dujovne, su jefe de Gabinete Ariel Sigal y el por entonces presidente del Banco Central (BCRA) Luis Caputo (hoy a cargo del Ministerio de Economía en el Gobierno de Javier Milei), entre otros.

De aquellos días frenéticos, recuerda las particularidades que rodearon al caso. No sólo el tamaño del préstamo, sino también el hecho de que el expresidente Mauricio Macri (2015-2019) le solicitara el programa a Lagarde sin previo aviso. “Esa anécdota, lo que refleja es un proceso de toma de decisiones en el gobierno de Mauricio Macri, muy rápido y tal vez sin haber analizado todas las implicancias de la decisión”, recuerda.

Macri y Lagarde, protagonistas del acuerdo Stand By

“Lo que contamos en el libro es que tradicionalmente el ministro o el funcionario que le va a hacer el planteamiento al presidente sobre recurrir a un crédito del Fondo, primero quiere tener una mejor idea de cuáles son las implicancias de esto, y para eso es el contacto previo. No es porque tenga que pasar por nosotros, sino para que los funcionarios en Argentina le lleven al presidente una visión más amplia de lo que implica establecer esta relación financiera con el Fondo Monetario Internacional”, aclara.

Ese desconocimiento, aduce Werner, puede responder al hecho de no haber tenido una relación con el Fondo Monetario por 20 años, desde que Néstor Kirchner (2003-2007) canceló la deuda con el organismo.

Respecto del monto, señaló que fue “muy grande” cuando se lo mira en términos absolutos y en relación con la cuota del país (1110%), pero añadió que, a la hora de otorgar créditos, el FMI los divide en “dos grandes cajones” en términos de tamaño: los de acceso normal, que se sitúan debajo del 400% de cuota, y los de acceso extraordinario, por encima.

“Obviamente el programa de Argentina era de acceso extraordinario”, dice. Pero cuando se compara el programa argentino con otros programas de acceso extraordinario, añade que “no es anormal”. Y ejemplifica que en relación a la cuota “a Grecia se le dio más, a Portugal se le dio más”.

Aun así, agrega que el programa con Argentina estuvo en el cajón de programas grandes, pero dado que “en términos absolutos, Portugal y Grecia son economías mucho más pequeñas”, bajo las reglas y precedentes del Fondo el crédito que tomó Mauricio Macri terminó siendo muy importante, aunque “tampoco fue tan grande”.

Pero además, Werner justificó que cuando los países requieren un apoyo excepcional, si el apoyo no es grande puede quedarse a mitad de camino y no tener el “efecto catalítico” de mejorar la dinámica de mercado.

El libro ‘Argentina en el Fondo’ describe un episodio que refleja la urgencia que había en Argentina por aquellos días en los que el gobierno de Mauricio Macri acudió al organismo ante un contexto externo que empezó a soplar de frente cerrándole al país los mercados voluntarios de deuda y en medio de un proceso de ajuste gradual que lejos estaba de concluirse. El propio Macri, relata Werner, anunció la ampliación de los desembolsos pese a que los mismos no estaba todavía acordados.

Por entonces, recuerda Werner, la volatilidad de los mercados financieros en Argentina era muy elevada. Se acercaba la primera revisión del programa y una opción era fortalecer el programa en varias dimensiones: en la parte fiscal -meses después se reforzaron las metas fiscales-, en el marco monetario y en una ampliación del programa.

“Lo que contamos en el libro, es que yo había tenido conversaciones muy preliminares con Nicolás Dujovne sobre ese tema y habíamos dicho que íbamos a trabajar en ese tema. Pero dada la intensidad de la volatilidad de los mercados financieros, el presidente Macri decidió hacer un anuncio como si esto ya estuviese acordado, que sorprendió a todo el staff, sorprendió a Christine Lagarde, y obviamente generó mayor volatilidad porque tradicionalmente estos anuncios se hacen de manera conjunta”, dijo.

“Al no haber un anuncio del Fondo por muchas horas, los mercados empezaron un poco a cuestionarse qué estaba pasando”, rememoró.

Finalmente, el exdirector del organismo recordó que esa noche el Fondo apuró un comunicado que decía que existían conversaciones y que una misión llegaría al país, y las partes comenzaron a trabajar en ello.

La jugada, no obstante, generó “mucha incertidumbre” hacia adentro del Fondo. “Yo creo que al final del día generó más problemas porque no calmó a los mercados, se depreció más el tipo de cambio, y luego generó dudas dentro del Fondo Monetario e incluso debilitó un poco la posición de funcionarios y tal vez de Christine Lagarde misma”, expresó.

Fracaso del programa y los años de Alberto

¿Cuánto influyó el pasado turbulento de principios de siglo entre Argentina y el FMI en aquellas negociaciones? Para Werner, la respuesta a esa pregunta es inequívoca: “Claro que influyó. Influyó en algunos momentos de manera negativa porque había funcionarios en el Fondo que habían trabajado previamente en el caso argentino y tenían dudas, prejuicios formados por la experiencia previa”.

Pero también marca que aquella experiencia influyó por momentos de manera positiva, haciendo que el Fondo y la gerencia más sensibles en cómo diseñar el programa y cómo comunicarlo para no generar una posición negativa de parte de la política, del Congreso.

“Creo que desde el punto de vista del diseño generó más conciencia de tratar de encontrar equilibrios entre lo que es políticamente viable y lo que es técnicamente deseable. Porque finalmente, y esto está abierto a debate, creo que fue el tema político y la incertidumbre política lo que terminó generando el fracaso del programa, en la medida que se empezó a ver que en la transición política y en las elecciones podía venir un futuro gobierno con ideas muy diferentes que no estaban de acuerdo con el programa”, dijo.

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El aumento de la volatilidad financiera y la dolarización de activos, recordó el exfuncionario del Fondo, llevaron luego al exministro Hernán Lacunza a que pusiese controles de capitales, dando inicio a un proceso que eventualmente derivaría en la reestructuración de la deuda. “Obviamente ese no era el fin de ese programa”, subrayó.

El exministro de Economía Martín Guzmán y Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI

Respecto de la relación que luego el Fondo tuvo con Alberto Fernández, que Werner pudo ver en primera persona solo durante la primera mitad del mandato, el exdirector recuerda que en las primeras conversaciones con Alberto Fernández hubieron dos dimensiones importantes a destacar: en primer lugar, que Alberto Fernández en esas conversaciones reflejaba cierto compromiso con el orden fiscal haciendo referencia a su experiencia como jefe de gabinete de Néstor.

“Eso nos dejaba tranquilos, era una buena señal”, recuerda. Pero en la parte monetaria y cambiaria, dice que desde el FMI no tardaron en percibir que “había una confusión total”.

“Había preocupación de nuestro lado, que Alberto Fernández realmente consideraba que la inflación era un fenómeno que estaba desconectado de la política monetaria”, relata Werner.

Además, agrega que el expresidente tenía un marco conceptual en donde consideraba que era óptimo para la economía argentina operar con controles de capitales, y que el acceso a los mercados financieros de manera fluida, con una cuenta de capitales abierta, no era un objetivo de política dada la estructura de la economía argentina.

Por otra parte, también recuerda que “si bien el Fondo ya en ese momento pensaba que Argentina tenía que ir por una reestructuración de la deuda, los gobiernos kirchneristas ven a las reestructuraciones como un instrumento de uso más frecuente en el toolkit del policymaker y no como un instrumento de última instancia”.

Para Werner, lo que finalmente cambió la dinámica fue la pandemia, dado que hizo a un lado los problemas particulares de los países y puso en el centro la necesidad de los organismos multilaterales para actuar de manera coordinada para ayudar a las economías emergentes, en desarrollo, de bajos ingresos, a superar la emergencia.

Ahí creo que hubo un error de parte nuestra y de la directora gerente en términos políticos y más de Alberto Fernández de no aceptarlo: pero la pandemia era un momento óptimo para haber sacado un nuevo programa con Argentina, se podrían haber ampliado los recursos”, señaló.

Para Werner, esa fue “una gran oportunidad” que se perdió: “El Fondo nunca hubiese exigido un ajuste ahí, más bien hubiese dicho va a haber un ajuste posterior”.

Ese programa terminó naufragando, con el Gobierno argentino incumpliendo prácticamente todas las metas pactadas. “El programa terminó siendo muy malo”, dice Werner, aunque consideró que el Fondo terminó ante una decisión muy difícil que implicaba reconocer que “Argentina no nos va a pagar”.

Ante esa conclusión, el dilema que se le presentó al organismo fue preguntarse si era preferible que Argentina no pague estando en default, estando en atrasos con el Fondo, o evitar eso con un nuevo programa. “El Fondo Monetario escogió por la segunda vía. Obviamente después de los años del gobierno del presidente Fernández se vio que no sirvió de límite para nada y claramente se hizo un programa con un presidente que no creía en nada de las cosas que están en el programa”, expresó.

Luego, Werner recordó el conflicto de interés que representó para el Fondo el hecho de que Sergio Massa fuera, al mismo tiempo, ministro de Economía y candidato a presidente por Unión por la Patria. Para el FMI, esa situación presentaba un dilema, dado que por un lado no podía meterse en política interna, pero al mismo tiempo los incentivos del ministro en ese momento eran ganar la elección, no implementar las mejores políticas económicas”.

Sergio Massa junto a Kristalina Georgieva en Washington

Esa aparente laxitud por parte del Fondo le valieron no pocas críticas dentro del país. Ya fuera del organismo, Werner evaluó que “entre no tener programa y hacer un programa malo, la decisión fue la correcta”. Aun así, cree que el Fondo “tenía mayor capacidad de negociación y podía haber exigido un poco más”.

“Esa parte es cuestionable, pero en un primer orden, creo que no hacer un programa hubiera sido peor para Argentina y para la relación entre Argentina y la comunidad internacional”, cerró.

La llegada de Milei y un nuevo programa

Respecto del programa actual, Werner destaca que ahora Argentina tiene “un presidente que está obsesionado y tremendamente convencido de que Argentina necesita finanzas públicas sanas y menor gasto público”.

Milei

“Creo que hoy todo el mundo tiene muy claro que mientras Milei sea presidente, Argentina no va a tener una situación de insostenibilidad fiscal”, indica. “Esto el Fondo lo reconoce, es un cambio gigantesco en la interacción con un país que tiene un crédito tan grande”.

Pese a ello, consideró que las principales dudas siguen en función de la parte monetaria.

“Al final del día, el centro de las dificultades de Argentina en sus intentos de estabilización ha venido por la parte cambiaria, monetaria y la acumulación de reservas. Creo que ahí es donde está un poco la causa del retraso que se ha dado en la segunda revisión. Pero sí se negocia desde un punto de acuerdo muy grande, en un tema fundamental que es lo fiscal, aunque creo que sigue habiendo diferencias importantes en la política monetaria, cambiaria y de acumulación de reservas que se han ido arreglando”, marcó.

Es que según recuerda, “si nos vamos ocho meses atrás, la posición del Gobierno de Argentina era que acumular reservas internacionales no tenía sentido en un régimen de flotación”. Pero ahora, dice que “se ha avanzado en esa visión”, más allá de que “la parte del régimen monetario actual sigue siendo un poco confusa, no sabemos cuál es el objetivo”.

Werner cree que “no es que haya que ir a un régimen de metas de inflación”, pero sí considera necesario tener objetivos indicativos para “influir en la formación de expectativas”.

“Para bajar la inflación de 150 a 30, no hace falta tener metas. Con decir quiero que la inflación baje muchísimo y tengo instrumentos para lograrlo... Si al final del día en lugar de bajar a 30 bajas a 40, el objetivo está cumplido. Pero ya cuando empiezas a llegar a estos rangos de 30 a 25, no solo se trata de tener los fundamentos bien”, apuntó.

Creo que esa parte todavía está en construcción y está en el centro de lo que creo que fue la discusión con el Fondo para llegar a esta segunda revisión. Vamos a ver cuando se publiquen los documentos exactamente cuáles fueron estos temas”.

Pero además, Werner cree que en la reciente negociación probablemente también haya habido “un tema de financiamiento de mercado”.

Creo que el Fondo cree que en esta etapa por la que está atravesando Argentina si se accede a los mercados la siguiente colocación va a ser mejor y que es importante abrir esa puerta. Creo que también ahí puede haber algunas discusiones”, consideró.

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Ocurre que el ministro Caputo reiteró la semana pasada en Estados Unidos, en el marco de las Reuniones de Primavera del FMI y el Banco Mundial, que por los próximos 18 meses Argentina no precisa acceder a los mercados internacionales para hacer frente a sus vencimientos de deuda, a pesar de que el país enfrenta en los próximos años vencimientos muy importantes tanto con el FMI como con acreedores privados.

“Aunque a veces desde el punto de vista de flujos puedas tener el financiamiento, la acumulación de reservas es para evitar una dolarización de activos en pesos”, indicó.

Y entrando a un 2027 electoral, en un mundo que ha sorprendido con shocks muy grandes, Werner ve que el proceso de acumulación de reservas y la apertura del mercado de capitales internacionales harían a la Argentina “mucho más resiliente”.

Creo que el Fondo Monetario tiene esta visión y creo que el Ministerio (de Economía) también. Claramente ahí hay diferencias de opinión, en cuándo es un buen momento de entrar”, consideró.

Consultado respecto de si un acceso a los mercados internacionales le podría permitir a Argentina ir bajando el peso de la deuda que todavía mantiene con el Fondo Monetario Internacional, al reemplazar deuda senior por bonos, Werner respondió que “sí, pero no ahora”.

En 2027 Argentina empieza a tener desembolsos netos negativos con el Fondo. Es decir, lo que el Fondo le da a Argentina es menos de lo que Argentina tiene que repagar.

Creo que, si Argentina y el Fondo estuviesen un 95% de acuerdo en las cosas, yo sería de la idea de que el Fondo tendría que modificar el programa para que en el 2027 al menos los desembolsos netos no sean negativos”, dijo antes de explicar que no sería conveniente “que en un momento de potencial inestabilidad los vencimientos con el fondo se vuelvan una fuente adicional de incertidumbre”.

Pero, una vez superada esa incertidumbre política y Argentina tenga el acceso fluido al mercado internacional, Werner cree que tiene que venir un periodo en el que el país vaya sustituyendo el crédito del Fondo con crédito privado, tal como han hecho otros países.

No obstante, marcó que “hay que hacerlo de manera inteligente, porque tampoco le quieres mostrar al mercado que van a haber treinta mil millones de dólares de colocaciones en un año”, ya que eso podría empinar la curva.

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