Bloomberg Línea — Los colombianos irán a las urnas en seis días. Según las encuestas presidenciales, nadie gana en primera vuelta, a pesar de que las campañas de Iván Cepeda y Abelardo De La Espriella le han apostado a ganar este 31 de mayo.
Para descifrar cómo llegan a esta recta final los tres candidatos con mayores posibilidades, Bloomberg Línea habló con Jairo Libreros, analista, consultor político y profesor de la Universidad Externado de Colombia.
Iván Cepeda, el candidato de izquierda que no es un caudillo
En su campaña presidencial Cepeda se ha mostrado como una persona tranquila, que dialoga. Escogió a Aida Quilcué, una mujer indígena, como su fórmula vicepresidencial, y su mensaje central ha sido la moderación en el discurso.
El problema de ello, según Libreros, es que esa distinción frente al discurso y la figura de Gustavo Petro no basta. “El gran caudillo de la izquierda es Petro. Cepeda puede llegar a la Casa de Nariño, pero va a llegar con los votos que le entregue el hoy Presidente”.
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Libreros reconoce que Cepeda tiene una trayectoria política sólida, pero identifica una debilidad estructural que va más allá del carácter: no es un buen comunicador de masas. “No recuerdo un anticandidato más representativo en la historia de las elecciones en Colombia”
Lo describe como alguien que lee sus discursos, que no logra emocionar ni transmitir entusiasmo, y que en el momento en que Petro deje de intervenir en política “esa candidatura se desinfla por completo”.
A pesar de ello, las encuestas lo ubican en el primer lugar. La paradoja es que lidera una carrera que, en opinión de Libreros, no le pertenece del todo. Iván Cepeda encabeza las preferencias electorales, pero su resultado final dependerá de cuánto combustible le transfiera el presidente saliente.
En una democracia donde el 75% de los votantes toma su decisión frente a la urna, según las firmas encuestadoras, esa dependencia puede ser tanto su mayor fortaleza como su mayor fragilidad.
De La Espriella consolidó su estrategia con un discurso antisistema
Hace un año, Abelardo De La Espriella no estaba en el radar presidencial. Hoy, se autodenomina “el tigre”, sus canciones de campaña se cantan en plazas de todo el país y las encuestas lo ubican en segundo lugar, con más de diez puntos de ventaja sobre Paloma Valencia.
Para Libreros, su ascenso no es accidental ni superficial. Es la expresión de tres fuerzas que se alinearon: la crisis de los partidos políticos, el rechazo a la institucionalidad y el poder de las emociones en campaña.
“Buscan romper con la institucionalidad. Lo hizo Rodolfo Hernández hace cuatro años. Abelardo representa igualmente eso: alguien que está por fuera de los partidos políticos, que no tiene experiencia política ni experiencia pública”, explicó el analista.
Lo que lejos de ser una debilidad ante su electorado, se convierte en su argumento central.
Libreros traza una línea directa entre De La Espriella y una tendencia global: la fractura de la derecha tradicional que produce figuras más radicales y más populares. Vox en España, Donald Trump en Estados Unidos, Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador. Colombia tiene ahora su propia versión de ese fenómeno.
Su estrategia comunicacional, admite el analista, ha sido “muy efectiva”. Los mensajes simples, “absolutamente gaseosos”, los llama Libreros, pero que resuenan con fuerza en un electorado harto de la inseguridad y la corrupción.
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La elección de José Manuel Restrepo como fórmula vicepresidencial fue, en ese sentido, un movimiento calculado: el exministro de Hacienda y de Comercio, y exrector de Universidades como El Rosario y el CESA aporta credibilidad técnica y genera tranquilidad en los mercados, moderando la imagen más disruptiva de De La Espriella.
Paloma Valencia llegó tarde a su propio momento
El arranque de Paloma Valencia fue prometedor. Ganó la consulta interna del Centro Democrático con una votación contundente, el respaldo del expresidente Álvaro Uribe y la estructura del partido más grande de la derecha colombiana.
Sin embargo, hoy las encuestas la ubican en un distante tercer lugar, muy por debajo de sus dos competidores directos.
Libreros lo explica con una frase: “Valencia maneja ideas del pasado que no representan los intereses de las personas que van a acudir a las urnas, especialmente los jóvenes”.
El apoyo permanente del expresidente Uribe, que para un sector sigue siendo un activo invaluable, para otro, especialmente el voto joven, es un lastre que la ancla a una época superada.
La otra herida fue estructural: la derecha no se unió. Tanto Paloma como Abelardo tuvieron la oportunidad de construir una candidatura única y la desperdiciaron, explica el consultor. Terminaron compitiendo entre sí, atacándose mutuamente, usando la misma táctica del miedo a Cepeda, y fragmentando un electorado que en suma podría haber sido mayoritario.
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“Le faltó programa, le faltó conexión y le faltó quizás algo muy importante: tener un equipo de trabajo que, no ahora, sino desde el año pasado, tuviera la capacidad de aglutinar al sector mayoritario de la derecha”, concluye Libreros.
Para el analista, las posibilidades de que Valencia llegue a una segunda vuelta son prácticamente nulas.
Mantenerse al margen como último cartucho a quemar
Con entre el 23% y el 27% del electorado aún sin decidir su voto según las encuestas, la tentación de hacer un último movimiento audaz es comprensible, sin embargo, Libreros da el consejo opuesto.
“En estos momentos, la suerte ya está echada. Cero entrevistas, cero debates. Si se exponen y cometen un error, el daño puede ser tan fuerte que los dejaría por fuera de la segunda vuelta”, advierte.
Lo que viene este 31 de mayo, añadió, no lo decidirá un debate de última hora ni un trino incendiario, sino ese 75% de colombianos que resolverá todo frente a la urna, en el último segundo, movido por algo que ninguna encuesta termina de medir del todo: la emoción.













