Brasil y Colombia pagan una de las deudas soberanas más caras del mundo: las razones

Las tasas reales que pagan Brasil y Colombia por el financiamiento evidenciarían una mayor percepción de riesgo y presión sobre sus finanzas públicas.

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Los rendimientos a 10 años y el diferencial frente al Treasury se alinean con rating y con
percepción de riesgo fiscal y macro.
23 de febrero, 2026 | 09:30 AM

Bloomberg Línea — Colombia y Brasil se ubican entre los países con mayores tasas de interés reales en sus bonos soberanos a 10 años a enero de 2026, solo por debajo de economías con fuertes tensiones macrofinancieras, según cifras de la firma Lumen Economic Intelligence.

Las economías emergentes suelen pagar tasas reales cercanas al 4%, mientras que en las de ingresos altos estas se ubican generalmente por debajo del 2%, dijo a Bloomberg Línea Luis Fernando Mejía, CEO del centro de análisis Lumen Economic Intelligence. “Brasil tiene el mismo problema de Colombia, alto déficit y alta deuda. México y Perú tienen tasas de interés acordes a sus pares de ingreso mediano alto”, dijo.

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Sobre Colombia, explicó en su cuenta de X que el nivel de tasas reales “refleja la prima de riesgo asociada al deterioro del balance fiscal y a la ausencia de una senda creíble de consolidación”.

Ver más: El “vísteme despacio” de Milei con la deuda y el riesgo país: ¿objetivo 340 puntos de Macri?

En su opinión, “sin ajuste fiscal, el costo del financiamiento para el Gobierno y, por extensión para toda la economía, seguirá siendo estructuralmente alto”.

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Mejía consideró que en Perú las tasas deberían subir mientras se resuelve el futuro del escenario político, mientras que en Brasil y Colombia “no debería haber movimientos grandes ahora, pero sí alrededor de las elecciones” a la Presidencia.

Precisó que Argentina aún no es sujeto de crédito, sino que sus compromisos se centran en los millonarios desembolsos del Fondo Monetario Internacional (FMI), así como en deuda secundaria (compra/venta en el mercado).

La colocación de deuda de Ecuador (bonos a ocho y 13 años a tasas de 8,75% y 9,25%) alimentó la expectativa de que Argentina podría volver pronto a los mercados internacionales.

La alta demanda por los bonos ecuatorianos reforzó la percepción de que aún hay apetito global por deuda emergente, incluso en países con historial de incumplimientos como Argentina.

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No obstante, el ministro de Economía argentino, Luis Caputo, descartó salir al mercado en el corto plazo.

A enero de 2026, las tasas de interés reales de los bonos soberanos a 10 años son más altas en Egipto (10%), seguido de Brasil (8,7%), Rusia (7,7%) y Colombia (7,1%).

Les siguen Pakistán (5,2%), México (4,8%), Sudáfrica (4,4%), Perú (4%), India (3,9%) y Filipinas (3,8%), según cifras de Lumen Economic Intelligence, con datos de The Economist.

En un rango intermedio se ubican Indonesia (2,8%), República Checa (2,8%), Polonia (2,6%), Tailandia (2,5%), Chile (2,4%) e Italia (2,4%).

Después figuran Suecia (2,2%), Dinamarca (1,9%), Malasia (1,9%), Israel (1,9%), Estados Unidos (1,7%), Corea del Sur (1,6%), China (1,4%), Hong Kong (1,4%), Reino Unido (1,4%) y la zona euro (1,0%).

Las tasas son más bajas en Canadá (0,9%), Australia (0,9%), Taiwán (0,7%), Singapur (0,7%), España (0,7%), Alemania (0,6%), Noruega (0,6%), Grecia (0,5%), Suiza (0,1%), Japón (0,0%) y Turquía (-2,0%).

“Salir a buscar financiamiento es caro por dos razones que se refuerzan”, dijo a Bloomberg Línea Emanoelle Santos, analista de mercados de la plataforma global de inversiones XTB Latam.

Primero, expicó, el mundo todavía no ha vuelto a un régimen de tasa libre de riesgo baja.

Segundo, el mercado está castigando más la falta de anclas fiscales creíbles.

“Por eso la distancia entre Brasil o Colombia y Chile o Perú no es marginal, es de varios puntos porcentuales por año, y esa brecha se traduce rápido en mayor gasto por intereses y menos espacio para política pública”, afirmó Santos.

En términos prácticos, los países con ratios altos y rating especulativo necesitan crecer por encima del costo promedio de la deuda y mostrar un ajuste fiscal gradual pero consistente, “porque si no lo hacen, cada ronda de refinanciamiento se vuelve un multiplicador de vulnerabilidad”.

Evolución de la deuda soberana

“La deuda soberana en la región no logró una tendencia sostenida a la baja después del salto de los últimos años”, comentó Santos.

El agregado de América Latina y el Caribe pasa de 67,9% del PIB en 2022 a 73,5% en 2023, corrige en 2024 y vuelve a subir a 72,6% en 2025.

“Ese vaivén es consistente con un entorno de crecimiento moderado y consolidación fiscal parcial, donde el denominador ayuda algunos años, pero el costo de intereses y las necesidades de refinanciamiento vuelven a presionar”, apuntó la analista.

Brasil es el caso más exigente: la deuda sube de 83,9% a 91,4% del PIB entre 2022 y 2025, y el bruto en dólares también aumenta, lo que según Santos ”sugiere que la mejora cíclica no alcanzó para estabilizar la dinámica y que el mercado termina mirando más la trayectoria fiscal que el nivel puntual".

México y Colombia convergen en 58,9% del PIB en 2025, pero por caminos distintos: México acelera el ratio desde 2024, mientras que Colombia muestra más volatilidad, con un rebote en 2024 y una corrección parcial en 2025, "típico de economías donde el crecimiento nominal y el tipo de cambio pueden mover el ratio tanto como el balance fiscal".

Chile sube de manera gradual hasta 42,7% del PIB, todavía en un rango moderado, y Perú prácticamente se mantiene en torno a 32% del PIB, que es el perfil más defensivo del grupo.

Otra lectura del costo del financiamiento

Un empleado cuenta billetes de dólar estadounidense.

Otra forma de evaluar el costo de financiamiento soberano es a través del EMBI de JPMorgan (JPM), que mide el spread (o diferencial) que pagan los bonos soberanos en dólares frente a los Treasuries de Estados Unidos.

El EMBI no depende de una sola emisión, sino que agrega varios bonos en moneda dura y permite “una comparación consistente entre países y en el tiempo”, dijo a Bloomberg Línea Jonathan Fortun, economista del Instituto de Finanzas Internacionales (IIF).

Esta medición refleja el costo al que el mercado presta hoy, mas no el tamaño de la deuda ni la carga fiscal asociada a su servicio.

Es así que un país puede pagar una tasa relativamente alta y tener poca deuda, o pagar una tasa más baja con un stock de deuda elevado.

Con ese marco, Fortun señala que el panorama global muestra “una dispersión muy clara”.

En el extremo superior aparecen países en default o en estrés severo, como Líbano y Venezuela, con spreads que en distintos momentos han superado ampliamente los 1.500–2.000 puntos básicos (pb).

“En Venezuela, por ejemplo, aunque el país sigue en default y con spreads excepcionalmente elevados, la prima de riesgo ha caído de forma significativa desde sus picos, en paralelo a acontecimientos políticos recientes y a una revalorización de escenarios de transición y eventual reestructuración”, dijo Fortun.

Para el analista del IIF, esto ilustra cómo los spreads responden a cambios en la percepción de riesgo más que a mejoras inmediatas en los fundamentales macroeconómicos.

Ver más: Bonos de Venezuela: no toda la deuda valdrá los mismo si hay una negociación, dice BofA

Luego aparecen economías con acceso muy limitado a los mercados internacionales o con antecedentes recientes de reestructuración, como Bolivia y Argentina, cuyos spreads se mantienen elevados, aunque por debajo de los casos más extremos.

Entre tanto, “Ecuador está volviendo gradualmente a los mercados, y eso ya se refleja en una reducción significativa de spreads frente a los máximos posteriores a la reestructuración”, explicó Fortun.

En un escalón intermedio se ubican países como Colombia y El Salvador, con spreads en torno a 230–260 pb, “niveles muy en línea con varios pares emergentes”, según Fortun.

Sobre Colombia específicamente, dijo que aparece en una posición intermedia y relativamente estable dentro del universo emergente, en un contexto además de compresión generalizada de tasas y spreads.

Más abajo aparecen México, Brasil, Perú, Chile y Uruguay, con spreads que oscilan entre 70 y 200 pb, “reflejando mayor profundidad financiera y marcos de política más creíbles”.

En el grueso del universo emergente el spread se concentra generalmente en el rango de 150 a 400 pb, de acuerdo con las cifras del IIF.

El atractivo de la deuda de Latinoamérica

Real brasileño se debilita por incertidumbre sobre recortes de gastos

Para la analista Emanoelle Santos, el atractivo de la deuda soberana latinoamericana en 2025 y 2026 no se explica solo por el nivel de las tasas, sino por la combinación entre “normalización macro local y un entorno externo más impredecible”.

La región llega a esta etapa con inflación más contenida, monedas relativamente más firmes y cuentas externas menos frágiles, lo que mejora la lectura de riesgo frente a episodios de salida de capitales.

Sin embargo, señala que esa mejora convive con una prima global más sensible a shocks políticos, fiscales y geopolíticos, por eso el mercado está premiando con mayor claridad a quienes ofrecen reglas fiscales creíbles, instituciones más estables y una gestión de deuda más transparente.

Esto se ve en la dispersión de spreads y rendimientos.

Con ratios de deuda más bajos, “Chile y Perú combinan solvencia con un costo financiero que luce manejable, mientras Brasil y Colombia enfrentan una carga de intereses significativamente más alta”, apuntó Santos. Esto en un momento en que “el financiamiento internacional todavía exige disciplina y señales consistentes”.

En ese marco, Santos manifiesta que salir al mercado no es solo una decisión de liquidez, también es una prueba de credibilidad, “porque cada emisión nueva ancla expectativas sobre la trayectoria fiscal futura, y si el mercado percibe dudas, el costo marginal se encarece rápido”.

“La consolidación fiscal se ha vuelto más difícil sin reformas estructurales, y las trayectorias de deuda seguirán diferenciándose entre países grandes que aún no logran superávits primarios sostenidos y economías que sí han conseguido estabilizar sus balances”, remató.

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