Bonos recién emitidos por Bolivia ya reflejan señales de cautela y el mercado revalora el riesgo: IIF

El hecho de que el bono esté por encima del ‘issuance yield’ significa que el mercado secundario está marcando un costo de financiamiento más alto que el que Bolivia pagó al momento de la emisión.

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La Paz, Bolívia

Bloomberg Línea — Los bonos recién emitidos por Bolivia ya muestran señales de cautela del mercado en medio de la crisis política que enfrenta el país andino.

“No es una señal de pánico, pero sí es una señal clara de revaloración del riesgo”, dijo a Bloomberg Línea el economista del Instituto Internacional de Finanzas (IIF, por sus siglas en inglés), Jonathan Fortun.

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El comportamiento de los bonos reflejaría una mayor preocupación por la crisis económica y la inflación en el país, que llegó a ubicarse en 2025 en los niveles más altos en 40 años.

Inicialmente, los inversores mostraron interés por los bonos soberanos del país, ya que el presidente Rodrigo Paz eliminó los subsidios a los combustibles y solicitó un programa de US$3.300 millones al Fondo Monetario Internacional (FMI) como parte de una serie de reformas más amplias para afrontar la crisis económica.

“Aunque la emisión tuvo buena demanda inicial, eso no significa automáticamente confianza estructural; muchos fondos compran bonos ‘riesgosos’ precisamente porque pagan intereses muy altos”, dijo a este medio el analista Fernando Romero, expresidente del Colegio Departamental de Economistas de Tarija. “En términos simples, el mercado percibe más riesgo hoy que hace dos semanas”.

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Con la emisión Bolivia busca obtener liquidez externa, pero no resolvió la fragilidad macro, dado que el país sigue enfrentando escasez de dólares, inflación alta, presión social, ajustes de subsidios, restricciones logísticas y dudas sobre la gobernabilidad del programa económico.

A comienzos de mes, Bolivia vendió bonos en dólares en los mercados internacionales de capitales por primera vez en cuatro años.

Ver más: Banco Mundial dice que respalda la agenda de reformas de Bolivia en medio de protestas

El país fijó el precio de emisión de bonos en dólares por valor de US$1.000 millones con vencimiento en 2031.

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“El bono fue emitido con un cupón de 9,45%, pero el rendimiento de emisión fue 9,75%, porque se colocó debajo de par, a 98.835″, indicó Fortun. “Ese era el costo efectivo de financiamiento al momento de la colocación. Ahora el bono ya opera por encima de ese nivel, cerca de 10,3% a 10,34%, con un precio alrededor de 96.6″.

Que el bono esté por encima del issuance yield significa que el mercado secundario está marcando un costo de financiamiento más alto que el que Bolivia pagó al momento de la emisión.

En la práctica, Fortun indicó que el mercado está exigiendo alrededor de 55 a 60 puntos básicos más que en la emisión y el precio ya cayó más de dos puntos desde el nivel de colocación. “Para un bono recién emitido, ese movimiento importa (...) el mercado todavía no está comprando una historia de estabilización plena”.

Si el papel está operando cerca de 10,3%, Fortun expone que cualquier nueva emisión tendría que partir de ese nivel, salvo que haya una mejora clara en la percepción de riesgo.

“La lectura es simple. Bolivia recuperó acceso al mercado, pero todavía no normalizó su acceso al mercado. Son dos cosas distintas”, anotó el economista del IIF. “Conseguir US$1.000 millones a cinco años le da oxígeno al Gobierno, pero una emisión con rendimiento de 9,75% y un bono que rápidamente se mueve hacia 10,3% muestra que el mercado sigue exigiendo una prima de riesgo muy elevada. Fue una reapertura con oxígeno, no una reapertura con confianza plena”.

Parte del aumento del rendimiento responde al movimiento más amplio de tasas globales.

Con los bonos del Tesoro de EE.UU. y de Japón bajo presión, endeudarse en dólares se ha vuelto más caro, sobre todo para países de alto riesgo.

Ver más: Bolivia regresa al mercado internacional de deuda con emisión de US$1.000 millones

Pero en el caso de Bolivia no se explicaría solo por tasas externas.

El bono nuevo ya opera por encima de su rendimiento de emisión, mientras otros soberanos comparables no muestran el mismo patrón.

Eso indicaría que el mercado le está exigiendo una “prima de riesgo” específica a Bolivia, por factores propios.

Entre estos, Fortun describe la falta de un acuerdo sólido con el FMI, la escasez de dólares, la presión del dólar paralelo y las dudas sobre si el gobierno podrá hacer los ajustes necesarios.

Para Fortun, “el problema principal fue la secuencia. Bolivia debió haber esperado a cerrar primero el acuerdo con el FMI”.

Añade que la función de un programa con el Fondo es precisamente reducir incertidumbre, ordenar la política fiscal, monetaria y cambiaria, y darle al mercado una señal más creíble de estabilización. “Emitir antes del programa permitió conseguir dólares, pero probablemente no maximizó las condiciones. Con el ancla del FMI ya cerrada, Bolivia habría tenido una historia más fuerte para defender ante los inversionistas y posiblemente mejores términos. La emisión compró tiempo, pero no compró credibilidad”.

El aumento del riesgo país a 528 puntos básicos al 20 de mayo también confirmaría ese deterioro de percepción. “Eso implica que Bolivia debe pagar aproximadamente 5,28 puntos porcentuales más que los bonos del Tesoro de EE.UU. para conseguir financiamiento externo.

Hoy Bolivia tiene el segundo mayor riesgo país la región después de Venezuela, lo que refleja dudas sobre estabilidad política, capacidad de pago futura y gobernabilidad”, anotó Fernando Romero.

Escasez de dólares en Bolivia

Bolivia

La escasez de dólares es central para entender la cautela del mercado, según Fortun. “Los inversionistas no miran solo el precio del bono. Miran reservas bajas, restricciones al acceso a divisas, presión sobre el dólar paralelo, inflación elevada y capacidad política para ejecutar el ajuste”.

En Bolivia el régimen cambiario ya no funciona como un sistema de un solo precio.

Desde diciembre, el Gobierno y el Banco Central vienen usando una referencia cambiaria que reconoce operaciones por encima del viejo precio formal. “Eso es una devaluación escondida. No se anuncia como devaluación y no se presenta como cambio de régimen, pero en la práctica crea un segundo precio del dólar dentro del propio sistema”, opina el economista del IIF.

Ese segundo precio importa porque empieza a ordenar el comportamiento de bancos, empresas y hogares.

El dólar no se ajusta de una vez, sino a través de cotizaciones bancarias, precios referenciales, comisiones, costos de transferencia y operaciones entre intermediarios y clientes.

Además, “el propio Gobierno está empujando a los bancos a operar más cerca de esa referencia, mientras al mismo tiempo intenta preservar la ficción de que el régimen cambiario no cambió. Esa dualidad puede ganar tiempo, pero también erosiona confianza”, añade el analista.

El mercado entiende que el ajuste ya comenzó, aunque no haya sido reconocido plenamente.

Para Fortun, “el dólar efectivo ya está contando una historia que el tipo de cambio formal todavía no quiere admitir”.

El avance del dólar paralelo también afecta la confianza porque funciona como una señal diaria de escasez al ser referencia para importadores, comerciantes, hogares y bancos.

Si la brecha cambiaria se amplía, el analista del IIF dice que el mercado empieza a descontar más inflación, más presión sobre reservas y más riesgo de medidas administrativas adicionales.

Eso deterioraría la lectura de crédito soberano, porque el problema deja de ser solo fiscal y pasa a ser también cambiario, monetario y político. “El paralelo no es un dato marginal. Es el termómetro diario de la confianza”, indicó Fortun.

La falta de divisas, la caída de reservas y la defensa del tipo de cambio llevaron a los bancos a acumular dólares y a operar de forma defensiva.

El problema es que ahora el Gobierno busca limitar esas posiciones en moneda extranjera, lo que obliga a los bancos a reducir los colchones de liquidez que construyeron para enfrentar la crisis.

Al mismo tiempo, la relación entre el Estado, el Banco Central y las entidades financieras se ha vuelto más estrecha a través de distintos instrumentos de liquidez y financiamiento.

Esto ha creado un sistema muy interconectado donde todos dependen de todos.

“Esa interdependencia puede ayudar a ganar tiempo, pero también concentra riesgos”, según Fortun. “Ese es el punto delicado. Bolivia no solo tiene un problema fiscal y cambiario. Tiene una arquitectura financiera donde Tesoro, Banco Central, bancos, fondos y ahorristas están cada vez más conectados por instrumentos públicos, liquidez regulatoria, posiciones en moneda extranjera y expectativas sobre el dólar”.

A su juicio, el riesgo es que los bancos terminen siendo al mismo tiempo el amortiguador del Estado y el canal que debería financiar la recuperación. “Una banca que gana más por sobrevivir al Estado que por financiar al sector privado no es una señal de normalización. Es una señal de adaptación a la crisis”.

El Grupo del Banco Mundial declaró el jueves que mantiene su apoyo a la agenda de reformas de Bolivia, mientras las protestas sociales se extienden por todo el país y el gobierno anuncia una remodelación del gabinete.

La “resistencia del gobierno y su compromiso con las reformas son dos ingredientes importantes que ayudarán al gobierno a mantener el rumbo”, dijo Susana Cordeiro Guerra, vicepresidenta del banco para América Latina y el Caribe, en una entrevista telefónica.

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