Bloomberg Línea — América Latina vuelve a ganar protagonismo entre los inversionistas internacionales, pero esta vez no porque todas sus economías avancen en la misma dirección.
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Deutsche Bank considera que la región atraviesa una etapa en la que las diferencias entre países pesan más que las tendencias comunes y, por ello, ajustó su mapa de riesgos para distinguir cuáles ofrecen mejores perspectivas y cuáles enfrentan desafíos que el mercado podría estar subestimando.
Ese cambio de lectura tiene consecuencias directas sobre las monedas, las expectativas de tasas de interés y la forma en que los inversionistas evalúan el riesgo de cada economía.
Para el banco alemán, el real brasileño (USDBRL), el peso chileno (USDCLP) y el sol peruano (USDPEN) cuentan con fundamentos que respaldan una visión más constructiva, mientras que mantiene una postura neutral sobre el peso mexicano (USDMXN) y el colombiano (USDCOP) por razones diferentes en cada caso.

“Los acontecimientos externos e internos han respaldado a las monedas de América Latina en 2026. Un entorno global caracterizado por un crecimiento resiliente y una volatilidad contenida en el mercado cambiario debería seguir favoreciendo a las divisas de la región”, destacaron los analistas del banco liderados por Francisco Campos.
El giro político no garantiza estabilidad
Uno de los mensajes del informe no está relacionado con las monedas, sino con la política.
Deutsche Bank sostiene que los recientes triunfos de candidatos de derecha en los países andinos están modificando la percepción de los mercados, aunque advierte que sería un error interpretar ese movimiento como un cambio ideológico permanente.
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El banco considera que ese giro responde principalmente al desgaste de los gobiernos oficialistas y al descontento con su desempeño económico y de gestión.
“En nuestra opinión, el giro hacia la derecha en los países andinos refleja la frustración con el desempeño económico y de gobernanza de los gobiernos de izquierda en funciones, más que un realineamiento ideológico estructural, lo que deja margen para que ese giro se revierta si las administraciones entrantes no cumplen las expectativas”, escribieron los analistas.
Ese cambio político coincide con un contexto económico que también mejora para la región. Deutsche Bank prevé una recuperación de la actividad durante el segundo semestre, impulsada por la moderación de algunos choques geopolíticos y una mayor confianza tras varios procesos electorales.

A ello se suman los estímulos previos a las elecciones y el impulso que la demanda vinculada a la inteligencia artificial sigue generando sobre exportaciones como el cobre, otros minerales estratégicos y productos tecnológicos.
Sin embargo, el informe también identifica riesgos que limitan ese escenario más favorable.
Entre ellos, destacan el deterioro de las cuentas fiscales en buena parte de la región, la menor capacidad de los bancos centrales para reducir tasas de interés, después del impacto del petróleo sobre la inflación, y los posibles efectos del fenómeno de El Niño sobre los precios y la actividad económica.
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Una región cada vez menos homogénea
Ese diagnóstico explica por qué Deutsche Bank también ajustó su estrategia cambiaria. Más que favorecer a América Latina en conjunto, el banco distingue cuáles economías presentan fundamentos suficientemente sólidos para sostener sus monedas y cuáles ya incorporan demasiado optimismo en las valoraciones del mercado.
Brasil aparece entre los casos más favorables. La entidad considera que el real sigue respaldado por tasas de interés reales elevadas, una mejora gradual de las cuentas externas y un entorno internacional que continúa beneficiando a las divisas emergentes con mayores rendimientos.
No obstante, advierte que las elecciones presidenciales de octubre representan el principal foco de incertidumbre. “Más allá del corto plazo, sin embargo, el panorama se vuelve menos claro. Un aumento de las probabilidades de una reelección de Lula podría incrementar tanto la prima de riesgo fiscal como la política”, advierte Deutsche Bank.

Chile también mejora su posición dentro del análisis. El banco sostiene que el peso chileno luce barato frente a sus fundamentos. Detrás de esa visión confluyen varios factores.
Los elevados precios del cobre fortalecen la balanza comercial, la inversión extranjera comienza a recuperarse, el déficit externo prácticamente desapareció y el Gobierno podría retomar la venta de dólares, un elemento que también favorecería el comportamiento de la moneda.
En Perú, el banco mantiene una visión positiva porque considera que convergen varios factores que suelen valorar los mercados al mismo tiempo.
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La estabilidad política tras las elecciones reduce parte de la incertidumbre institucional, las cuentas fiscales continúan siendo de las más sólidas de la región y la elevada demanda mundial por cobre y oro fortalece los ingresos externos.
“Introdujimos una visión favorable sobre el sol peruano a comienzos de este año y creemos que las condiciones siguen presentes para que la moneda tenga un mejor desempeño, particularmente tras el resultado favorable al mercado de las recientes elecciones presidenciales”, señala Deutsche Bank.
La situación cambia en México y Colombia, aunque por motivos distintos.

En el caso mexicano, Deutsche Bank mantiene una posición neutral porque observa fuerzas que se compensan entre sí. Por un lado, las exportaciones, las remesas y el diferencial de tasas siguen respaldando al peso.
Pero, al mismo tiempo, la incertidumbre alrededor de las revisiones del T-MEC, un crecimiento económico moderado y las dudas sobre la inversión limitan el potencial de una apreciación adicional.
Colombia recibe una evaluación más cautelosa. El banco considera que la reacción positiva de los mercados tras el cambio de Gobierno ha llevado al peso colombiano a incorporar expectativas demasiado optimistas frente a unos fundamentos que todavía presentan desafíos importantes.
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“Conservamos una postura neutral sobre el peso colombiano, porque creemos que el mercado está descontando una visión excesivamente optimista sobre los fundamentos del país”, afirmó Deutsche Bank.
Esa evaluación responde, principalmente, a que el ajuste fiscal necesario para estabilizar la deuda sigue siendo elevado, el balance externo continúa deteriorándose y la inflación permanece entre las más altas de la región.
Tasas y riesgo fiscal amplían diferencias
La estrategia sobre tasas de interés confirma esa misma lectura. Deutsche Bank considera que los mercados ya no pueden analizar la política monetaria latinoamericana como un fenómeno uniforme, porque cada banco central enfrenta restricciones diferentes.

En Brasil, la entidad cree que todavía existe espacio para una relajación monetaria mayor al que actualmente descuentan los mercados, aunque el proceso estará condicionado por la incertidumbre electoral y el deterioro fiscal.
En Chile, el análisis es distinto. “Incluso si la actividad sigue siendo débil y las expectativas de inflación permanecen alrededor de la meta, vemos un margen limitado para que el mercado descuente un escenario de política monetaria más laxa”, advirtieron los analistas.
Para el banco, factores como un episodio intenso de El Niño o un endurecimiento adicional de la política monetaria de la Reserva Federal, podrían modificar rápidamente ese equilibrio.
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Perú vuelve a destacar por un entorno macroeconómico más favorable. El banco considera que la combinación de estabilidad política, bajo endeudamiento y una normalización gradual de las primas de riesgo crea un escenario más atractivo para los activos de largo plazo.
México enfrenta un desafío diferente. Deutsche Bank considera que el mercado exagera las expectativas de futuras alzas de tasas por parte del Banco de México, mientras que en Colombia observa el fenómeno contrario.
“Tenemos una fuerte convicción de que el mercado está valorando por debajo de lo debido el ciclo de flexibilización monetaria que eventualmente tendrá lugar en Colombia”, afirma el informe, aunque ese proceso seguirá condicionado por una inflación elevada y por unos desequilibrios fiscales que continúan siendo la principal vulnerabilidad del país.

Más que identificar ganadores y perdedores, el informe muestra un cambio más profundo en la forma de analizar América Latina.
Para Deutsche Bank, las decisiones de inversión dependerán cada vez menos de una visión regional y mucho más de la capacidad de cada economía para combinar estabilidad política, disciplina fiscal, crecimiento sostenible y cuentas externas sólidas.













