Las coberturas con opciones, en particular las puts, suelen presentarse como una herramienta eficaz para proteger carteras frente a caídas abruptas del mercado. Sin embargo, un análisis del holding financiero suizo Lombard Odier plantea que, en horizontes largos, su uso sistemático puede implicar costos relevantes, y que una estrategia de diversificación bien construida puede ofrecer resultados comparables con mayor consistencia.
Del estudio se desprende que el punto de partida es conductual. Frente a la incertidumbre, los inversores tienden a actuar: compran protección, reducen exposición o incrementan liquidez. Ese impulso no es irracional, pero puede resultar costoso si no se aplica con disciplina.
En el caso de las opciones put —que otorgan el derecho a vender un activo a un precio determinado—, el costo no aparece como una pérdida puntual, sino como una erosión progresiva de los retornos a lo largo del tiempo.
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Las estrategias más utilizadas incluyen la “protective put”, en la que el inversor mantiene acciones y adquiere una opción para limitar las pérdidas por debajo de cierto nivel, y estructuras como el “zero cost collar”, que combinan compra y venta de opciones para reducir o eliminar el costo inicial.
En todos los casos, el principio es el mismo: intercambiar parte del rendimiento potencial por protección ante caídas.
Los analistas de Lombard Odier reconocen que estas herramientas presentan ventajas concretas, ya que permiten mantener la exposición a acciones sin necesidad de liquidar posiciones, algo relevante en carteras concentradas o con implicancias impositivas.
Además, ofrecen convexidad: en escenarios extremos, la protección aumenta de forma no lineal, lo que las vuelve particularmente eficaces ante movimientos bruscos del mercado. También brindan precisión en el manejo del riesgo, ya que permiten cubrir períodos específicos asociados a eventos identificables, como elecciones o decisiones de política monetaria.
Sin embargo, el informe advierte que estas ventajas tienen un costo estructural. La compra recurrente de puts implica pagar primas que, en promedio, superan los beneficios obtenidos. Esto responde a la prima de riesgo de volatilidad: la volatilidad implícita incorporada en el precio de las opciones suele ser mayor que la efectivamente realizada. En la práctica, esto implica que la protección sistemática tiende a generar pérdidas acumuladas.
Tomando en cuenta este análisis, más allá del costo explícito, Lombard Odier afirma que la cobertura con opciones no elimina el riesgo, sino que lo transforma, ya que sustituye la posibilidad de una caída pronunciada por la certeza de un menor rendimiento.
A esto, el holding suizo suma un desafío operativo: el timing. Según esta mirada, para que una cobertura sea eficiente, el inversor debe acertar tanto el momento de entrada como el de salida. Implementarla demasiado temprano implica pagar primas sin obtener beneficios; hacerlo tarde, en medio de un episodio de estrés, supone enfrentar costos elevados.
Los autores del reporte mencionan que el comportamiento observado durante la pandemia de Covid-19 ilustra este punto: la volatilidad se disparó en pocas semanas y muchos inversores incorporaron protección cuando ya era cara, limitando su efectividad.
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Diversificación, la clave
Frente a estas limitaciones, el análisis destaca el rol de la diversificación como herramienta central de gestión de riesgos. El documento subraya que una cartera balanceada —por ejemplo, combinando acciones con bonos o instrumentos de corto plazo— puede ofrecer protección frente a caídas sin incurrir en costos recurrentes. A diferencia de las opciones, este enfoque no requiere anticipar eventos específicos ni ajustar la exposición en función de ventanas de riesgo.
El estudio de múltiples episodios de estrés desde fines de los años noventa muestra que una asignación diversificada ha logrado niveles de protección similares a los de estrategias con opciones, pero con menor costo acumulado. La diferencia radica en que la diversificación actúa de manera constante, sin depender de decisiones tácticas.
En términos conceptuales, el contraste que busca marcar Lombard Odier es que mientras el enfoque basado en opciones busca poner precio al riesgo y transferirlo, la diversificación apunta a construir carteras que puedan atravesar distintos escenarios sin necesidad de coberturas adicionales. Para inversores de largo plazo, esta segunda lógica resulta, según el informe, más consistente.
Pese a lo reseñado, el estudio reconoce que las opciones mantienen un rol relevante en contextos puntuales, especialmente cuando existen riesgos claramente identificados y acotados en el tiempo.
Sin embargo, advierte que, como estrategia permanente, tienden a implicar un costo que reduce los retornos. En cambio, especifica que una asignación estratégica adecuada —basada en la diversificación entre activos, geografías y fuentes de retorno— aparece como una alternativa más eficiente para gestionar la volatilidad sin depender de decisiones tácticas continuas.













