Bloomberg Línea — La prima de riesgo de los países de América Latina estaría reflejando menos el nivel de deuda de sus economías y más su capacidad para corregir los desequilibrios de las finanzas públicas cuando se presentan.
Esto está cambiando la percepción de los mercados sobre qué países deberían pagar más o menos por endeudarse.
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En este marco, Uruguay, Chile, Paraguay y Perú se mantienen entre los soberanos de menor riesgo de América Latina en agosto de 2026, según el Índice EMBI (Emerging Markets Bond Index) creado por JP Morgan (JPM). Este mide cuánto rinden los bonos de los países emergentes frente a los bonos del Tesoro de EE.UU.
Esa diferencia, conocida como spread, sirve para medir el riesgo país.
“Más que compartir el mismo nivel de deuda, los tres destacan por factores que reducen la probabilidad de problemas de financiamiento”, dijo a Bloomberg Línea Emanoelle Santos, analista de mercados de la ‘app’ de inversiones XTB.

Uruguay mantiene grado de inversión, vencimientos largos, amplios colchones de liquidez y acceso favorable a los mercados, hasta el punto de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) señala que sus spreads soberanos son los más bajos de América Latina.
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Chile, por su parte, mantiene instituciones fiscales y monetarias sólidas y acceso estable al financiamiento, aunque enfrenta un desafío de consolidación, con la Dirección de Presupuestos (Dipres) proyectando una deuda bruta del Gobierno Central de 42% del PIB para 2026.
El analista financiero paraguayo Amílcar Ferreira explica a Bloomberg Línea que el bajo riesgo país de Paraguay responde a la credibilidad que ha construido ante las calificadoras de riesgo, los inversores y los mercados financieros, gracias a su responsabilidad fiscal y el equilibrio macroeconómico.
“Mantiene un orden económico que hace que el riesgo de impago de sus deudas sea bajo”, consideró en entrevista.
Señala que esta confianza se ha construido durante más de dos décadas, desde la reforma tributaria de 2003, cuando se sentaron las bases del modelo económico paraguayo, caracterizado por bajos impuestos, disciplina fiscal y estabilidad macroeconómica.
Según Ferreira, distintos gobiernos han mantenido esta orientación en Paraguay, con déficits fiscales generalmente controlados y el cumplimiento, en la mayoría de los años, de la Ley de Responsabilidad Fiscal.
Incluso cuando se superó el límite de déficit, destaca que se mantuvo una hoja de ruta para reducirlo.
Por su parte, Perú combina una deuda pública que el FMI proyecta estabilizada alrededor de 30% del PIB, con reservas internacionales abundantes y credibilidad monetaria.
El país andino tiene uno de los menores niveles de endeudamiento de la muestra y conserva una calificación BBB-, el último escalón del grado de inversión.
“En definitiva, el riesgo soberano depende no solo del tamaño de la deuda, sino también de la capacidad para refinanciarla, de los colchones disponibles y de la credibilidad de las instituciones para corregir desequilibrios”, consideró Santos.
Desequilibrio fiscal y mecanismos capaces de contenerlo

Los casos de Uruguay y Chile muestran hasta qué punto el mercado puede diferenciar entre el tamaño del desequilibrio fiscal y la existencia de mecanismos capaces de contenerlo.
Uruguay tiene una deuda bruta equivalente a casi el 67% del PIB, frente al 61% de Colombia.
Sin embargo, los CDS uruguayos a 5 años cotizan en 51 puntos básicos (pb) frente a los 136 de Colombia.
Los CDS funcionan como una especie de seguro frente al riesgo de que un país incumpla el pago de su deuda.
Cuanto más caro es el CDS, mayor es el riesgo de impago que perciben los inversionistas.
Chile ofrece un contraste aún más marcado puesto que en 2021 registró un déficit primario cercano al 7% del PIB, uno de los mayores de la región, pero actualmente paga una de las primas de riesgo más bajas del continente, según Jonathan Fortun, economista del Instituto Internacional de Finanzas (IIF)
En una muestra de 9 soberanos latinoamericanos, la correlación entre deuda bruta y prima de riesgo es de apenas 0,33, mientras que la relación entre la prima y la calificación crediticia en moneda extranjera alcanza -0,95, explicó Fortun. “Las calificadoras no están arbitrando aritmética fiscal sino calidad de marco y el mercado está validando ese criterio casi punto por punto”.
| País | Deuda bruta (% PIB) 2026 | Deuda neta (% PIB) 2026 | CDS 5 años (pb) | Calificación S&P |
|---|---|---|---|---|
| Chile | 42,5% | 28,5% | 41,24 | A |
| Uruguay | 66,8% | 58,0% | 50,77 | BBB+ |
| Perú | 30,0% | 22,9% | 59,02 | BBB- |
| México | 62,7% | 54,2% | 79,44 | BBB |
| Panamá | 57,7% | 42,2% | 89,18 | BBB- |
| Costa Rica | 61,1% | 59,3% | 104,86 | BB |
| República Dominicana | 58,3% | 47,1% | 120,72 | BB |
| Brasil | 96,5% | 70,8% | 122,21 | BB |
| Colombia | 60,9% | 53,6% | 136,18 | BB- |
Fuente: WEO (World Economic Outlook) del FMI e IIF.
Nota: Seis de los nueve soberanos mantienen una deuda bruta de entre el 58% y el 67% del PIB y cotizan entre 51 pb y 136 pb. La correlación de rango entre la deuda y la prima en los 9 es de 0,33. La deuda corresponde a la deuda bruta del gobierno general de 2026, WEO del FMI de abril de 2026. CDS al 25 de agosto de 2026.
Para Fortun, Uruguay es considerado uno de los ejemplos más claros.
El Consejo Fiscal Autónomo proyectó que, bajo un escenario de crecimiento del 1,3% previsto por el Comité de Expertos (frente al 1,6% estimado oficialmente), la deuda neta llegaría a 63,5% del PIB en 2029, cerca del límite legal de 65%.
Pese a ese deterioro proyectado, la prima de riesgo no reaccionó significativamente.
Fortun considera que en una jurisdicción sin consejo fiscal esa misma información habría llegado con dos o tres trimestres de rezago y por la vía de una revisión de calificación, con costo en spread.
La existencia de un organismo independiente que hace visible con anticipación el riesgo fiscal permite al mercado incorporar esa información antes de que se traduzca en una crisis o en una revisión de calificación. “Visto así, el consejo fiscal es un activo del balance soberano y no una restricción sobre él”, según Fortun.
Para el analista del IIF, el mismo argumento resuelve una aparente contradicción del ciclo actual. “El riesgo regional comprimió en bloque, con el promedio de la muestra en 90 pb contra 131 pb en la década previa, y sin embargo la dispersión se abrió”.
Su lectura es que la compresión del factor global deja menos rendimiento común por repartir y desplaza el peso explicativo hacia el componente idiosincrático. “Con spreads altos domina el beta y el marco institucional se diluye. Con spreads bajos el marco es prácticamente el único diferenciador disponible, de modo que la calidad institucional se vuelve más valiosa en términos relativos y no menos”.
Colombia, el caso que pone a prueba la tesis

De acuerdo a Fortun, el caso colombiano es ahora el principal examen para esta hipótesis.
Explica que la prima se comprimió desde el máximo de marzo, especialmente en la sesión inmediata a la primera vuelta.
“La prima comprimió 102 pb desde el máximo de marzo, 36 de ellos en la sesión inmediata a la primera vuelta. El 10 de agosto el terremoto del Chocó dejó un costo que el propio Gobierno estimó en COP$30 billones (unos US$9.417 millones de hoy), del orden de 1,5% del PIB, con declaración de emergencia económica y social. Sin embargo, el CDS no se amplió. Pasó de 143 pb el 7 de agosto a 136 hoy.”, indicó Fortun.
Su lectura es que el mercado ya está apostando por la capacidad del Estado colombiano para mantener sus cuentas bajo control, aunque todavía no hay evidencia suficiente sobre la ejecución de esa política.
Por eso, si cumple con su compromiso, Fortun cree que el riesgo país tendría poco margen para seguir bajando.
En cambio, si el Gobierno de Abelardo de la Espriella se desvía de la regla fiscal o del ajuste prometido, el castigo podría ser mayor en la medida en la que los inversionistas tendrían que corregir su percepción de riesgo y, además, retirar la confianza que habían otorgado al país.
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“La implicación es que el mercado ya había vuelto a suscribir el crédito contra la señal política, antes de cualquier evidencia de ejecución. Eso convierte al spread actual en un pronóstico más que en una valuación, con el perfil asimétrico que eso supone”, anotó Fortun.
La diferencia se hace más evidente al mirar la inversión extranjera directa, de acuerdo con el analista. “El crédito soberano ya descontó el cambio político y la inversión productiva no”.
La IED acumulada cayó un 31% interanual en julio hasta los US$629 millones y lleva 15 meses por debajo de US$1.000 millones mensuales, según el balance mensual de la balanza cambiaria del Banco de la República.
Esto mostraría que los mercados financieros y los inversionistas productivos están enviando señales distintas.
El CDS refleja principalmente la percepción sobre la capacidad del Estado para pagar su deuda, mientras que la inversión extranjera mide la confianza en la estabilidad económica y regulatoria del país a largo plazo.
Beneficios de mantener un riesgo país bajo

Para países como Uruguay, Chile, Paraguay y Perú el beneficio más inmediato de un bajo riesgo país es pagar una prima menor al endeudarse, lo que reduce el gasto en intereses y libera recursos fiscales para otras prioridades.
No obstante, el efecto también se extiende al sector privado, porque los rendimientos soberanos sirven de referencia para el costo de financiamiento de bancos y empresas.
“Cuando cae la prima soberana, normalmente también mejora la capacidad de las compañías para emitir deuda, financiar inversiones o acceder a capital externo en mejores condiciones”, señala Emanoelle Santos.
Además, partir desde un riesgo país bajo entrega mayor capacidad para absorber episodios de volatilidad internacional, porque el Estado mantiene un acceso más estable a los mercados y puede refinanciar vencimientos con menor presión.
En todo caso, Santos dice que esto no inmuniza a la moneda frente a shocks externos, pero sí evita que, ante una caída del cobre, por ejemplo, un aumento de las tasas estadounidenses o un episodio de aversión al riesgo, se sume además una crisis de confianza en la solvencia del propio Estado.
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Replicar buenas prácticas
Para la analista de XTB, lo más replicable para reducir el riesgo país es construir instituciones que dificulten que los desequilibrios fiscales se acumulen sin corrección.
En su opinión, Uruguay muestra la importancia de combinar reglas fiscales con una estrategia de deuda que alargue los vencimientos, diversifique las fuentes de financiamiento y mantenga una liquidez suficiente para no depender del mercado en momentos adversos.
Chile aporta una regla de balance estructural y un ancla prudente de deuda de 45% del PIB, que buscan evitar que los ingresos extraordinarios, por ejemplo, provenientes del cobre, se transformen en compromisos permanentes de gasto.
Aunque la experiencia reciente también muestra que las reglas requieren cumplimiento y ajustes cuando se producen desviaciones.
La consistencia de Paraguay ha permitido que los inversores le consideren un país confiable, con políticas de estabilidad de largo plazo, lo que contribuyó a alcanzar el grado de inversión y acceder a financiamiento a menores costos.
Perú, a su vez, demuestra el valor de preservar una deuda reducida, reservas abundantes y un banco central creíble, incluso durante períodos de elevada inestabilidad política.
“Es mucho más que replicar un determinado nivel de gasto, porque la experiencia de estos países apunta a presupuestos realistas, bancos centrales independientes, colchones fiscales y mecanismos que obliguen a corregir desviaciones antes de que las condiciones de financiamiento se deterioren”, remató Santos.













