Tres shocks sacuden el petróleo y abren dudas sobre si el precio refleja el mercado real

La brecha entre los indicadores de referencia y el crudo que realmente escasea apunta a una posible desconexión en la formación de precios, en medio de disrupciones en Rusia, Ormuz y China.

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En la imagen, un proveedor líder de plataformas de perforación en aguas profundas para la petrolera nacional de Brasil prevé que la industria favorecerá los proyectos de petróleo y gas en América Latina, donde el riesgo geopolítico es menor que en Oriente Medio.

Bloomberg Línea — El mercado petrolero enfrenta una disrupción simultánea en múltiples frentes que está alterando no sólo los flujos físicos, sino también las referencias de precios y la estructura del suministro global. El cierre del estrecho de Ormuz aparece como el detonante visible, pero el trasfondo apunta a una reconfiguración más profunda.

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Antonio de Pinho, analista senior de recursos naturales en VanEck, considera que “los mercados petroleros están valorando un shock temporal, pero está emergiendo un cambio más profundo”. El experto considera que “los índices de referencia se están separando del crudo que realmente escasea, exponiendo una brecha estructural”.

La disrupción no responde a un único evento, con “tres shocks de oferta simultáneos (Rusia, Ormuz y China) que no tienen un interruptor disponible”.

Según el análisis, “esto no es un evento geopolítico, sino tres cambios estructurales superpuestos sin una salida evidente”, en un escenario donde la reasignación de flujos tras la guerra en Ucrania, el cierre de Ormuz y el ajuste exportador chino han eliminado márgenes de maniobra.

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Un remolcador ayuda a un petrolero a atracar en el puerto de Long Beach, en Long Beach, California, Estados Unidos.

Fragmentación y crisis de referencia en el precio del crudo

El sistema global de precios muestra señales de divergencia. De Pinho plantea que “el índice Brent puede que ya no refleje el precio real del crudo global a medida que Dubái/Omán diverge”, en un contexto donde el barril utilizado como referencia no coincide con el que enfrenta escasez física.

El referente Dubái/Omán corresponde a una cesta de crudos medio ácidos del Golfo Pérsico utilizada como referencia clave para el comercio marítimo de petróleo hacia Asia. A diferencia del Brent, que incorpora crudos ligeros y dulces, este benchmark refleja mejor el tipo de barril que procesan muchas refinerías complejas, especialmente en mercados asiáticos, donde la demanda se concentra en derivados como diésel y combustible de aviación.

La evolución del Brent refuerza esta tensión. Aunque el campo petrolero del Mar del Norte que originalmente daba nombre al Brent dejó de producir en 2021, el indicador sigue funcionando como una cesta de seis tipos de crudo. A esa cesta se incorporó, en 2023, el WTI Midland de Estados Unidos, aumentando el peso de crudos ligeros y dulces dentro del benchmark y modificando su capacidad para reflejar las condiciones reales del mercado global.

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En paralelo, el crudo medio ácido del Golfo, base del benchmark Dubái/Omán, refleja mejor la demanda real de refinerías complejas. Por ello, el análisis advierte que “el mundo podría estar en las primeras etapas de una bifurcación”, con dos sistemas de precios coexistiendo según la geografía y el tipo de crudo.

Para el analista, este escenario muestra una divergencia entre referencias que sugiere una desconexión creciente entre los indicadores financieros y las condiciones físicas del mercado. Si el Brent incorpora cada vez más crudos ligeros y dulces, mientras la escasez se concentra en calidades medias y ácidas, el sistema de precios podría no estar reflejando plenamente la restricción real de suministro.

Esa brecha no implica necesariamente un error en la formación del precio, pero sí plantea dudas sobre qué tipo de barril están señalando los benchmarks y hasta qué punto representan el equilibrio efectivo del mercado global.

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Seguridad energética y cambio del sistema global

Las implicaciones trascienden el mercado petrolero y alcanzan la política energética. Europa enfrenta niveles históricamente bajos de almacenamiento de gas, Australia opera con reservas estratégicas por debajo de los estándares de la Agencia Internacional de la Energía, y varios países asiáticos han activado medidas de emergencia.

El informe subraya que “la seguridad energética no trata de lo que los gobiernos consideran limpio, sino de lo que mantiene funcionando las economías cuando las cadenas globales de suministro se interrumpen”. La falta de inversión en infraestructura energética aparece como un factor común.

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Incluso ante una eventual resolución del conflicto, los efectos persistirían. Según el análisis, “la resolución del conflicto no restaurará la arquitectura de riesgo que existía antes de que Ormuz se cerrara”, con el agravante que ya se demostró que ese paso marítimo sí se puede bloquear.

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La consecuencia inmediata se refleja en los flujos. Con el crudo del Golfo restringido y el ruso sancionado, el hemisferio occidental gana relevancia, especialmente el corredor de crudos pesados hacia la costa del Golfo de EE.UU., que abastece un mercado global con déficit de diésel.

El mercado continúa valorando un shock transitorio, pero las señales apuntan a un desequilibrio más persistente. En ese entorno, variables como la evolución de los diferenciales entre tipos de crudo, la capacidad de refinación y la estabilidad de las rutas marítimas se perfilan como indicadores clave para anticipar la próxima fase del ciclo energético.

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