Bloomberg — El presidente Donald Trump ha cambiado su estrategia en su intento por poner fin a la guerra contra Irán: reabrir el estrecho de Ormuz a toda costa y dejar para más adelante las espinosas negociaciones sobre los programas nucleares y de misiles balísticos de Teherán.
Esa estrategia ha puesto a prueba el alto al fuego entre EE.UU. e Irán, ya que ambas partes han intercambiado disparos en los últimos días después de que Trump ordenara a los buques de guerra estadounidenses que dieran cobertura a los buques mercantes que transitan por el estrecho, y después pausara abruptamente el “Proyecto Libertad” el martes. Irán también atacó instalaciones petrolíferas en los cercanos Emiratos Árabes Unidos.
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Si bien Trump ha afirmado repetidamente que la eliminación del programa nuclear iraní es la principal justificación del conflicto en Medio Oriente, la vital vía marítima para el flujo de petróleo y gas se ha convertido en un tema mucho más acuciante del conflicto, y en una fuente clave de influencia para Teherán a medida que avanza la diplomacia.
“La administración Trump quiere desesperadamente salir de esta guerra, y el único objetivo que tiene ahora realmente es establecer cierta navegación dentro del estrecho”, dijo David Tannenbaum, director de Blackstone Compliance Services, una consultora centrada en las sanciones. “Incluso me pregunto si el programa nuclear de Irán está realmente sobre la mesa”.
La administración dijo que sí lo está.
“El presidente Trump tiene todas las de ganar mientras continúan las negociaciones, y sabiamente mantiene todas las opciones sobre la mesa para garantizar que Irán nunca pueda poseer un arma nuclear”, dijo a Bloomberg la portavoz de la Casa Blanca, Olivia Wales.
Con los precios mundiales de la energía por las nubes, los funcionarios estadounidenses dijeron esta semana que la guerra contra Irán ha terminado formalmente con el alto al fuego en vigor y las conversaciones en curso, a pesar de los repetidos enfrentamientos. El secretario de Estado, Marco Rubio, dijo a los periodistas esta semana que EE.UU. quiere retrasar las negociaciones para liberar Ormuz.
“Lo que el presidente preferiría es un acuerdo”, dijo Rubio a los periodistas en la Casa Blanca. “Preferiría sentarse, elaborar un memorando de entendimiento para futuras negociaciones que aborde todos los temas clave que hay que tratar. Una apertura total del estrecho para que el mundo pueda volver a la normalidad”.
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Pero los acontecimientos de los últimos días han demostrado hasta qué punto los sucesos en la región pueden escaparse al control de Trump. El martes por la noche, cuando hizo una pausa en el “Proyecto Libertad”, Trump dijo que las dos partes estaban cerca de un acuerdo. Se basaba en un memorando de una página dirigido a la República Islámica que pretendía reabrir el estrecho pero retrasar unas negociaciones mucho más complicadas, y más tarde exigió a Irán que entregara una respuesta a su oferta diplomática el viernes.
El jueves por la noche, Estados Unidos informó que buques de la Armada que navegaban por el estrecho fueron atacados con drones y misiles iraníes, lo que provocó nuevos ataques estadounidenses contra plataformas de lanzamiento en territorio iraní. El viernes, cazas F/A-18 Super Hornet de la Armada estadounidense atacaron e inutilizaron dos buques mercantes con bandera iraní —tras haber alcanzado otro buque el jueves— como parte del bloqueo diseñado para presionar a Teherán a ceder y reabrir el estrecho.
Aunque lo que está en juego esta vez es más importante, el enfoque de Trump tiene paralelismos con otros conflictos que ha intentado resolver, según exfuncionarios estadounidenses y críticos.
Un riesgo ahora es que el equipo de Trump -que se enfrenta a la presión sobre los precios de la gasolina en EE.UU. antes de las elecciones de mitad de mandato- persiga un acuerdo similar al de Gaza. Aquel obtuvo aplausos por poner fin a una guerra entre Israel y Hamás, pero aplazó cuestiones difíciles, como el desarme del grupo militante, que aún no se ha resuelto siete meses después.
“El presidente Trump no cumple”, dijo Aslı Aydıntaşbaş, experto en Medio Oriente de la Brookings Institution. “Su política exterior ha sido al revés: declarar la victoria y esperar que todo se resuelva. Pero en la mayoría de los lugares no ha sido así”.
El enviado especial de Trump, Steve Witkoff, y su yerno, Jared Kushner, consiguieron una tregua en Gaza, pero fueron desplegados rápidamente en otros lugares mientras el progreso en Gaza se estancaba. Los dos hombres fueron enviados finalmente a mantener conversaciones con Irán, que terminaron con una campaña de bombardeos sorpresa de EE.UU. junto a Israel.
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Como resultado, los dirigentes iraníes desconfían de las conversaciones con Estados Unidos y han dado pocas muestras de ceder en el programa nuclear iraní o de aceptar una moratoria en el enriquecimiento de uranio, ambas exigencias principales de Estados Unidos.
De hecho, han redoblado sus esfuerzos para controlar el estrecho de Ormuz: cobran peajes e insisten ante las Naciones Unidas en que tienen derecho sobre el canal que baña su costa, a diferencia de los lejanos Estados Unidos. El miércoles, Teherán presentó nuevos protocolos para los barcos que transitan por el estrecho.
Los partidarios de la guerra de Trump señalan a la diezmada armada y fuerza aérea de Irán como evidencia de que el conflicto ha debilitado al enemigo geopolítico de Washington. Sin embargo, la actual propuesta diplomática de EE. UU. omite prioridades anteriores, como los misiles de Irán y el apoyo a grupos delegados (proxies), y prioriza el estrecho —el cual funcionaba normalmente antes de la guerra.
“Irán ha establecido un asfixiante control sobre la economía mundial”, dijo Michael Carpenter, antiguo funcionario de la Casa Blanca en la administración Biden, ahora en el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos. “Estados Unidos se esfuerza ahora solo por restablecer el statu quo ante reabriendo el estrecho”.
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