Bloomberg — Dentro del equipo comercial del presidente Donald Trump, están surgiendo dos conclusiones preocupantes: China está incumpliendo su acuerdo comercial y Estados Unidos no va a hacer mucho al respecto.
Reabrir el acceso a minerales esenciales y tierras raras —fundamentales para las empresas estadounidenses que fabrican una amplia gama de productos, incluidos automóviles y aviones de combate— era un objetivo central del pacto que Trump alcanzó con el presidente chino, Xi Jinping, el año pasado en Corea del Sur.
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Sin embargo, en reuniones y comunicaciones descritas por personas que han solicitado el anonimato para detallar las discusiones internas, miembros del personal de la Casa Blanca y de la Oficina del Representante Comercial de EE.UU. reconocen que Pekín, sencillamente, no está cumpliendo con la interpretación que la Administración Trump hace del acuerdo.
Además, según estas personas, un código de silencio se ha apoderado del equipo comercial desde la cumbre de Busan.
Aunque abundan las quejas y la frustración internas entre los funcionarios de Trump, quienes conocen la situación describen una cultura del silencio en la que el Gobierno de EE.UU. se muestra reacio a reprender públicamente a China y a arriesgarse a que ambos países vuelvan a sumirse en una guerra comercial.
Algunos funcionarios creen que Trump se muestra especialmente reacio a manifestar cualquier objeción que pudiera poner en peligro sus planes de recibir a Xi en una visita de Estado en septiembre. También existe la preocupación de que una respuesta firme pueda llevar al líder chino a intensificar las represalias de tal forma que se sacudan los mercados antes de las elecciones de mitad de legislatura de noviembre o que se corte por completo el acceso a minerales críticos.
China rechaza cualquier insinuación de que esté haciendo trampa, afirmando que sus controles a la exportación de tierras raras cumplen con las normas internacionales, y ha acusado a EE.UU. de violar la tregua al imponer restricciones a las empresas chinas.
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Al ser consultado al respecto, un funcionario estadounidense afirmó que la Administración supervisa constantemente el acuerdo y que el cumplimiento por parte de China es mejor en algunos aspectos que en otros. El funcionario, que pidió permanecer en el anonimato para poder expresarse con libertad sobre el tema, señaló que cualquier problema de cumplimiento se plantea ante los funcionarios chinos y se está resolviendo. El funcionario también indicó que se prevén medidas próximas en relación con las normas de Pekín sobre la cadena de suministro, y desestimó las fuentes de esta noticia por considerarlas desinformadas.
No obstante, EE.UU. no denunció de forma proactiva dichas regulaciones cuando el Ministerio de Comercio de China las anunció en abril. Los decretos prometen sanciones para los países y las empresas que intenten desviar las cadenas de suministro o emprendan otras medidas de reducción de riesgos. Tampoco condenó EE.UU. públicamente la medida de China de imponer restricciones comerciales a docenas de empresas estadounidenses a finales del mes pasado.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, y Jamieson Greer, que dirige la oficina de comercio, han mantenido media docena de reuniones con representantes chinos a lo largo de un año con el fin de resolver el abastecimiento de insumos cruciales para las empresas estadounidenses, pero solo han recibido respuestas negativas.
Las empresas privadas están poniendo en marcha sus propias iniciativas diplomáticas para hacer frente a los cuellos de botella.
El gigante californiano de la ingeniería, Applied Materials Inc., envió ejecutivos directamente a Pekín en las últimas semanas para preguntar por qué no se están suministrando los materiales vitales para sus procesos de fabricación. Coherent Corp., fabricante de transceptores ópticos, un componente crucial para los centros de datos, envió a su director ejecutivo, Jim Anderson, con Trump durante una visita a China a principios de este año. La empresa está defendiendo la reanudación de los envíos.
Applied Materials y Coherent se negaron a hacer comentarios.
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El Consejo Empresarial Estados Unidos-China afirmó en su encuesta a miembros del mes pasado que el acceso a las tierras raras procedentes de China “sigue siendo desigual debido a los desafíos operativos, incluidos los largos y poco transparentes procesos de concesión de licencias, las demoras y la coordinación cada vez más compleja con los proveedores”. Añadió que algunas tierras raras siguen siendo “prácticamente inalcanzables”.
Algunas fuentes dentro de la Administración Trump afirman que la cumbre de septiembre ofrecerá una oportunidad para corregir lo que se perciben como injusticias; según una persona familiarizada con el asunto, un funcionario de la Oficina del Representante Comercial de EE.UU. (USTR) señaló en una reunión interna que la situación de las tierras raras sería el tema principal de la cumbre.
Y Estados Unidos no se ha mostrado del todo reacio a causar revuelo.
En junio, el Pentágono actualizó una lista de entidades que, según cree, ayudan al ejército de Pekín, incluyendo empresas como Alibaba Group Holding Ltd., la compañía de inteligencia artificial Baidu Inc. y el fabricante de automóviles BYD Co., todas las cuales se han opuesto a esta designación. Esta medida impedirá que el Pentágono adjudique contratos a estas empresas y probablemente disuadirá a otras agencias federales y corporaciones estadounidenses de hacer negocios con ellas. La administración Trump también anunció varias acciones de la Comisión Federal de Comunicaciones dirigidas a empresas chinas.
Sin embargo, a otros funcionarios estadounidenses les preocupa que China esté poniendo a prueba hasta dónde puede llegar antes de provocar una respuesta de Estados Unidos, y que pueda interpretar meses de inacción como una licencia para presionar a Washington a fin de obtener concesiones aún mayores.
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Una de las principales preocupaciones es que los negociadores estadounidenses aún no han logrado convencer a los funcionarios chinos de que plasmen por escrito ningún compromiso concreto sobre el acceso a materias primas críticas, lo que deja los compromisos abiertos a interpretación. Esto permite a China afirmar que está cumpliendo los términos, incluso mientras viola su espíritu.
“Ambas partes deben poner en práctica los importantes acuerdos alcanzados entre los dos jefes de Estado e impulsar una mayor estabilidad en la cooperación económica y comercial bilateral y en la economía mundial”, declaró Liu Chang, portavoz de la Embajada de China en Washington. “China está dispuesta a colaborar con Estados Unidos para implementar dichos acuerdos y ampliar continuamente la cooperación, trabajando en pro de la igualdad, el respeto y el beneficio mutuo”.
Aunque las exportaciones de equipamiento militar quedaron explícitamente excluidas del acuerdo de Busan, los contratistas y subcontratistas del sector de la defensa también están notando las consecuencias. Durante una reunión celebrada recientemente en el Pentágono, se informó a los responsables militares de que los principales contratistas, y sus socios subcontratistas, estaban teniendo dificultades para entregar a tiempo plataformas de defensa plenamente operativas, debido a que los imanes no se están suministrando desde China a un ritmo razonable.
En términos más generales, a los responsables les preocupa que los chinos interpreten el relativo silencio de EE.UU. ante las provocaciones como una señal de que Trump carece de la voluntad o la capacidad de atención necesarias para una disputa comercial prolongada, sobre todo teniendo en cuenta que la guerra con Irán ha provocado un aumento de los precios de la energía.
Desde que se alcanzó el acuerdo de Busan, Trump ha restado importancia en gran medida, en sus declaraciones públicas, a las tensiones comerciales residuales con China, elogiando en cambio a Xi y haciendo alarde de lo que el presidente de EE.UU. describe como una estrecha relación personal.
A principios de este mes, Trump se maravilló de que “todos quisieran ver” a Xi durante su próxima visita a Washington. Días después, durante una cumbre de la OTAN en Ankara, Trump afirmó ser un “gran admirador” del líder chino. Y esta semana, Trump publicó en redes sociales una serie de fotos en las que aparece junto a Xi.
Mientras tanto, Bessent y Greer han ofrecido repetidas concesiones en sus conversaciones directas con los chinos, solo para encontrarse con que sus homólogos no están dispuestos a plasmar por escrito los términos del acuerdo de Busan.
“Nos desarmamos en esa tregua”, dijo Wendy Cutler, vicepresidenta sénior del Instituto de Políticas de la Asia Society. “Y ahora nuestras opciones de acción están muy limitadas”.

Disponer de influencia será fundamental de cara a la cumbre de Washington.
Se espera que China proponga prorrogar la tregua comercial hasta el final del mandato de Trump, según afirmaron fuentes familiarizadas con las deliberaciones. Estas fuentes creen que la intención de Pekín es aprovechar un momento en el que Trump se encuentra políticamente vulnerable y distraído para forzar un acuerdo que, en esencia, paralizaría la formulación de políticas estadounidenses hacia China.
Por supuesto, Trump ha demostrado en repetidas ocasiones su disposición a romper acuerdos si considera que las condiciones son injustas o si tiene la oportunidad de renegociarlos en su beneficio. Y el presidente de EE.UU. sí que planteó su objeción a las amenazas de China contra las empresas estadounidenses cuando se reunió con Xi en mayo, según una persona familiarizada con el asunto.
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También hay una lógica en mantener la distensión. El equipo de Trump se ha centrado en establecer cadenas de suministro de minerales críticos fuera de China, pero es poco probable que esos esfuerzos den resultados hasta dentro de varios años. Es posible que Estados Unidos vea una ventaja en posponer las conversaciones difíciles hasta que haya dejado de estar bajo el yugo del monopolio chino de minerales críticos.
Sin embargo, los observadores externos se muestran escépticos.
“No está claro por qué el presidente Trump quiere seguir reuniéndose con Xi Jinping”, dijo Derek Scissors, experto en China del American Enterprise Institute. “Cada reunión crea una mayor distancia entre la postura inicial del presidente Trump respecto a China y su posición actual”.
Con la colaboración de Joe Deaux, Maggie Eastland y Dina Bass.
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