Apuesten a que Brasil recuperará la gloria en la Copa del Mundo de 2026

PUBLICIDAD
O Brasil é o cabeça-de-chave do Grupo C na Copa do Mundo de 2026 e terá adversários como Marrocos e Escócia (Foto: FIFA)
Por Juan Pablo Spinetto
20 de enero, 2026 | 07:04 AM

Este año promete todavía más agitación, pero no hay que desesperarse: 2026 traerá también la Copa del Mundo, el mejor placebo posible para los dolores de la vida cotidiana.

El regreso del mayor evento deportivo del mundo al hemisferio occidental tras 12 años tiene a la región en ebullición. El fútbol volverá a ser escenario de sueños, rivalidades y dramatismo, en un momento en el que Latinoamérica se enfrentará a algunos de los mayores retos geopolíticos desde hace generaciones.

PUBLICIDAD

México, que coorganiza el evento junto con EE.UU. y Canadá, tratará de romper su maldición y llegar a las fases decisivas. La vigente campeona, Argentina, quiere revalidar su título. Colombia (13.ª en la clasificación mundial de la FIFA) y Ecuador (23.ª) se presentan con sus equipos más fuertes en décadas. Incluso Paraguay (39.ª) podría dar la sorpresa.

Sin embargo, si tuviera que elegir un ganador hoy, a cinco meses del inicio del 11 de junio, apostaría por Brasil, el pentacampeón y equipo nacional más exitoso en la historia de la Copa del Mundo.

Tras una larga racha de decepciones desde su último título en 2002, incluida la traumática derrota en la Copa del Mundo celebrada en su país en 2014, Brasil por fin parece estar listo para perseguir su tan ansiado hexa, como los brasileños llaman a esa escurridiza sexta estrella. No se enfaden, fanáticos del fútbol no brasileños; solo escúchenme.

PUBLICIDAD

Brasil se embarca en lo que será la mayor, y más lucrativa, Copa del Mundo jamás celebrada, con 104 partidos en 16 estadios de tres países y unos precios de entradas exorbitantes, con el respaldo de su habitual derroche de talento.

Basta con echar un vistazo a casi cualquier club de élite europeo para encontrar a un jugador brasileño destacado: Gabriel Magalhães en el Arsenal, Raphinha en el Barcelona, Estêvão en el Chelsea y muchos otros. También ha aumentado el talento en casa, con equipos brasileños ganando las últimas siete ediciones de la Copa Libertadores.

Añádase el intenso calor del verano del hemisferio norte, condiciones a las que los jugadores brasileños están mucho más acostumbrados, y la celebración del torneo en el mismo país donde ya ganaron la Copa del Mundo de 1994. (Por no mencionar su otro triunfo en Norteamérica, la emblemática edición de México 1970). Todo ello juega claramente a favor de Brasil.

No obstante, el mayor impulso se produjo en mayo con la llegada de Carlo Ancelotti como seleccionador, el primer extranjero en dirigir la Seleção. Después de un período turbulento marcado por tres entrenadores en poco más de 2 años y escándalos recurrentes en la federación de fútbol, Ancelotti ha traído calma, autoridad y experiencia.

PUBLICIDAD

El técnico italiano está entre los más laureados en la historia del fútbol de clubes y sabe cómo jugar partidos eliminatorios mejor que casi nadie, ya que ha ganado cinco veces la Liga de Campeones como entrenador. Esa clase de liderazgo estable y tranquilo es justo lo que le faltaba a Brasil. También tiene una larga experiencia en sacar lo mejor de las estrellas brasileñas, desde Kaká hasta Vinícius Jr.

Hay más. Brasil consiguió un grupo favorable, enfrentándose a Marruecos, Escocia y Haití, una configuración que debería permitirle liderar cómodamente la primera ronda.

Si Neymar, el máximo goleador histórico de Brasil y aún su mayor estrella en activo, logra controlar sus recurrentes lesiones y problemas físicos, podría ser un jugador clave incluso a sus 34 años. Y para los supersticiosos, circula esa extraña numerología que sugiere que 2026 está destinado a ser el año de Brasil.

En conjunto, las posibilidades de Brasil parecen mucho mayores que el 9% que sugieren los mercados de predicciones o el modesto 5,6% que arrojan las simulaciones de supercomputadora de Opta. No ser el claro favorito podría, de hecho, ayudar a un equipo ya agobiado por las expectativas de más de 200 millones de aficionados.

Por increíble que parezca, tras 24 años sin un título, aproximadamente un tercio de la población brasileña nunca ha visto a su otrora invencible equipo levantar un Mundial. Ya es hora.

Copa del Mundo 2026

Como argentino, no me resulta fácil admitir nada de esto.

Daría lo que no tengo por ver a Lionel Messi, el mejor de la historia en este deporte, levantar una segunda Copa del Mundo después de aquella inolvidable final en Catar en 2022. Pero, probabilísticamente, es casi imposible. Ningún país ha ganado títulos consecutivos en más de 60 años; el último fue el Brasil de Pelé en 1962, cuando solo participaron 16 países.

Argentina también podría pagar un precio por no haber completado la transición de su triunfante selección de 2022. Y la expansión a 48 equipos solo complica la vida a cualquier aspirante.

Los Mundiales son, sobre todo, partidos arriesgados, que se deciden por márgenes mínimos: un disparo roza el poste y entra en lugar de salir; una atajada milagrosa del portero ; una mala decisión arbitral amplificada por un sistema de VAR irregular.

Quien levante el trofeo en 2026 habrá sobrevivido a cinco eliminatorias consecutivas, una hazaña extraordinaria en el fútbol moderno.

Aun así, la esperanza es lo último a lo que uno renuncia. Mi cabeza dice Brasil. Mi corazón aún sabe a quién pertenece. Que decidan los dioses del Mundial.

Esta nota no refleja necesariamente la opinión del consejo editorial de Bloomberg LP y sus propietarios.

Lea más en Bloomberg.com

PUBLICIDAD