Enfrentado a una escasez sin precedentes, el mercado del petróleo está utilizando todos los recursos disponibles para reequilibrar la oferta y la demanda.
Ciertas medidas son bien conocidas: eludir el estrecho de Ormuz mediante oleoductos, liberar reservas de emergencia y permitir que los elevados precios frenen el consumo. No obstante, hay otra fuerza que es igual de importante y de la que apenas se habla: China.
Discretamente, Pekín ha recortado sus importaciones de petróleo en aproximadamente una cuarta parte desde los niveles previos a la guerra. El impacto es notable: de forma imprevista, hay más crudo disponible en el mercado en general, lo que ha frenado los precios de referencia del petróleo cercanos al nivel clave de los US$100 por barril, aun después de más de 60 días de conflicto en el Golfo Pérsico.
No obstante, los mecanismos que subyacen a este cambio en las importaciones, cruciales para evaluar su sostenibilidad, distan mucho de estar claros.

Descifrar al enorme sector energético chino resulta complicado, aun cuando la incertidumbre de la guerra no esté oscureciendo todavía más el panorama.
Los operadores petroleros suplen las lagunas que dejan las estadísticas oficiales, a menudo incompletas, haciendo un seguimiento de los buques petroleros que descargan y cargan en el país, calculando las reservas mediante imágenes de satélite y recabando información de sus propios contactos sobre el terreno.
A lo largo de las últimas semanas, los ejecutivos del sector han observado algo inusual: las petroleras estatales de China han estado revendiendo parte de sus cargamentos de petróleo a sus competidores de Europa y Asia. Este comportamiento sugeriría un exceso de oferta, algo curioso en un contexto de escasez.
Este giro no solo ha limitado los precios de referencia del petróleo, sino que además ha propiciado una caída de las primas que los operadores pagan por encima de estos precios para asegurarse el crudo físico.
Los barriles que a inicios de abril se cotizaban US$30 por encima de los precios de referencia ahora se están vendiendo con primas de tan solo US$1. Incluso han empezado a surgir rumores sobre descuentos.
Los datos de seguimiento de buques cisterna arrojan la misma señal anómala de superávit.
Vortexa, una empresa de inteligencia de materias primas, estima que China está comprando solo 8,2 millones de barriles diarios de crudo en el extranjero, una cifra inferior al nivel anterior a la guerra, que rondaba los 11,7 millones.
Esta variación de 3,5 millones de barriles diarios casi iguala el consumo total de Japón y duplica la cantidad suministrada por el oleoducto de los EAU que rodea el estrecho de Ormuz.
En pocas palabras, es un factor enorme, quizás el segundo o tercer factor más importante que reequilibra el mercado petrolero actual, solo por detrás del oleoducto de Arabia Saudita que evita el estrecho y el uso de las reservas estratégicas de petróleo de EE.UU. y Japón.
La caída de las importaciones tendría sentido si los inventarios comerciales chinos estuvieran disminuyendo drásticamente o si Pekín hubiera recurrido a sus reservas estratégicas de petróleo. Pero ninguna de las dos cosas está ocurriendo. En cambio, según datos satelitales, las reservas comerciales han seguido aumentando en las últimas semanas.
Pekín prohibió las exportaciones de productos refinados, lo que permitió a las refinerías procesar menos crudo para satisfacer la demanda interna. Sin embargo, esta política se ha revertido, lo que sugiere que el país considera que cuenta con suficiente disponibilidad de combustible.

¿Cómo es posible que China importe mucho menos crudo que antes sin agotar sus reservas?
En el pasado, el país claramente compraba más petróleo del que necesitaba, creando una enorme reserva de emergencia. Hoy, China cuenta con casi 1.400 millones de barriles en sus reservas, muy por encima de los 400 millones de EE.UU. y los 260 millones de Japón.
En promedio, China probablemente compró un millón de barriles diarios más de los que necesitaba el año pasado. Simplemente dejando de incrementar las reservas, China puede reducir considerablemente las importaciones sin afectar sus necesidades subyacentes de petróleo.
Dicho cambio podría explicar, quizás, un tercio de la reducción de las importaciones. ¿Pero el resto? Aquí es donde los operadores de petróleo especulan con diferentes teorías.
Un argumento sostiene que la actividad económica china es más débil de lo que se creía, y por lo tanto, el crecimiento del consumo de petróleo es menor.
¿Cuál es el catalizador de esta desaceleración? Quizás el impacto de la guerra en varios de los países clientes de China en la región, como Filipinas, Vietnam y Tailandia. Además, el aumento de los VE, la mejora del transporte público y la posibilidad de trabajar desde casa han permitido que los hogares chinos puedan afrontar mejor los precios más altos del petróleo.
A diferencia de otros países de la región, China no ha anunciado ninguna medida de emergencia para frenar la demanda, como la adopción de una semana laboral de cuatro días para los empleados públicos o la promoción del uso compartido de vehículos.
La Agencia Internacional de Energía (AIE), basándose en datos preliminares, estima que la demanda de petróleo en China experimentó una modesta contracción interanual tanto en marzo como en abril, con un descenso de unos 110.000 barriles diarios, hasta situarse en torno a los 17 millones de barriles.
Aunque esta caída es notable en comparación con el crecimiento vertiginoso del consumo del país en el pasado, no basta para explicar la drástica disminución de las importaciones.
¿Quizás, entonces, la demanda china de petróleo se está contrayendo mucho más bruscamente de lo que se piensa actualmente?
La clave, según ciertos operadores, reside en la enigmática industria petroquímica, el sector que ha contribuido a la mayor parte del crecimiento del consumo de petróleo en los últimos cinco años. En el sector petroquímico, China es única. Además de su industria tradicional que utiliza petróleo y gas natural como materia prima,cuenta con una producción paralela que depende del carbón.

Desde que comenzó la guerra a finales de febrero, los márgenes de beneficio de la conversión de carbón en productos químicos han mejorado notablemente. El sector solía operar con abundante capacidad ociosa, por lo que existe margen para una importante transición del petróleo al carbón como materia prima química.
Los datos concretos son escasos, pero, según se comenta, las plantas petroquímicas que transforman el carbón en plásticos como polietileno, polipropileno y cloruro de polivinilo han estado operando a pleno rendimiento durante los últimos 60 días, reduciendo así el consumo de materias primas tradicionales como el etano y la nafta.
Por lo tanto, es posible que China haya logrado depender mucho más de la conversión de carbón en productos químicos de lo que se pensaba.
Otra posible explicación es que está reduciendo sus inventarios, difíciles de rastrear, de plásticos semielaborados y otros productos químicos, lo que convierte la reciente caída del consumo de petróleo en la industria petroquímica en un hecho aislado e insostenible.
Quizás existan explicaciones más sencillas.
Si bien los operadores de petróleo intentan estimar los datos de inventarios chinos mediante datos satelitales, es posible que falten ubicaciones y que, de hecho, las existencias estén disminuyendo.
El mercado petrolero está plagado de rumores sobre la explotación discreta de las reservas estratégicas chinas, comenzando por el uso de cavernas subterráneas invisibles para los satélites. Tal vez. Los desfases temporales también podrían influir; la producción nacional de petróleo china ha aumentado, lo que podría ayudar a compensar cualquier déficit.
Pero no nos engañemos, China está reequilibrando el mercado petrolero hoy.
La pregunta clave es para mañana: si el país puede reducir las importaciones de forma tan drástica sin, aparentemente, tener que tomar medidas extremas, ¿qué implica esto para el futuro del consumo de petróleo en China? Desde luego, nada positivo para los optimistas.
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