Bloomberg — El presidente Donald Trump restó importancia a la necesidad de aumentar aún más la presión sobre el gobierno cubano después de que Estados Unidos acusara al expresidente del país, Raúl Castro, de asesinato.
La medida intensificó bruscamente el enfrentamiento con La Habana, mientras la administración de Trump busca forzar un cambio en el liderazgo comunista del país, que ha controlado la isla durante casi siete décadas. Pero Trump dijo el miércoles que no veía ninguna razón para tomar medidas más agresivas contra el gobierno cubano.
“No, no habrá escalada”, dijo Trump a los periodistas. “No creo que tenga que haberla. Miren, el lugar se está desmoronando. Es un desastre y como que han perdido el control. Realmente han perdido el control de Cuba”.
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La medida de acusar a Castro suscitó especulaciones de que era el preludio de una acción militar estadounidense destinada a derrocar a los dirigentes del país. A principios de este año, las fuerzas estadounidenses apresaron al venezolano Nicolás Maduro, que había sido acusado anteriormente, durante una audaz redada en Caracas. Castro dimitió formalmente como líder de Cuba en 2021.
Sin embargo, las acusaciones se produjeron mientras la administración Trump aprieta su mordaza económica sobre Cuba. Un bloqueo estadounidense de facto ha cortado los envíos de combustible, y el gobierno del país ha informado que se ha quedado sin diésel y fuel oil para sus plantas eléctricas, empeorando los apagones que han paralizado servicios críticos en la isla.
“Ya veremos”, dijo Trump cuando se le preguntó cuánto tiempo se mantendría el embargo. “Lo anunciaremos muy pronto”.
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