Qué le falta a Pomelo para ser unicornio: el detrás de escena de su nuevo negocio mundial

Mientras el mercado calcula cuándo su valuación llegará a los US$1.000, su CEO explica cómo acaba de “entrar a jugar el mundial” al convertirse en una compañía global con grandes competidores internacionales. El plan para ser un unicornio, más como consecuencia que como objetivo

Fundadores de Pomelo
Por Florencia Lendoiro

Buenos Aires — Hace poco más de cinco años, Pomelo era una startup argentina que buscaba modernizar la infraestructura con la que bancos y fintech emiten tarjetas en América Latina. Hoy trabaja con unos 170 clientes -del tamaño de Santander, BBVA, Bancolombia, Western Union, Rappi y Binance-; acaba de lanzar un producto para operar en más de 150 países y espera crecer más de 80% este año, después de haber duplicado su facturación en 2024 y 2025.

Después de la última ronda de inversión, en la que levantó US$55 millones, la valuación de Pomelo aumentó 70%, según Gastón Irigoyen, CEO y cofundador de la empresa. Con esos números, la llegada a los US$1.000 millones que la hará entrar en el club de unicornios, aparece más cerca.

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La clave está en los pasos que está dando la firma, que actúa como socio de Visa (V)y Matercard (MA), en su expansión a escala internacional. “Ahora sí salimos a jugar un mundial”, dijo en una entrevista con Bloomberg Línea.

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“Cuando estás construyendo una compañía, lo más importante es crear una empresa estructuralmente sólida. La valuación termina siendo un reflejo de qué tan buena es esa compañía y también de las condiciones del mercado. Sabemos que si seguimos construyendo una buena empresa a nivel regional y ahora también global, eventualmente vamos a estar ahí”, dijo.

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En ese camino, también admitió: “No tenemos pensando cotizar en bolsa a corto o mediano plazo, estamos muy enfocados en seguir creciendo como empresa privada. Tampoco buscando activamente una nueva ronda de inversión. No es algo que nos ocupe ahora”, aseguró. La empresa lleva recaudados US$160 millones.

La expansión global sí es hoy el desafío central del modelo de Pomelo. La compañía acaba de presentar una tarjeta global, una solución que permitirá a sus clientes emitir plásticos en más de 150 mercados, un salto que nació por la demanda de sus propios clientes y la tendencia regional de que los gastos ‘en dólares’ dejaron de ser exclusivamente para usuarios de alto poder adquisitivo.

CEO y cofundador de Pomelo

Hasta ahora, la empresa operaba en ocho países de América Latina. Con este lanzamiento empieza a competir en otra liga. “Es como ir a jugar un Mundial”, ilustró Irigoyen al describir el desafío de enfrentar a los mayores proveedores globales de infraestructura financiera. La diferencia, dice, es que no salen a buscar clientes desde cero: fueron empresas que ya trabajan con Pomelo en la región las que empezaron a pedirles acompañamiento para expandirse a otros mercados.

La nueva solución permite emitir tarjetas denominadas en dólares o stablecoins, además de las tradicionales en moneda local. Para la empresa, así responde a una tendencia que ya excede a la Argentina y que empieza a consolidarse en distintos mercados.

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“No es un fenómeno argentino. Lo vemos en Brasil, México, Colombia, África y Asia. Así como hoy cualquier persona tiene una cuenta en moneda local, cada vez más usuarios quieren tener también una cuenta y una tarjeta en dólares o dólares digitales”, explicó.

La repercusión fue casi inmediata. A pocos días del lanzamiento, Pomelo ya había iniciado conversaciones con compañías de Estados Unidos, Europa y otros mercados que buscan utilizar esa infraestructura fuera de América Latina. El interés confirmó que había una demanda que la empresa deducía.

Más que tarjetas de crédito

Aunque la tarjeta global concentra hoy la atención, Irigoyen ya habla del siguiente paso. Cree que la próxima ola de crecimiento estará vinculada al crédito, pero no al modelo tradicional. Uno de los productos que más interés despierta son las líneas de crédito colateralizadas, respaldadas por activos como criptomonedas, acciones, vehículos o inmuebles, según la regulación de cada mercado.

La lógica es sencilla. Si un usuario posee un activo, puede utilizarlo como garantía para acceder a una línea de crédito. Si deja de pagar, ese activo funciona como respaldo para cancelar la deuda.

Por caso, así funciona ya la tarjeta de crédito que Lemon lanzó este año, que permite acceder a pesos dejando Bitcoins en garantía. Por ejemplo, si se deja 0,01 BTC se habilita un límite de gasto cercano a ese valor, cerca de ARS$1.000 .000.

Para Irigoyen, el modelo permite ampliar el acceso al financiamiento y, al mismo tiempo, reducir el riesgo de mora para quienes ofrecen el crédito, un problema que hoy crece en la Argentina.

Nuevos actores del sistema financiero

El otro cambio que observa la compañía tiene relación con los actores que empiezan a competir dentro del sistema financiero.

Cada vez son más las empresas de sectores como energía, retail, logística, delivery o aerolíneas que buscan incorporar cuentas, tarjetas y soluciones de crédito dentro de su propuesta de valor.

Hoy representan alrededor del 15% de la base de clientes de Pomelo, aunque la empresa espera que ese porcentaje crezca a medida que avance la digitalización de los pagos.

“Los ganadores de cada industria están poniendo un pie en los servicios financieros”, sostuvo Irigoyen. Casos como YPF (YPF), Personal Pay, Rappi o PedidosYa muestran que las compañías con grandes bases de usuarios o importantes flujos de dinero encuentran cada vez más atractivo sumar productos financieros para fidelizar clientes y abrir nuevas fuentes de ingresos.

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En paralelo, la compañía continuará reforzando su operación regional. Parte de los US$55 millones levantados en la última ronda se destinaron al desarrollo de la tarjeta global, pero también a ampliar el equipo. Durante el primer semestre incorporó unas 30 personas y prevé contratar otra cantidad similar antes de fin de año, principalmente en Argentina.

Mientras el mercado sigue esperando al nuevo unicornio argentino, Pomelo avanza sin pausa.

El objetivo ya no es solamente consolidarse como un proveedor regional de infraestructura para tarjetas. La apuesta es convertirse en una plataforma financiera global, capaz de operar sobre distintos rieles de pago —desde tarjetas hasta transferencias inmediatas y stablecoins— y acompañar a sus clientes allí donde decidan crecer.

Si ese plan se cumple, creen en la compañía, la valuación de los US$1.000 llegará como consecuencia y no como objetivo.

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