Sin bonos, Berenberg desafía el 60/40 en los portafolios y sube apuesta por el oro y bitcoin

La estrategia sustituye el tradicional equilibrio acciones y bonos por una asignación centrada en activos reales, con fuerte exposición a oro y bitcoin.

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Trays of 100 gram gold bars at the Polish mint, also known as Mennica Polska SA, in Warsaw, Poland, on Thursday, Feb. 12, 2026. Poland’s central bank, the world’s biggest reported buyer of gold, is boosting purchases by another 150 tons as it braces for more of the geopolitical instability that has driven prices to record highs. Photographer: Damian Lemanski/Bloomberg

Bloomberg Línea — La firma alemana Berenberg plantea una ruptura con la construcción tradicional de carteras al eliminar por completo la renta fija y elevar el peso de los activos reales en respuesta a un entorno dominado por inflación persistente, tensiones geopolíticas y cambios estructurales en el ciclo económico.

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La propuesta se articula como una asignación estratégica, no táctica, en la que el equilibrio ya no se busca entre acciones y bonos, sino entre activos de riesgo y activos reales. En ese marco, los estrategas describen una cartera con un 45% en oro, metales preciosos y bitcoin (XBTUSD), un 20% en materias primas y un 35% en renta variable.

Jonathan Stubbs, estratega jefe, señala que la firma gestiona su marco de asignación de forma estructural y sostiene que han mantenido una preferencia constante por el oro desde 2020, al considerar que “es una cobertura mucho mejor y más apropiada que los bonos”.

Antes de este cambio, la lógica dominante asumía que la deuda pública ofrecía protección en fases de estrés. Esa relación se ha debilitado en un contexto de deuda soberana elevada, presión sobre las divisas fiduciarias y tipos de interés altos durante más tiempo, escenario en el que Berenberg mantiene “exposición cero” a bonos.

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Trader

Oro, bitcoin y activos reales como eje central

El núcleo de la estrategia se concentra en lo que la firma denomina “gold plus”, un bloque que alcanza el 45% de la cartera e incluye oro, plata, otros metales preciosos y bitcoin. La ponderación refleja una preferencia por activos escasos en un entorno donde los analistas identifican riesgos asociados a la depreciación monetaria y a la represión financiera.

La estrategia se apoya en tres pilares macro definidos por la firma: disrupción geopolítica, dominancia fiscal y un entorno de inflación más persistente. En ese contexto, el posicionamiento se alinea con lo que describen como “hard power, hard assets, hard money”, en referencia al protagonismo de los recursos, la energía y los activos tangibles.

El escenario incorpora además el impacto de la rivalidad entre Estados Unidos y China y un proceso de desglobalización, factores que refuerzan la demanda estructural de activos reales.

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Las causas que prolongan el ciclo

El 20% asignado a materias primas responde a la expectativa de que el superciclo de commodities se extienda. Los estrategas vinculan esta dinámica a la reindustrialización, el aumento del gasto fiscal, la transición energética y la creciente necesidad de infraestructuras.

En este contexto, destacan metales de transición como cobre, níquel y cobalto, asociados tanto al desarrollo industrial como a la digitalización y la electrificación de la economía global. La exposición a estos activos se ha incrementado a lo largo de 2026.

El análisis incorpora, además, un entorno macro descrito como “suave y plano”, con riesgo de estanflación derivado de presiones de demanda y disrupciones de oferta, aunque sin asumir una recesión como escenario base.

Lingotes de oro de un kilogramo en la fundición ABC Refinery, operada por Pallion, en Sídney, Australia.

Renta variable: sesgo internacional y sectores defensivos

El 35% restante de la cartera se destina a renta variable, con un sesgo hacia mercados internacionales frente a Estados Unidos. Esta preferencia se sustenta en la expectativa de debilidad del dólar y en un proceso de reequilibrio global de los flujos de inversión.

Dentro de la bolsa, la firma prioriza sectores con capacidad de resistencia en distintos escenarios, como utilities y telecomunicaciones, además de áreas vinculadas a inteligencia artificial, pagos digitales y sectores asociados al poder industrial.

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Los estrategas reconocen que, tras el reciente repunte de los mercados, consideran que las acciones resultan difíciles de perseguir en el corto plazo, aunque mantienen su papel dentro de la asignación estructural.

El marco se completa con un conjunto de riesgos definidos como los “seis P”: política, políticas públicas, precios, beneficios, personas y pandemia, junto a eventos extremos potenciales relacionados con deuda soberana, alimentos o colapso de divisas, variables que continúan condicionando la evolución de los mercados.

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