Bloomberg — Tras recibir a Donald Trump y Vladimir Putin en el lapso de una semana, Xi Jinping podría estar ya pensando en el próximo gran paso en su agenda diplomática: una visita a Corea del Norte.
Según informó la agencia de noticias Yonhap el jueves, este viaje, que podría tener lugar la próxima semana o a principios de junio, sería su primer viaje al extranjero este año y su primera visita a Pyongyang en siete años.
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La trascendencia de la visita iría mucho más allá de su relación bilateral. Tras cumbres consecutivas con el principal adversario de Corea del Norte y su aliado en tiempos de guerra, una visita a Pyongyang permitiría a Xi presentar a China como una de las pocas potencias aún capaces de dialogar con todas las partes en un mundo cada vez más fragmentado.
“En un mundo convulsionado por la imprevisibilidad de Trump, Xi presenta a Pekín como un actor clave en la gestión de la multipolaridad”, afirmó Brian Wong, profesor adjunto de la Universidad de Hong Kong. “El mensaje subyacente es claro: China dialogará con todas las partes, absorberá la presión desde múltiples frentes y mantendrá abiertas sus opciones estratégicas”.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Guo Jiakun, dijo que no tenía información que compartir en respuesta a una pregunta sobre el supuesto plan de Xi de visitar Corea del Norte durante una rueda de prensa habitual el jueves.
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La influencia de Pekín quedó patente la semana pasada, cuando Xi Jinping extendió la alfombra roja a Trump y Putin en rápida sucesión. Esta puesta en escena diplomática puso de manifiesto la insistencia de Pekín en gestionar sus relaciones con ambas potencias según sus propios términos.
Tras dos días de conversaciones, Xi consiguió que Trump respaldara su propuesta de marco de “estabilidad estratégica constructiva”, una nueva fórmula para gestionar la competencia entre grandes potencias y garantizar que Pekín no se vea sorprendida por medidas repentinas de Estados Unidos en materia de aranceles, sanciones o controles tecnológicos.
Con Putin, Xi Jinping elogió las relaciones bilaterales, calificándolas como las de “más alto nivel en la historia”, y mostró su habitual unidad al criticar a Estados Unidos. Sin embargo, no llegó a concederle a Rusia el avance que tanto anhelaba: un nuevo gasoducto que duplicaría con creces sus exportaciones actuales a China.
“China ha acumulado una gran influencia. Realmente puede dictar las condiciones; no necesita ningún acuerdo a cualquier precio”, afirmó Alexander Gabuev, director del Centro Carnegie para Rusia y Eurasia.

Un viaje a Pyongyang y una reunión con Kim Jong Un recordarían tanto a Trump como a Putin la influencia que Pekín ejerce sobre el régimen de Kim. Pero esa influencia tiene límites: a pesar de años de presión china, Corea del Norte no ha hecho más que acelerar su programa nuclear y estrechar sus lazos militares con Rusia desde su invasión de Ucrania.
La división es más marcada en la cuestión nuclear. Un comunicado de la Casa Blanca afirmaba que Trump y Xi habían “confirmado su objetivo común de desnuclearizar Corea del Norte”, un lenguaje que no figuraba en el informe de Pekín sobre sus conversaciones.
Cuando Kim visitó a Xi en Pekín en el marco de un desfile militar el pasado septiembre, los comunicados oficiales tampoco mencionaron la desnuclearización. Esta discrepancia con las declaraciones de cumbres anteriores alimentó las especulaciones de que Pekín había aceptado tácitamente a Corea del Norte como potencia nuclear de facto.
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A pesar de su gran influencia estratégica, Pekín se ha abstenido hasta ahora de utilizarla para desempeñar un papel decisivo en el fin de las guerras en Oriente Medio o Ucrania. En el caso de Irán, desde los ataques estadounidenses e israelíes a finales de febrero, Pekín ha buscado equilibrar sus lazos estratégicos con Teherán con sus vastos intereses económicos en el Golfo, recibiendo al ministro de Asuntos Exteriores iraní pocos días antes de la llegada de Trump.
No obstante, Xi Jinping sigue gozando de una constante demanda a nivel mundial. Desde enero, ha recibido a más de una docena de líderes mundiales de Asia, Europa y Norteamérica. En comparación con años anteriores, el porcentaje de visitas de líderes occidentales es el más alto desde que asumió el poder en 2012, según un recuento de Bloomberg News.

Y con la pompa y el boato de cada visita, Pekín está reforzando su imagen como centro de la política mundial.
“La avalancha de visitas y viajes refuerza la percepción de que Pekín y Xi Jinping son muy activos y tienen un papel central en los asuntos mundiales”, afirmó Ja Ian Chong, profesor asociado de ciencias políticas en la Universidad Nacional de Singapur.
“Existe un marcado contraste con la volatilidad y la imprevisibilidad asociadas a Estados Unidos bajo la administración Trump, lo que puede hacer que Pekín parezca, por defecto, más atractivo”.
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