Bloomberg — El gobierno de Estados Unidos impuso sanciones contra varios de los principales dirigentes de Cuba y su aparato de inteligencia. Washington intensifica así su ofensiva para poner fin a casi siete décadas de régimen comunista.
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El Departamento del Tesoro sancionó a la ministra de Justicia, Rosabel Gamón Verde; al ministro de Energía, Vicente de la O Levy; a la ministra de Comunicaciones, Mayra Arevich Marín; y a Esteban Lazo, presidente de la Asamblea Nacional. También se incluyó a la lista negra de EE.UU. a la Dirección de Inteligencia, al jefe de esa agencia, a tres generales de alto rango y a un alto funcionario del comité central.
Este mes Trump presentó un programa más amplio que permite a Washington perseguir a ciudadanos y entidades extranjeras que hagan negocios con funcionarios y entidades cubanas sancionadas. Bajo esa amenaza, la minera canadiense Sherritt International informó que desmantelará sus empresas conjuntas con compañías estatales del país.
El presidente de EE.UU. y su secretario de Estado, Marco Rubio, buscan asfixiar la economía de la isla, especialmente mediante un bloqueo energético de facto que ha paralizado muchas industrias. La semana pasada, Cuba anunció que se quedó sin fuel oil y diésel necesarios para mantener operativas muchas de sus antiguas centrales eléctricas.
Washington y La Habana mantienen conversaciones, y el director de la Agencia Central de Inteligencia, John Ratcliffe, visitó la isla la semana pasada. Sin embargo, esas discusiones han producido pocos resultados, y Trump y sus aliados han planteado la idea de tomar la isla por la fuerza.
Durante el fin de semana, Axios informó que funcionarios estadounidenses estaban preocupados por la acumulación de drones armados en Cuba, a solo 90 millas de la costa de Florida. Sin negar específicamente la acusación sobre los drones, funcionarios cubanos desestimaron el reporte y lo calificaron como un intento de EE.UU. de preparar el terreno para una intervención militar.
El presidente Miguel Díaz-Canel dijo antes este lunes que “Cuba no representa una amenaza, ni tiene planes o intenciones agresivas contra ningún país” pero advirtió que cualquier ataque contra la isla “provocará un baño de sangre de consecuencias incalculables” y desestabilizaría la región.
“Cuba, que ya sufre una agresión multidimensional de EE.UU, sí tiene el derecho absoluto y legítimo a defenderse de una arremetida bélica, lo que no puede esgrimirse lógica ni honestamente como excusa para imponer una guerra contra el noble pueblo cubano”, escribió Díaz-Canel en una publicación en X.
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