A todos nos ha pasado alguna vez estar en reuniones que “podrían haberse resuelto con un correo electrónico”, así que, ¿por qué no celebrar un juicio con jurado que podría haberse resuelto con una pregunta de IA?
“¿Puede Elon Musk demandar a OpenAI por incumplimiento de contrato?”, nos habríamos preguntado antes del circo judicial de tres semanas que tuvo lugar en un tribunal federal del centro de Oakland, California. “No”, habría sido la respuesta. “Ya es demasiado tarde”.
Así fue el decepcionante veredicto del jurado respecto a la demanda presentada por Musk contra Sam Altman, OpenAI y Microsoft Corp. por convertir OpenAI de una organización sin ánimo de lucro en una compañía destinada a obtener beneficios, o “robar una organización benéfica”, como lo expresó Musk más de una docena de veces durante su comparecencia.
El jurado necesitó unas dos horas para dictaminar por unanimidad que el plazo de prescripción de los reclamos de Musk había expirado. El juez estuvo de acuerdo, y ahí terminó todo. (Los abogados de Musk prometieron que apelarán, pero no especificaron qué argumentos esgrimirán).
Al comienzo del juicio, yo sugerí que pedirle a un jurado de Oakland que eligiera entre Musk y Altman equivalía a pedirle que se decidiera entre una bofetada o un rodillazo en la ingle. Con bastante astucia, los miembros del jurado optaron por evitar ambas cosas. Aunque ellos dejaron pasar la oportunidad de emitir un veredicto sobre la integridad de Altman al crear OpenAI, es posible que Wall Street todavía lo haga.
Si existe algo valioso que se pueda extraer de este juicio, es la sombra cada vez más oscura que se cierne sobre la idoneidad de Altman como responsable de una de las compañías más importantes del mundo.
Fue especialmente revelador observar, a lo largo de las tres semanas, cuántos de los primeros aliados de Altman parecen desear ahora tener poco que ver con él.
Sí, Altman y OpenAI ganaron el caso.
Independientemente de la posibilidad de que se presente un recurso, parece que la decisión ha alejado la amenaza inmediata de que OpenAI, en su forma actual, fuera desmantelada, frustrando lo que se prevé que sea una de las salidas a bolsa más lucrativas de la historia.
Se trata de una buena noticia para Altman y también para los mercados: quién sabe qué tipo de efecto dominó inmediato se habría generado si uno de los mayores inversores previstos en potencia informática para IA se hubiera enfrentado a su desaparición.
No obstante, como ya señalé cuando este juicio estaba en marcha, Musk sería un vencedor parcial incluso en la derrota, debido a la distracción y el daño a la reputación causados a OpenAI a medida que los laboratorios de inteligencia artificial, incluida la propia empresa de Musk, se dirigen a los mercados públicos.
¿Se presentó a Musk ante el tribunal como una persona poco fiable, hipócrita e intimidatoria? ¿Dio la impresión de ser descarado y argumentativo en el estrado? Pues claro. ¡Noticia de portada! Los inversionistas saben lo que pueden esperar de Musk. En cuanto a Altman, todavía están tratando de entenderlo.
Cinco testigos subieron al estrado para poner en duda la honestidad de Altman, señaló el abogado de Musk, Steven Molo, en su alegato final. “Personas que han trabajado con él lo han tildado de mentiroso bajo juramento; esa es una palabra muy contundente”.
El jurado escuchó fragmentos de un memorándum de 52 páginas escrito por el cofundador y antiguo amigo íntimo Ilya Sutskever dirigido a la junta directiva de OpenAI, en el que describía a Altman como alguien que mostraba “un patrón constante de mentiras, que socavaba a sus ejecutivos y los enfrentaba entre sí”.
Mira Murati, antigua directora de tecnología de OpenAI, le dijo a Altman en un memorándum que su liderazgo “genera caos y agitación”.
El actual presidente de OpenAI, Greg Brockman, no salió mucho mejor parado: sus diarios personales revelan una intensa obsesión por aumentar su patrimonio neto cuando OpenAI se presentaba como la empresa de IA que desarrollaba tecnología para el bien de la humanidad.
“¿Qué me llevará a los US$1.000 millones?”, escribió Brockman en 2017. (Actualmente, su participación en OpenAI vale casi US$30.000 millones, según se escuchó en el juicio).
OpenAI quedó aún más en evidencia como una empresa bastante desorganizada.
“En mi opinión, era un auténtico caos”, afirmó Satya Nadella, CEO de Microsoft, al recordar los días que rodearon la dramática destitución de Altman en 2023, cuando Microsoft se vio obligada a apresurarse a tranquilizar a sus propios inversionistas asegurándoles que su estrategia de IA no se estaba desmoronando.
A lo largo del juicio, Microsoft intentó desmarcarse prácticamente de toda la historia de los orígenes de OpenAI. En la actualidad, Microsoft está haciendo todo lo posible por desvincular su propio destino del de OpenAI, renegociando una relación que se ha deteriorado entre ambas empresas.
Jamás sabremos si el jurado se dejó convencer por Altman cuando dijo: “Creo que soy una persona sincera”. Pero es posible que Wall Street tenga en cuenta esto si la empresa decide salir a bolsa. Quizá los inversionistas prefieran un entorno más tranquilo.
Mientras se desarrollaba este juicio, Anthropic, empresa rival dedicada a la inteligencia artificial y candidata a salir a bolsa, se afanaba en cerrar una ronda de financiación de US$30.000 millones que la valoraba en US$900.000 millones, superando así a OpenAI.
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