Bloomberg Línea — Las grandes tecnológicas mantienen un fuerte ritmo de inversión para ampliar su capacidad de inteligencia artificial, pero ese esfuerzo empieza a abrir un nuevo debate entre los inversores. Más allá del crecimiento de los ingresos que promete esta tecnología, el mercado trata de determinar cuándo llegarán los retornos de unas inversiones que ya alcanzan decenas de miles de millones de dólares.
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Jan Frederik Slijkerman, estratega sénior del sector de Tecnología, Medios y Telecomunicaciones (TMT) de ING, sostiene que ven “un futuro positivo para los grandes proveedores tecnológicos, ya que la adopción de servicios basados en IA continúa aumentando”, aunque advierte de que la incertidumbre sobre los beneficios futuros explica buena parte de la volatilidad que han mostrado recientemente las cotizaciones.
Esa cautela ya se refleja en el comportamiento bursátil. Durante el primer semestre de 2026, Microsoft (MSFT) perdió un 20% en bolsa y Oracle (ORCL) retrocedió un 27%, mientras Alphabet (GOOGL) avanzó un 14%. Para ING, el foco del mercado ha dejado de estar únicamente en el crecimiento de la demanda de IA la y se ha desplazado hacia la capacidad de esas inversiones para sostener el beneficio por acción (EPS) y las valoraciones actuales.
“Si bien creemos que el mercado tecnológico en general puede soportar una fuerte inversión en nueva infraestructura de centros de datos de IA, es probable que el crecimiento de las ganancias por acción se ralentice, lo que influirá en las valoraciones de las acciones”, agregó Frederik.

El mercado mira más allá del crecimiento de la IA
El informe sostiene que la demanda de infraestructura para inteligencia artificial sigue superando a la oferta. Microsoft destinó US$65.000 millones a infraestructura de nube e IA en su ejercicio fiscal 2025 y ya registra ingresos anualizados de US$37.000 millones procedentes de servicios de IA, una señal de que existe demanda suficiente para justificar ese despliegue de capital.
Además, la mayoría de las grandes compañías puede financiar ese gasto con su propio flujo de caja operativo, lo que reduce la necesidad de recurrir a un mayor endeudamiento y mantiene unos balances que, según ING, continúan siendo sólidos.
Sin embargo, ese incremento del gasto tiene consecuencias para los accionistas. A medida que aumenta la inversión, el flujo de caja libre se reduce y limita la capacidad de mantener los elevados programas de recompra de acciones que durante los últimos años impulsaron el crecimiento del beneficio por acción. Alphabet, por ejemplo, redujo un 9,5% su número de acciones en circulación entre el cierre de 2020 y el de 2025 gracias a estas recompras, reforzando así la evolución del EPS.
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Slijkerman explica que “sin el respaldo de las recompras de acciones, los inversores podrían estar menos dispuestos a pagar múltiplos de 40 veces beneficios en el futuro”. Eso desplaza la atención hacia otro factor: si el crecimiento de los ingresos derivados de la IA será suficiente para compensar el aumento de los costos.
“El mercado se encuentra en un proceso de determinación de precios, evaluando cómo valorar la rentabilidad futura de las inversiones relacionadas con la IA”, dijo el analista.
Depreciación, márgenes y riesgos desiguales
ING considera que uno de los elementos que el mercado seguirá vigilando será el efecto de la depreciación de las nuevas infraestructuras. Los centros de datos y, especialmente, el hardware utilizado para IA tiene ciclos de renovación más cortos que otros activos tradicionales, por lo que el aumento de las amortizaciones podría reducir los márgenes operativos si los ingresos tardan en crecer al mismo ritmo.

Alphabet ilustra ese desafío. Las estimaciones de consenso apuntan a que su inversión de capital equivaldrá al 44% de las ventas en el ejercicio fiscal 2026, mientras la depreciación representa un 14%. En Microsoft esas ratios alcanzan el 35% y el 14%, respectivamente, y en Amazon (AMZN) el 24% y el 13%.
El informe también distingue riesgos específicos entre las compañías más expuestas al auge de la IA. Oracle mantiene un programa de inversión especialmente agresivo ligado al proyecto Stargate y, según las previsiones recogidas por ING, su EBITDA menos inversiones de capital pasaría a terreno negativo, una situación diferente a la de Microsoft o Alphabet y que podría obligarla a buscar financiación adicional para preservar su calificación crediticia.
En Nvidia (NVDA), el principal interrogante pasa por la sostenibilidad de unos márgenes operativos que podrían superar el 60% en el ejercicio fiscal 2026. Aunque la demanda de sus semiconductores sigue siendo elevada, Microsoft, Alphabet y Amazon desarrollan chips propios para mejorar la eficiencia de sus inversiones en IA, un movimiento que podría aumentar la competencia y reducir el poder de fijación de precios del fabricante.
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En el caso de OpenAI y Anthropic, la incertidumbre gira en torno a la rentabilidad futura de un modelo basado en fuertes inversiones y elevado consumo de caja para consolidar posiciones en la inteligencia artificial generativa.
ING señala que “el valor a largo plazo de la IA sigue siendo incierto”, ya que el mercado continúa evaluando si los ingresos, los márgenes y el crecimiento del beneficio por acción terminarán justificando el volumen de capital destinado a construir la infraestructura que sostendrá esta nueva etapa tecnológica.













